Guión: Haruko Ichikawa.
Dibujo: Haruko Ichikawa.
Páginas: 196.
Precio: 8,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Febrero 2020.
Cuando una serie está en marcha, es difícil saber hasta dónde nos va a llegar. Cuando se trata de una serie como La tierra de las gemas, esa duda es todavía más razonable. El ritmo de Haruko Ichikawa, pausado y lento, hace que sea francamente complicado saber más de lo que está por venir. Dicho de otra manera, La tierra de las gemas, en este segundo volumen, demuestra que de lo que se trata por encima de todo es de deleitarnos con el momento presente. La historia avanza poco, pero cuando lo hace aporta una intensidad bastante notable, y eso es lo que hace que la poesía visual que encierra el dibujo de Ichikawa sea la razón primordial por la que se disfruta también de esta segunda entrega. En este punto, además, se puede dar por rentabilizadas las pretensiones de estos capítulos por el avance que sí hay en la construcción de la mitología que sirve de base a la serie. No vamos a adelantar aquí de qué se trata, aunque está escrito en la sinopsis que hay en la contracubierta, porque l final merece mucho la pena ir disfrutando de la lectura tal y como nos es propuesta. Es probablemente la mejor manera de que la historia avance bien y el lector no tenga que preocuparse más que del presente. La historia ya avanzará más allá de lo que lo hace, pero la poesía visual que encierra es razón más que suficiente para seguir adelante.
Este planteamiento, es cierto, puede interpretarse como que La tierra de las gemas se sustenta de una manera más sobresaliente a través de su dibujo que de su guion, y hay que reconocer que es una idea bastante adecuada. Pero eso no quiere decir que no haya historia. Es, simplemente, cuestión de ritmo. Esta no es una historia que apueste por un motor dinámico, aunque haya escenas que puedan acelerar la lectura. Las hay, de hecho, bastante intensas en esta entrega, sobre todo una, pero también es cierto que dicha escena es la culminación de prácticamente dos de los siete capítulos que hay en el tomo. Le preocupa más a Ichikawa el desarrollo del universo que el de la propia historia, y así incluye algunas pinceladas que nos explican dónde estamos y, en buena medida, qué se quiere contar. Y eso también se agradece, porque aunque haya pausa en la forma en la que todo se desarrolla es igualmente necesario que haya avances. Teniendo esto claro, la lectura de La tierra de las gemas sigue siendo tan agradecida como lo era en su primer volumen (aquí, su reseña), y por tanto se mantiene como una más que interesante fantasía que tiene todavía un margen tremendo de crecimiento porque seguimos metidos de lleno en su fase más expositiva, con personajes que todavía pueden crecer y una trama central a la que aún le restan muchos pasos.
Lo importante, decíamos, está en el dibujo. Ichikawa coloca sus estilizadas figuras en un universo plasmado con brillantez y belleza en blanco y negro, pero al que tampoco cuesta imaginar a todo color, y no solo por las dos páginas en las que se nos recuerda a los personajes y que sí que están plasmadas en policromía, sino porque la imaginación está de su parte. La historia lo permite. Su mundo es visualmente tan rico y acepta tan bien los cambios de escenario que propone que es deleite sigue en un nivel muy alto. La narrativa de Ichikawa es, además, tremendamente sensible, preciosista incluso por momentos, y se adapta con fluidez casi sobrenatural al universo que nos está mostrando. Quizá en algunas viñetas pueda pecar de una excesiva sencillez, una que pueda llevar a pensar a algún lector que hay menos trabajo, pero si se mira con el detenimiento con el que está planteada cada secuencia podemos llegar a la conclusión de que es algo buscado, premeditado y muy estudiado para que todos los instantes transmitan las emociones precisas. La serie, cada vez está más claro, está pensada para una admiración calmada que para grandes emociones. Asumiendo esa regla, no hay nada que chirríe en el planteamiento de Ichikawa y en un universo que todavía tiene que darnos mucho más.
Kodansha publicó originalmente Houseki no Kuni en la revista Monthly Afternoon desde octubre de 2012 y el segundo volumen recopilatorio en enero de 2014. No tiene contenido extra.
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