CÓMIC PARA TODOS

‘Los hombrecitos (1998-2000)’, de Pierre Seron

Editorial: Dolmen.

Guión: Pierre Seron.

Dibujo: Pierre Seron.

Páginas: 160.

Precio: 29,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Enero 2020.

Lo hemos dicho en anteriores ocasiones, si hay algo que distingue a Los hombrecitos de otras series, y más desde que Pierre Seron se dedicó a actuar como autor completo, es la diversidad de sus historias. Las tres que forman parte este libro, que recopila los trabajos realizados entre 1998 y 2000, es una muestra perfecta de esta continua metamorfosis, que en ocasiones se producía incluso dentro del mismo álbum, como se puede ver sobre todo en la juguetona y, si se quiere por ello, algo intrascendente Bingo. Pero aunque pueda parecer poca cosa, aunque no tenga las ambiciones narrativas de Duelos ni tampoco la temáticas de Nalgas de Arcilla Júnior, es ahí donde mejor se entiende la esencial original de Los hombrecitos, que no era en sus orígenes más que un divertido tebeo de aventuras de unos hombres diminutos en un mundo, el nuestro, de gigantes para ellos. Es notable, y así hay que decirlo, que tantos años después de que arrancara la serie, allá por 1967, se mantengan sus señas de identidad con tanta naturalidad. Si hay algo que hay que destacar continuamente en la obra de Seron es que sus historias siempre fueron fieles al concepto original, sin que eso le impidiera desplegar lo que realmente le apetecía hacer en cada momento, y que su dibujo tuvo siempre una frescura envidiable para cualquiera.

Lo más experimental de este volumen de Los hombrecitos está, efectivamente, en Duelos. Seron brinda un cómic dentro del cómic que le sirve no solo para establecer un divertido juego metatextual, uno que en realidad prolonga en casi todos sus álbumes con alguna referencia a colegas o series de colegas (tiene su gracia que los indios del segundo libro pronuncien la frase de “Casacas azules”, en referencia a la historieta de Raoul Cauvin y Willy Lambil), y que además le permite probar un estilo de dibujo ligeramente diferente para Renaud. En realidad, ese trazo distinto es la excusa de Seron para hacer una historia que se mueve a los dos lados de la página con una facilidad pasmosa, que nos invita a leer dos historias casi a la vez y que nos pone, más que nunca, en la piel de Renaud, que es el lector voluntario de ese cómic realizado por Fredo. Nalgas de Arcilla Júnior tiene otras inquietudes, es la plasmación en Los hombrecitos del enorme gusto que su autor tenía por el western. Western, por supuesto, pasado por el prisma de su propia serie, con un pequeño indio con poderes que arrastra a nuestros amigos de vuelta a Estados Unidos desde la Europa en la que estaba en un rocambolesco vuelo de avión… en el que solo falta la azafata Natacha para que se hubiera completado el juego metatextual antes mencionado.

Eso nos lleva a recordar que, poco a poco, Seron fue introduciendo algunos personajes femeninos en un mundo que, al principio, estaba poblado casi completamente por hombres. Cedilla es una de esas mujeres, y tiene un papel destacado en Bingo, donde prolonga la curiosa relación que tiene con Renaud. Lo que asombra de este tercer álbum es que tienen cabida locuras muy alejadas, desde un perrito que se encuentra Cedilla y que adopta como imposible mascota por su tamaño hasta dos portaviones jugando a la guerra sin demasiado sentido pero sí mucha diversión. Por eso decíamos que es aquí donde el espíritu de Los hombrecitos cobra un mayor sentido, porque es el álbum más cambiante y divertido de entre los tres que hay en el libro, el que tiene un tono más liviano y de entretenimiento puro, sin maldades ni dobleces, una que pasa del campo a la ciudad con mucha elegancia y que juega con el tamaño de los personajes como elemento central. En realidad, todos los álbumes de Los hombrecitos dejan cosas agradables para sus seguidores, y no olvidemos que estamos hablando ya de más de una treintena repartidos ya a lo largo de casi 35 años. Esa longevidad es la mejor carta de presentación del juguete de Seron, siempre capaz de hacernos reír y de tirar de su privilegiada imaginación para montar todo tipo de historias.

El volumen incluye material publicado originalmente entre los números 3.118 y 3.246 de Spirou, publicados originalmente entre enero de 1998 y abril de 2000. El contenido extra lo forman las portadas originales de Pierre Seron y varios artículos ilustrados sobre los tres álbumes que incluye el libro.

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Esta entrada fue publicada en 8 abril, 2020 por en Dolmen, Dupuis, Pierre Seron y etiquetada con , .

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