Guion: Alejandro Jodorowsky.
Dibujo: Jérémy.
Páginas: 56.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2020.
Las revisiones históricas desde un punto de vista de fantasía tienen algo atractivo, muchas veces difícil de explicar, y es lo que sucede con Los caballeros de Heliópolis. Partamos de la base de que contar en la portada de cada uno de los números de la serie con los nombres de Alejandro Jodorowsky y Jérémy es ya un reclamo complicado de ignorar. Si además se convierte en un preciso enfrentamiento entre Luis XVII y Napoleón que encuentra su base en este tercer número, Rubedo, la obra en rojo, en la dualidad sexual y de identidad, es fácil deducir que la constante pretensión de picar al lector se sigue consiguiendo a estas alturas, cuando ya solo falta una entrega para que finalice la historia. No se puede negar tampoco que las mismas inquietudes que hay en el relato lo llevan a extremos que pueden generar cierto asombro, y que el final abierto de este tercer episodio puede entrar muy fácilmente en esa categoría, o incluso que, puestos a volcarse en lo llamativo, la faceta histórica puede parecer simplificada en exceso, pero aún así hay un reto constante al lector en Los caballeros de Heliópolis para que entre de lleno en esta historia de exageraciones y conflictos imposibles. Lo que vemos, no obstante, es muy consecuente con lo que se nos ha prometido desde el principio, y eso es siempre un motivo de regocijo.
Jodorowsky sabe que esa es una de sus principales bazas, y por ello este sigue siendo un relato tremendamente intenso en todo, en el sexo, en la violencia y en la reescritura de la historia, que al final son los tres grandes pilares que sostienen Los caballeros de Heliópolis. No es fácil sentenciar que la serie esté siendo tan rompedora como seguramente busca su autor que lo sea, pero no cabe duda de que es atrevida, precisamente por el escenario histórico que necesita para moverse. El gran acierto de Jodorowsky es que incluso repitiendo esquemas no da la sensación de ser algo manido. Sus personajes son intensos, como el mismo relato. Sus escenarios son potentes, como la forma en que Jérémy los entiende, y saca adelante la propuesta porque, por encima de todo, sus personajes son pasionales, sobre todo Napoleón, que ya dijimos en las anteriores entregas que se ha convertido prácticamente en el verdadero protagonista de una historia en la que a priori estaba llamado a ocupar un rol más secundario. No es así, y esa transformación le ha sentado de maravilla a Los caballeros de Heliópolis, es lo que sustenta el potente clímax que tiene este tercer álbum, y también su maravilloso comienzo, que pone el relato en el terreno de la frustración de una manera brillante y, como decíamos, coherente con todo lo que hemos leído hasta aquí.
Jérémy, por su parte, sigue firmando un trabajo espléndido, en el que tanto le da representar la relación entre dos personajes, sea de amor, odio, recelo o directamente ira, como todos los elementos que le sirve a Jodorowsky para dar forma al relato, desde los más fantásticos hasta los escenarios más realistas, empezando por la catedral de Notre Dame. El de Jérémy es un festival visual en el que encuentra un acomodo maravilloso el trabajo de color de Felideus, sobre todo en el tercio final del álbum, en ese mencionado clímax entre llamas del que tanto partido sabe sacar el ilustrador. En realidad, de todas las escenas, casi sin excepción, de lo más palpable y de lo más onírico, de actores, animales y escenarios, absolutamente de todo. El dibujo de Jérémy es preciso y meticuloso, detallista allí donde lo necesita y con una puesta en escena notable. No es fácil distinguir entre álbumes, porque Los caballeros de Heliópolis es cada vez más claramente un todo divisible sobre todo por cuestiones editoriales, y por eso no vamos a caer en la pretensión de poner Rubedo, la obra en rojo en un ránking comparándola con sus dos predecesoras, pero sí podemos decir que este puede ser el episodio más intenso en muchos sentidos. Necesario como todos, eso sí, para un cuadro ambicioso y que hasta ahora no va nada mal.
Glénat publicó el tercer álbum de Les chevaliers d’Héliopolis, Rubedo, l’oeuvre au rouge, en febrero de 2019. No tiene contenido extra.
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