Guion: Álvaro Ortiz.
Dibujo: Álvaro Ortiz.
Páginas: 184.
Precio: 18 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Junio 2020.
Conectemos más o menos como lectores con el humor de Álvaro Ortiz, vamos a admitir desde ya que hay un claro componente de genialidad en hacer una parodia de Batman vinculada al coronavirus. Justo eso es lo que ofrece El murciélago sale a por birras, una divertida tontada que se inventa el autor y en la que nuestro justiciero favorito tiene que hacer frente a la peor de las carestías por el cierre de los comercios, la del alcohol. Este pseudoBatman quiere una cerveza y hará todo lo necesario para conseguirla en esta especie de Gotham que tampoco se libra de su particular Gestapo de los balcones y de insensatas versiones de todos los personajes y homenajes a momentos de enorme carga emblemática de historias míticas como Año uno (aquí, su reseña) o El regreso del Caballero Oscuro (aquí, su reseña). Sí, estamos ante una muestra de eso que ya podemos denominar como tebeo del confinamiento, ideas espoleadas por la imposibilidad de salir de casa que seguramente tuvieron su génesis con cervezas cruzadas, aunque fuera por videoconferencia, y que pudimos ver primero por Internet, benditas redes sociales para cosas como esta, y que ahora tenemos recopilado en un libro que mantiene intacta la diversión y enfatiza todavía más el gamberrismo fan que no esconde ya desde su mismo planteamiento.
Ortiz reinventa el mundo de Batman tan a su antojo que es difícil no reírse con el Murciélago. Que el propio autor confiese desde los créditos que este es “un serial en viñetas hecho con amor y prisas” ya nos pone sobre la pista de que aquí no se guarda nada. Lo que suelta Ortiz es lo que se le pasa por la cabeza, sin demasiada reflexión sobre las consecuencias. Pero todos tranquilos, que el propósito no es cabrear a nadie, ni con las perversiones sexuales de Catwoman o Killer Croc, ni con el desnudo de este Brus Wein tan particular ni con la mala leche del Comisario Pérez, que está ahí siempre que el Murciélago está a punto de conseguir una cerveza con artes cuanto menos discutibles. No hay mejor clave en la parodia que conocer y respetar el material de referencia, y eso Ortiz lo hace. Imagina todo aquello que podría tergiversarse en la leyenda de Batman, y lo retuerce para que nos sintamos en un mundo cercano, casi como si fuera el nuestro, como si en lugar de Gotham este Murciélago estuviera caminando por las calles de Madrid, sin mascarilla, por supuesto, porque son caras. Y por este mundo desfilan casi todos los personajes que uno podría esperar en versiones delirantes y llenas de ironía. Es obvio que es un humor muy claro y particular, y que el éxito de El Murciélago sale a por birras depende de que el lector quiera entrar en ese juego.
Pero es que es un juego sencillo, tan sencillo como ese dibujo con prisas que nos cuenta Ortiz, que apuesta por hacer reconocibles todos los personajes, aunque en ese Killer Lagartijo por ejemplo haya que hacer un esfuerzo de imaginación importante, y que en el propio Murciélago a veces se queda en una simple línea que dé forma a su silueta. Se podría decir que eso denota la prisa por llegar a la publicación periódica, pero en realidad forma parte de la gracia de utilizar a este personaje como referencia. De hecho, esas prisas también añaden algo al conjunto, porque tiene una puesta en escena bastante imaginativa por momentos a pesar de haber salido adelante con poco tiempo y en unas circunstancias tan particulares como las de un confinamiento. El Murciélago sale a por birras es una excusa perfecta para el cachondeo, que funciona como parodia de un superhéroe pero también de la atípica situación que nos ha tocado vivir en este 2020 que todavía promete darnos más sorpresas. Ortiz se divierte y nos divierte, crea una complicidad muy agradable con el lector, con el que entra sin miedo en la cínica parodia que propone y con el que simplemente se asoma para ver qué gracias se le han ocurrido para hacernos reír en este periodo tan oscuro en tantos aspectos. Y es que hay que saber reírse de todo y en todo momento. Ortiz lo hace, y lo hace bien. Alabado sea por ello.
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