Título original: Terminator: Dark Fate.
Director: Tim Miller.
Reparto: Linda Hamilton, Arnold Schwarzenegger, Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Gabriel Luna, Diego Boneta, Tristán Ulloa, Alicia Borrachero.
Guión: David Goyer, Justin Rodhes, Billy Ray.
Música: Tom Holkenborg.
Duración: 128 minutos.
Distribuidora: 20th Century Fox.
Estreno: 1 de noviembre de 2019 (Estados Unidos), 31 de octubre de 2019 (España).
El camino de Terminator en el cine es, claramente, uno de los más erráticos hemos visto a lo largo de las últimas décadas. Son seis películas las que ya se han estrenado y no hay síntomas de cronología desde la tercera. A partir de ahí, cada una de las cintas estrenadas apostaba por un nuevo camino, incluso obviando parte de lo anterior. Destino oscuro es, en ese sentido, la más ambiciosa de las escuelas de Terminator tras Terminator 2, en su momento la película más cara de la historia y auténtico principio del James Cameron que se autoproclamó Rey del Mundo muy poco tiempo después. Esta sexta película, auspiciada precisamente por Cameron, prescinde por completo de las tres entregas inmediatamente anteriores y quiere ser arriesgada en algunos conceptos. A priori, buen camino. Y la verdad es que Tim Miller, su director, consigue interesar en algunos momentos de la trama por la novedad, pero da la sensación de quedarse a medio camino de muchas cosas, de no conseguir la profundidad que quiere en otras y de no llegar a la espectacularidad de Terminator 2 que tan descaradamente busca emular. Parece, y esto desde luego es una impresión muy personal, que juega a su favor el pobre recuerdo que la mayoría parece tener de las anteriores entregas, como si esto fuera una especie de regreso a una esencia pretendidamente perdida.
Lo cierto es que Terminator. Destino oscuro encuentra una línea temporal al menos diferente con su arriesgado movimiento inicial. No lo desvelaremos aquí para quien no haya visto la película, pero es lo que efectivamente marca el nuevo camino espiritual de la serie. No es el narrativo, ojo, porque ahí la impronta Cameron sigue siendo decisiva. Se trata de que un Terminator persiga a un objetivo, que haya un grupo reducido de héroes que le haga frente y que eso devenga en el mayor espectáculo posible en escala, espectáculo y pirotecnia. Héroes, decíamos, pero en realidad son heroínas. Sarah Connor siempre ha sido el ejemplo más claro, junto a la Ripley de Alien, que quien haya descubierto ahora a la mujer como heroína de acción se ha perdido unas cuantas películas, y lo que busca Destino Oscuro es hacer evolucionar a la auténtica protagonista de Terminator y, por otro lado, replicarlo para que Linda Hamiton tenga un relevo en el futuro. No sale mal parada la película en ninguna de esas dos vías, aunque la primera sea lo que de manera colateral desemboca en lo más discutible de la cinta, que no es otra cosa que el papel del mítico T-800, y lo segundo lo hayamos visto ya en docenas de ocasiones en la misma serie de Terminator y en incontables películas que beben, lo reconozcan o no, de la cinta original de Cameron.
¿Y la pirotecnia? Quizá es ahí donde podamos notar el cansancio de casi cualquier franquicia. Siempre se busca el siguiente paso, el más grande todavía, lo más moderno. Y quizá tenga que llegar un momento en el que nos demos cuenta de que esa forma de entretenimiento puntual no siempre deja la huella que busca. Al final, el nuevo Terminator, este que sabe desdoblar su exoesqueleto interior y su cubierta de metal líquido mlmetizable para así suponer una doble amenaza, eclipsa escenarios y escala. Y Gabriel Luna sigue la estela del T-1000 de Robert Patrick en Terminator 2, solo que con ese matiz inclusivo que la película quiere dar a mujeres y a latinos, sobre todo con el protagonismo de Natalia Reyes, nuevo objetivo de este Terminator en cuestión. Todos estos aspectos hablan de una película que puede estar demasiado planificada en sus objetivos y pretensiones a muchos niveles como para suponer el gran soplo de aire fresco en la serie que muchos parecen haber visto. Destino oscuro tiene algunos elementos en la buena dirección, desde luego, pero hay otros tan inverosímiles que rozan la comedia involuntaria, incluso aunque sean la base de esa pretendida evolución en la serie de Terminator. Y la acción está muy cerca también de lo repetitivo, dentro de esta misma cinta y el continuo juego de referencias que plantea. Entretiene, pero está lejos de enamorar.
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