Guión: Sam Kieth.
Dibujo: Sam Kieth.
Páginas: 128.
Precio: 16,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Enero 2020.
Cada vez que se publica de nuevo una obra de Sam Kieth con Batman como protagonista se pueden hacer valoraciones bastantes parecidas. Los suyos son unos cómics de un arriesgado estilo visual, de formas deformadas y extrañas, de ambientación oscura y de temática compleja y poco tratada en la mitología del Caballero Oscuro porque se salen de lo que es la norma habitual. ¿Qué sucede además en Scratch? Que la presencia de Batman es una mera trampa. No es un tebeo del personaje, y de hecho en Estados Unidos no se publicó con su nombre en la cubierta. Es lo primero que vemos en la historia, sí, y tiene un papel más o menos discutible en la parte final del relato, pero no, hay que dejar claro que esto no es un tebeo de Batman sino una historia de monstruos. Eso es algo que a Kieth le gusta mucho, y se nota a lo largo de su trayectoria. Monstruos, además, torturados, con una psicología interior y con vidas cambiadas por su tragedia. Scratch, no obstante, es un tebeo extraño, en el que parece que nada avanza del todo hasta que no aparece Batman al final del penúltimo número, uno con una atmósfera extraña, irreal, casi de pesadilla, con un protagonista adolescente que acaba convirtiéndose en un extraño hombre lobo y que busca su sitio en esos dos mundos, en el normal y en el de criaturas extrañas.
Porque, en el fondo, Scratch va de eso, de encontrar un lugar en el mundo. No es difícil ver la metáfora que hay entre el hombre lobo y el adolescente, y la lucha que entabla Zack, que así se llama el protagonista, para controlar a la criatura y poder seguir adelante. Lo que resulta extraño en esta miniserie es que Kieth está siempre lejos de encontrar un punto claro. La presencia de Batman, más que motivar, despista, porque acerca el relato a un entorno de superhéroes que no le corresponde y que, en realidad, no quiere. Por eso, el papel que Kieth destina a Batman es superfluo, intercambiable. No dice nada del personaje, simplemente coloca a una figura de autoridad al final para que su final tenga pesa. Pero no hay que dejarse llevar. Si no entendemos Scratch como un tebeo de Batman, sí podemos sacarle algo más de jugo. Kierth tiene una mirada siempre muy personal y particular, de eso no hay duda, pero hay una buena historia en la base de esta serie. Más que de monstruos, de inadaptados. Más que tener sus referentes en un cine de terror moderno, lo tiene en La parada de los monstruos de Tod Browning. En el odio de las reducidas multitudes, en la fascinación por una joven que le acoge, ahí es donde la historia de Zack cobra fuerza y relevancia, aunque el paso del tiempo en la historia no sea del todo claro.
En lo visual, Keith siempre será Kieth. Gustará más o menos, pero es evidente que el suyo es un estilo atrevido al que poco importa el realismo o incluso que los personajes sean exactamente los mismos de una viñeta a otra. En el caso de Batman, es obvio que no es el mismo que vimos en Secretos (aquí, su reseña) o Fantasmas (aquí, su reseña), quizá porque la historia le confiere un papel emocional muy distinto y aquí, de alguna manera, tiene que parecer algo más cercano que en aquellas obras. Al autor no le da miedo que su propia historia le plantee retos morfológicos, como los de dibujar a un imponente y corpulento hombre lobo con esmirriadas piernas de adolescente humano, saliendo airoso de un trance que, en muchos casos, podría haber provocado una comedia involuntaria. No es Scratch un tebeo fácil porque tiene muchos elementos que están pensados para hacer de algo único, sin referentes y sin miedos. Desde luego, no es un autor que busque el beneplácito de un público generalista y que espere leer una historia más de su personaje favorito, aunque aquí haya que insistir en que este tebeo tiene poco de Batman. Esa valentía como autor siempre contará con nuestro respaldo, aunque en ocasiones sus obras nos resulten complicadas de asimilar. Esta lo es, porque no termina de concretar del todo qué quiere contar, aunque su dibujo fascine.
El volumen incluye los cinco números de Scratch, publicados originalmente por DC Comics entre agosto y diciembre de 2004. El único contenido extra son las cubiertas originales de Sam Kieth.
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Kieth SIEMPRE es agradable de leer, sea bajo el guión que sea. Y aquí se le nota -obviamente- más desatado que de costumbre. Una delicia.
Te contamos entre los seguidores de Kieth sin dudarlo ;) Está claro que en el momento en el que se conecta con él, el disfrute está más que asegurado. ¡Gracias por comentar!