Título original: Justice League Dark: Apokolips War.
Director: Matt Peters, Christina Sotta.
Reparto: Matt Ryan, Jerry O’Connell, Taissa Farmiga, Stuart Allan, Tony Todd, Ray Chase, Jason O’Mara, Rosario Dawson, Rainn Wilson, Rebecca Romijn, Camilla Ludington, Christopher Gorham, Shemar Moore, Hynden Walch, Liam McIntyre, John DiMaggio, Sachie Alessio, Roger R. Cross.
Guión: Mairghread Scott.
Música: Robert J. Kral.
Duración: 90 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 5 de mayo de 2020 (Estados Unidos, digital).
Mucho hemos hablado todos sobre los fallidos intentos de Warner de construir un universo cinematográfico para DC de la manera en la que Marvel ha construido el suyo bajo el paraguas de Disney, pero quizá poco se ha comentado el enorme trabajo de Warner Bros Animation para construir una continuidad basada en las versiones de los personajes de los Nuevos 52 desde que hace seis años estrenara Justice League. War (aquí, su crítica). Justice League Dark. Apokolips War es, quizá, la muestra perfecta de lo que ha supuesto este trabajo, una película irregular pero que a la vez tiene momentos brillantes y que brinda un cierre casi perfecto a este trabajo de seis años. El gran problema al que hace frente la película es que tiene la necesidad de explicar demasiado. El filme arranca con el asalto de la Liga de la Justicia a Apokolips para evitar que Darkseid invada la Tierra, y a partir de ahí encara un futuro alternativo y muy apocalíptico que emplea muchos minutos de la cinta en explicar dónde está cada personaje y cómo ha llegado hasta allí. Cuando la película es plenamente consciente de que ha colocado ya todas sus piezas es cuando todo crece una barbaridad, cuando los personajes se asoman a sus mejores versiones, cuando la acción es impresionante y cuando se ve de una manera clara el componente humano de cada uno de ellos.
Eso es es, en definitiva, lo que hace que el arquetipo del superhéroe triunfe, y es lo que mueve Justice League Dark. Apokolips War de una manera evidente. No importa tanto saber qué le pasó a cada personaje tras el intento de acabar con Darkseid, a pesar de que la película pone mucho énfasis en este aspecto de la historia y emplea muchos valiosos minutos en ello debido al enorme número de personajes que podemos considerar principales, sino que la épica y el drama se abren camino con más facilidad de la que el propio filme cree posible. ¿Un ejemplo? Wonder Woman. Sin desvelar su papel en la historia, su aparición es deslumbrante y es la demostración casi perfecta de que su presencia explica mucho más que una colección de diálogos o un flashback detallado. Hay más personajes que se benefician de esta forma de aparecer, otros como Raven sí necesitan algo más y se agradecen esas pausas para entender emocionalmente sus conflictos. Es verdad que eso ayuda a que haya desequilibrios en una película que tiene posiblemente menos acción de la que cabía suponer, focalizada sobre todo en el arranque y en el clímax final de la historia, largo este segundo como no podía ser de otra manera, pero se nota que el guión de Mairghread Scott quien cumplir y tratar bien a todos los personajes que se asoman a la pantalla, independientemente de su nivel de protagonismo absoluto en la película.
Constantine es el centro de todo. Como cualquier buen título de DC, es inevitable que la balanza caiga del lado del omnipresente Batman o incluso del aura de Superman, también Wonder Woman tiene el ya mencionado momento de gloria, pero Constantine es quien da sentido a que la película tenga en el título a la Liga de la Justicia Oscura. Puede saber a poco como continuación de la propia película del grupo (aquí, su crítica) o a la del propio Constantine (aquí, su crítica), porque seguramente había mucho más que explorar en este lado de este universo superheorico, pero su carácter encaja muy bien con el tono apocalíptico de la película y es la guía perfecta por este completo recorrido por la situación de prácticamente todos los personajes relevantes después del encuentro inicial con Dakrseid. Hablábamos del esfuerzo de Warner por crear esta continuidad, y ahí es obligado mencionar el trabajo de animación. Uno puede imaginar cómo habría resultado esto en caso de haber contado con un presupuesto mayor o haber pensado en el estreno en salas, pero la factura de estas películas es bastante buena considerando las posibilidades. Y el trabajo de diseño, a veces tan abierto a críticas por las reformulaciones de ciertos personajes, es también notable. Y llegados al final, es inevitable que se escape alguna lágrima. La despedida es casi redonda
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