Título original: Superman III.
Director: Richard Lester.
Reparto: Christopher Reeve, Richard Pryor, Robert Vaughn, Annette O’Toole, Annie Ross, Pamela Stephenson, Jackie Cooper, Mark McClure, Gravan O’Herlihy, Margot Kidder.
Guión: David Newman, Leslie Newman.
Música: Ken Thorne.
Duración: 125 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 17 de junio de 1983 (Estados Unidos), 1 de agosto de 1983 (España).
Hay pocas películas de superhéroes que generen más debate que Superman III… y con razón. Richard Lester incluyo muchísimos elementos formidables, dignos del espíritu del magnífico Superman de Richard Donner (aquí, su crítica), pero también sucumbió a unos errores de concepto y una ingenuidad que no se puede pasar por alto, lo que hizo de su película un más que curioso batiburrillo que tiene encendidos críticos y acérrimos defensores. No quitaremos aquí razones a unos ni a otros, porque al fin y al cabo cine y cómic, como todas las artes narrativas y artísticas, están pensadas para estimularnos a cada uno de nosotros, pero sí podemos decir que la película es un conjunto de buenas ideas mezcladas con una rendición a elementos comerciales de la época y limitadas por la tecnología disponible entonces. ¿Es por eso Superman III una película adelantada a su tiempo? En algunos elementos podríamos decir claramente que sí, pero en otros se nota un tono cómico que casi parece más cercano al Batman de los años 60 (aquí, su crítica) que a la modernidad del género. Lo que también podemos dejar claro es que, si alguien tenía alguna duda a estas alturas del maravilloso trabajo de Christopher Reeve, aquí tiene todavía más elementos para valorarle por encima de su magnífica planta.
Ahí enlazamos con el gran acierto de la película. Superman contra Superman. Un perverso efecto de la kryptonita que nos retrotrae a los tiempos en los que en el cómic la dichosa piedra podía valer para casi todo, pero que en la película genera un glorioso enfrentamiento entre un Superman oscuro, borracho y pendenciero, con un Clark Kent que mantiene su imagen de buen chico. Cierto es que ese Superman oscuro es la mayor ingenuidad que tiene la película (lo peor que es capaz de hacer es tirar cacahuetes contra el cristal de un bar, ligarse a la mala, enderezar la torre de Pisa y provocar una fuga de petróleo), pero la trama funciona, y encaja además con su regreso a Smallville, donde aparece otro gran hallazgo de la película, Lana Lang. Sin ceñirse del todo al personaje del cómic, es quien debe de ser y es una pena que el encuentro con Lois Lane, aquí protagonista casi de un simple cameo, no tuviera mayor continuidad. El final de la película, con Superman luchando contra un gran ordenador, es lo más cerca que hemos estado en el cine hasta ahora de ver a Brainiac, y es una escena que de haberse rodado con los efectos especiales de los que gozamos ahora podría haber sido memorable. El tiempo se ha llevado buena parte de su espectacularidad y su efecto dramático, pero no su ingenio.
¿Los problemas de Superman III? El principal está en su mismo concepto, con la introducción de Richard Pryor para darle a la película un aire de comedia que, en realidad, no necesitaba y llega a cargar bastante. Pero, paradojas de la vida, eso mismo hace que la escena de los créditos inicial sea una maravillosa muestra de cómo hacer comedia, incluso de cómo introducir a Superman en una escena divertida, juguetona y muy bien coreografiada. Pryor es el añadido a una banda que no se distancia en nada de la que encabezaba Gene Hackman como Lex Luthor en el primer Superman. A David y Leslie Newman no les hizo falta devanarse los sesos para encontrar un rápido sustituto en la piel de Richard Vaughn, acompañado por su hermana y por la rubia despampanante de turno, una Pamnela Stephenson que no obstante tiene más gracia de lo que hacía indicar su arquetípico papel. Si nos fijamos, en casi todos los elementos de la película hay detalles muy bien ejecutados con otros que se antojan bastante pobres, y eso por eso que Superman III permanece todavía a estas alturas, casi tres décadas después de su estreno, como el más contradictorio filme de superhéroes que hayamos visto. Brainiac y Supergirl se quedaron en los borradores del guion, lo que da una idea de la ambición con la que se encaró el proyecto. Y quizá por eso y pese a todo queremos tanto a esta película.
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