CÓMIC PARA TODOS

‘Kid Eternity’, de Grant Morrison y Duncan Fegredo

Editorial: ECC.

Guion: Grant Morrison.

Dibujo: Duncan Fegredo.

Páginas: 168.

Precio: 19,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Octubre 2019.

«¿Qué quieres decir con qué no lo entiendes?». Es irónico que esa frase sea la que Duncan Fegredo le da a Kid Eternity en una dedicatoria de la obra que se incluye en este volumen, porque al final parece que se trata de eso. De entenderlo o no entenderlo. Cómo le gusta ese juego a Grant Morrison, cómo ha disfrutado de él durante tantos años y sobre todo en historias del estilo de Kid Eternity, en las que se nota que ha tenido una libertad superlativa para hacer lo que le venga en gana, al igual que sucede con Fegredo, más allá de las indicaciones que le pueda haber dado el escritor. ¿Pero se entiende de verdad Kid Eternity? Claro que sí. Eso no resta complejidad a su propuesta, una historia sobre la vida y la muerte con la que se reconstruye a un personaje casi olvidado, porque tiene muchas capas y obliga a estar tan atentos como lo piden esos chistes con los que se abre cada uno de sus capítulos. Somos, efectivamente, los espectadores de una función, la que orquestan Morrison y Fegredo, y se trata de entrar en su juego, en el mundo de Kid Eternity, sin miedos y con ganas de dejarnos llevar. ¿Y funciona? Es una historia de casi veinte años de vida y se lee como si se hubiera escrito y dibujado ayer, con eso basta para saber que la permanencia de su valor es la mejor muestra de su calidad.

Sí, se puede entender, tampoco hay que dejarse llevar por los mitos sobre Morrison, pero también hay que decir que a veces cuesta. Es el juego de Morrison cuando hace superhéroes, con más motivo cuando se le deja suelto en universos menos férreamente vigilados como el de Kid Eternity. Esa misma complejidad es, no obstante, la que puede llevar a lectores menos pacientes a sacar la conclusión opuesta. Y ojo, es totalmente respetable, porque seguro que el propio Morrison estaría de acuerdo en que su obra, y más una tan onírica y alucinógena como esta, no está pensada para satisfacer a todo el mundo. Con esa paciencia no obstante, la misma que exige un humorista como el que nos da la bienvenida a esta historia hasta que comprendemos no solo su chiste sino su sentido del humor en conjunto, Kid Eternity es un viaje que se asoma a lo fascinante. Y lo es porque busca sin miedo a dar respuestas sobre la muerte desde una perspectiva que, sin alejarse de fórmulas que habremos visto en otras muchas historias de objetivos semejantes, adquiere una enorme personalidad. Cuando uno llega al final es cuando más merece la pena el viaje, porque la historia de Morrison es una que busca conclusiones, no solo sensaciones, y se puede decir sin miedo que las expectativas quedan bien cubiertas cuando da cierre a todo lo que ha planteado.

Como es una historia que entra de lleno en un tono tan onírico, es un evidente caramelo para un ilustrador, y Duncan Fegredo le saca muchísimo partido. La siempre marcadísima impronta de Morrison puede llevar a que no valoremos tanto la aportación del ilustrador de cualquiera de sus relatos, pero Fegredo hace un trabajo tan  intenso que resulta difícil no entrar en su juego y considerarlo como parte ineludible del éxito de Kid Eternity. Su composición de página es atrevida, siempre cambiante, como para dar la sensaciones de que estamos en un entorno de pesadilla, y eso ayuda muchísimo a que el lector se sienta de verdad dentro del viaje, como si se sentara en la montaña rusa que propone la obra y apenas tuviera barreras que frenen sus movimientos. Fregado acierta en todo, en la puesta en escena, en el retrato de los personajes y en su diseño, en la forma en la que afronta las escenas más movidas, en la expresividad de los personajes. Y el color que le da a sus páginas es magnífico, parte esencial de la experiencia. Porque Kid Eternity, al final, está pensado así, para que el lector la viva más que leerla, y no se puede decir que no consiga sus objeticos… si se entiende, claro está, que al final esa es la clave de todas y cada una de las obras de Morrison, al margen del indudable atractivo que tenga el acabado visual de sus tebeos.

El volumen incluye los tres números de Kid Eternity, publicados originalmente por Vertigo entre marzo y mayo de 1991. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Duncan Fegredo y un portafolio de bocetos e ilustraciones.

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Esta entrada fue publicada en 6 marzo, 2020 por en Duncan Fegredo, ECC, Grant Morrison, Vertigo y etiquetada con , , .

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