Guión: Carlos Díaz Correia.
Dibujo: Francisco Maldonado.
Páginas: 28 cada uno.
Precio: 2,50 euros cada uno / 1 euro cada uno (digital).
Presentación: Grapa.
Publicación: Enero / Febrero 2020.
Cuando aparece un cómic que contiene la frase “soy demasiado viejo para esta mierda”, queda absolutamente claro el tipo de propuesta que nos está haciendo. En el caso de Buffalo Bill y el último dragón, además, se nota la pretensión de hacer algo así como The League of Extraordinary Gentlemen (aquí, su reseña), pero alejándose de una manera evidente de los planes elitistas y eruditos de Alan Moore y Kevin O’Neil y acercándose algo más a las pretensiones pasajeras de la película que hizo Stephen Norrington (aquí, su crítica). Y el título, además, nos lo deja claro. Pocos personajes habrá más populares por su nombre que Buffalo Bill, al menos entre las generaciones que todavía jugaban a indios y vaqueros y del que, en realidad, sepamos tan poco. Pero lo que todo el mundo sabe es que Buffalo Bill y un dragón no encajan históricamente. Carlos Díaz Correia y Francisco Maldonado nos hacen por tanto una invitación a pasárnoslo bien con unos cuantos personajes históricos y de ficción popular, reunidos para formar una expedición, o más bien dos, para encontrar y cazar a ese último dragón. Hasta la mitad de esta miniserie, la aventura funciona. Como demuestra la frase que mencionábamos, tira en ocasiones de tópicos, cosa que parece algo inevitable, pero consigue lo que se propone gracias al variopinto grupo de personajes que mueve.
No vamos a desvelar los componentes del grupo, aun estando en la portada de los cómics, porque algunos es mejor irlos descubriendo con el paso de las páginas, pero sí podemos decir que se nota que a Díaz Correia le han podido las ganas de incluir aquellos que le iban a permitir pasárselo bien escribiendo. Incluso se permite el lujo de colocar en la expedición a Nellie Bly, la pionera periodista de la que ya hizo un retrato bastante acertado en Diario de una viajera (aquí, su reseña). Puede resultar curioso que deje el título de la obra en manos de Buffalo Bill, que de alguna manera es el personaje al que deja en peor lugar, siempre dentro de una sana comedia, pero siendo el primero que aparece en la historia es probablemente la baza con la que juega para que el descubrimiento de los integrantes de este singular grupo se haga poco a poco. Y como la comedia de aventuras es el género en el que se mueve con absoluto descaro, la historia prácticamente fluye sola, con mucha naturalidad y ritmo, dentro de los espacios más lógicos y previsibles, sin que haya grandes sorpresas narrativas más allá de las decisiones que toman los personajes, y en particular el propio Buffalo Bill, coronado como líder de la expedición aunque su lógica sea a veces algo errática y lo que le mueve para aceptar esta aventura esté lejos del ideal de héroe que se podría tener de él.
Siendo la diversión el objetivo primordial de la serie, se abraza el dibujo de Maldonado con mucha más facilidad aún de la que propone la historia. El diseño de sus personajes es claro y su caricatura funciona bien, y si hay algo que funciona incluso mejor que la media son las escenas de grupo. La comedia visual la domina a la perfección, y la gestualidad de Buffalo Bill es la mejor muestra de ello, pero cuando junta a todos los personajes en una misma viñeta es cuando mejor desarrolla sus características individuales. El contraste está entre lo más divertido que tiene la obra, y como Díaz Correia traza muchas relaciones cruzadas entre los personajes, por básicas que puedan parecer, eso le da al ilustrador la oportunidad de sacar todo el partido posible a cada escena. Aunque los personajes destacan como lo mejor de Buffalo Bill y el último dragón, hay algunos escenarios que diseña Maldonado y que alcanzan un carisma bastante importante. Si es divertido ver cómo personajes establecidos cruzan sus andanzas dentro del cómic de superheróes o en las franquicias cinematográficas más conocidas, es obvio que una propuesta como esta no tiene por qué ser ajena a estas posibilidades. A falta de una conclusión acertada, lo que hasta ahora proponen Díaz Correia y Maldonado es tan entretenido como se puede suponer antes de empezar la lectura.
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