Guion: Guillem March.
Dibujo: Guillem March.
Páginas: 100.
Precio: 23,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2020.
Hay algo gozoso en que hayamos llegado ya hasta el tercer volumen de un experimento tan original como Summer Muse, aunque tengamos que lamentar que, en palabras del autor, Guillem March, este pueda ser el último. Hay algo de magia que no se pierde con el paso de las páginas o de los libros en este particular ejercicio de voyeurismo que nos propone el mallorquín desde su tierra, concretamente desde las calas en las que se esconde esta fusión de dibujos, fotografías y desnudos que entran en nuestra mente de una manera cercana, abierta y tremendamente agradable. No está de más recordar que lo que nos propone March es un ejercicio artístico que parte del retrato fundamentalmente de mujeres, mujeres reales y a las que afortunadamente no les preocupa la dictadura de la moda y de la imagen, que hablan con soltura y amistad con el autor, que está ahí, junto a ellas, junto a nosotros, hablando como si estuviéramos delante pero solo como espectadores silentes, sin tomar parte en ese intercambio tan hermoso y sensual que se va gestando página a página. Hay, efectivamente, algo a celebrar cuando nos sentimos tan cercanos a las protagonistas por muchas más cosas que el desnudo, que aquí se celebra como algo tremendamente natural. Esa es la magia del verano, de las musas, de Summer Muse.
Tiene gracia que el diálogo casi metatextual que entabla March tenga incluso modelos procedentes del mundo el cómic, como Bonoreta y Carcayú, los autores de En pelotas (aquí, su reseña). O incluso que haya casi tanta fotografía como dibujo en este tercer volumen, en una interacción sobre las rocas, la arena y el agua. No vamos a descubrir a estas alturas el dibujo de March, siempre espléndido y más cuando se trata de reproducir la figura humana, pero la gracia está en este proyecto en la naturalidad del momento, en que importa mucho más el aquí y ahora que logra el dibujante en una sesión que el propio dibujo impreso en el libro. Libros de arte y de desnudos puede haber mucho, pero la combinación de elementos es lo que hace que Summer Muse sea tan especial como para que el lector tenga la sensación de conocer a las modelos de March, cosa que en algunos casos es cierto si se ha pasado por los dos volúmenes anteriores (aquí y aquí, sus reseñas). Si de verdad es una despedida, no podía ser mejor. La ración de belleza real, con marcas de bañador en el bronceado, con curvas que nada tienen que ver con el retoque digital impuesto por el mundo de la imagen y sobre todo con el desparpajo y la sinceridad de posados y diálogos hacen de Summer Muse algo muy apetecible, visto de manera individual en este caso o como obra en conjunto.
No tiene contenido extra.
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