Viendo lo interesantes que resultan siempre sus entrevistas, casi podríamos decir que es obligatorio hablar de vez en cuando con Víctor Santos. Polar, la película (aquí, su crítica), le ha colocado en una situación de privilegio importante, porque hay muy pocos autores españoles que puedan presumir de tener su obra adaptada al cine en Estados Unidos, pero en su terreno, en el cómic, ha sacado en poco tiempo Violent Love (aquí y aquí, sus reseñas), el cuarto tomo de Polar, La caída del Káiser (aquí, su reseña), Bad Girls y ya tiene a punto de caramelo su próximo título en Estados Unidos. Santos estuvo en el reciente Heroes Comic Con de Madrid y esa fue la oportunidad que escogimos para hablar con él de todos estos títulos y de muchas más cosas.
¿Qué sientes viendo un cómic tuyo como Polar llevado al cine? Además algo que empezó como webcómic, sin editorial, de un autor español…
Ya, es muy raro, parece la típica historia de superación americana que les mola tanto, de la pobreza al triunfo. Es curioso, porque lo he visto crecer en todas sus fases, de hecho he estado vinculado al proyecto durante casi cinco años a lo tonto. Compraron los derechos como en 2014. Lo has visto crecer, has visto los borradores de guion, la búsqueda de financiación… Luego te compran los derechos y se hace la película en un par de meses, y de pronto la tienes ahí. Por un lado es la enorme satisfacción de ver que han cogido un imaginario tuyo y lo ha reconvertido en una cosa completamente diferente y nueva y la ha abierto al mundo entero, porque la difusión de Netflix es enorme, y por otro la ves como la pérdida de control de tu propio trabajo, porque de pronto ya sabes que Madds Mikelsen es Black Káiser, Polar es una película de Netflix, y lo tuyo es una cosa que a lo mejor con suerte descubrirá un 1 por ciento de la gente que vea la película. Pierdes algo muy tuyo, un hijo que se te va de casa, él vive su vida feliz pero está por ahí en el extranjero. Para mí es mucha satisfacción, me siento muy afortunado porque incluso con todo el tiempo que tardó todo salió bien en el momento correcto y en el lugar correcto, y es algo muy raro a día de hoy.
Como narrador, no sé si ver la película es un ejercicio todavía más extraño, no sé si pensabas “esto no es así”, “eso sí es así” cuando lo estabas viendo…
Sí, sí (risas), sobre todo la primera vez, porque ves que utilizan recursos tuyos, o diálogos tuyos, y luego los recortan, es muy curioso. Yo creo que también te pasa como fan de un cómic que te gusta mucho, un Watchmen o un Sin City, ves cualquier película que han adaptado y en tu cabeza recuerdas partes del tebeo que te han gustado y te han marcado, y luego las ves en un contexto nuevo en la película. Al final es una sensación similar, aunque esto, obviamente, me pilla más de cerca. Pero es muy parecido. La primera vez choca un poco, pero luego realmente no lo empiezas a apreciar como película, como elemento separado de tu propia obra, hasta que no la ves por segunda vez. Yo ahora sí soy capaz de concebirla como una película más, que me gusta mucho, pero que a veces se me olvida por qué le tengo tanto cariño, que es porque es mi cómic, pero ya la he vuelto a ver y se me ha olvidado que es un cómic mío, salvo algún momento que de pronto me acuerdo porque veo una cosa, por ejemplo, con la que me puse muy pesado con ella.
Entiendo que la clave para que esto sucediera es Dark Horse…
Sí, claro.
¿Pero es un elemento sine qua non? ¿Sin una editorial americana es posible que alguien se fije en un cómic español, sea webcómic o editado, como material para una película?
Obviamente, todo mercado se mira a sí mismo. Igual que se ha adaptado El vecino por parte del Netflix español, formado por gente de España, que son aficionados, que conocen el mercado. En mi caso, si Polar no se publica en Estados Unidos, el Netflix americano no se fija en esa obra. El mundo anglosajón ya sabes que tanto el literario como el cómic son de mirarse su propia historia. Es su mundo, su tipo de mercado. En mi caso, yo siento una conexión más fuerte con ese mercado que con el mercado español, que me gusta mucho y tiene muchas cosas que me gustan, pero los géneros que siempre me han gustado, el género negro, la acción, como que en mi cabeza siempre han estado muy vinculados al mundo anglosajón y a Estados Unidos, que como europeo tengo un sentimiento hacia él que creo que compartimos mucho como de miedo y de fascinación a la vez, es como un territorio mítico e historias, de western y de pistoleros, a veces muy real y a veces muy mitológico. No concibo hacer una obra como esa si no es para ellos, aunque luego venga a España. Es una obra tan vinculada al cómic americano como Intachable puede estar vinculado al cómic español.
Enlazo en esas historias a Violent Love, escrita por Frank J. Barbiere. No sé si esta ola de noticias sobre Polar ha enterrado un poco los méritos de esta serie…
Puede ser, no lo sé. Es difícil de ver. Al final, yo vivo aquí, no sé si en América lo de Polar ayuda a Violent Love o le perjudica. Pero lo que pasa es que yo produzco mucho, no me puedo hacer un pseudónimo tipo Richard Bachman como Stephen King, aunque a veces me gustaría (risas), y a veces tiendo a competir conmigo mismo, eso sí que es verdad que me ha pasado. Ha salido el Bad Girls ahora y el Polar de Kaiser Falls salió hace un mes, a veces me da la sensación de que me hago la competencia… No tengo ni idea, tú vas trabajando en tus proyectos, van saliendo al ritmo que salen y les deseas la mejor suerte. Pero por otro lado también pienso que habrá gente que le guste Violent Love y por eso se acerque a Polar y viceversa. Frank Barbiere como guionista tiene sus seguidores y también eso puede hacer que sean seguidores míos.
Insisto con esta serie porque me encanta…
Sí, a mí también me gusta mucho.
No voy a entrar en si es lo mejor o no de tus últimas obras, pero sí es un tebeo muy potente. La influencia clara es Bonnie & Clyde, ¿cierto?
Sí, sí, era muy evidente. De hecho, yo intenté hacer un cómic muy años 70. Incluso el propio grano que tiene el tebeo, que remite a la textura y sequedad de las películas de los años 70. Más que Bonnie & Clyde, que me encanta, hace alusión a La huida, también Sam Peckinpah o Bad Lands, de Terrence Malick, ese tipo de cine, más áspero. Me encanta el género que negro e intento que cada cómic que hago sea una aproximación diferente. En cierta manera se complementan. Violent Love es un género negro más áspero, más sucio, más años 70; Polar es un thriller estilizado, todo el mundo es muy elegante, el dibujo es muy limpio; Bad Girls es un rollo años 50 glamouroso con referentes musicales… Intento siempre no hacer todo el rato la misma obra cambiando un poco los personajes.
Y eso nos lleva a Against Hope, que la publica el año que viene Dark Horse, y esa tiene la particularidad de que, además de dibujarla, la has escrito. Es muy difícil ver que una editorial americana confíe en un escritor europeo…
Sí, de hecho casi no hay. En Polar funcionaba casi así, pero con Polar yo tenía ya mucho material adelantado, les ofrecí el proyecto, el cómic ya estaba realmente hecho, el guion fue añadirle diálogos. Against Hope es un poco raro como nace, era originalmente un webcómic también mudo de 60 páginas. Yo lo comparo con un corto, y Dark Horse me dejó hacer un largo. El cómic tiene como 150 páginas, parte de ese webcómic está ahí, pero redibujado, rehecho, y ya directamente escribo para ellos. Lógicamente, Dark Horse está muy interesada como primera opción en lo que yo saque después de Polar. Yo acabé Polar con el cuarto tomo y ellos dijeron: “bueno, si quieres hacer cualquier cómic sácalo y nosotros te lo representamos”. Esto es como Dark Horse Entertainment, obviamente Dark Horse maneja un mercado y los derechos cinematográficos son muy golosos. Me han dado libertad para hacer lo que yo quiera, y me han dejado escribir, que como dices es muy extraño, es muy difícil como autor trabajar directamente para ellos. Esa es la libertad que me ha dado Polar. Igual se han arrepentido, porque yo quería ir más allá de Polar y cambiar, es una historia muy sencilla de acción pero muy ambiciosa narrativamente, es una historia de venganza pero que agrupa varias décadas del personaje, está ambientada sobre todo en los 80 y en los 90, pero de pronto hay un flashback a los 70 cuando la protagonista es una niña, es una chica cuyo novio es asesinado por un grupo de neonazis e intentan matarla a ella en un juego a lo blanco humano pero ella sobrevive y va a buscarles y a cazarlos a ellos, vas saltando en el tiempo continuamente y las palabras de una época repercuten en la acción que estás viendo. A nivel formal es muy experimental. Obviamente, Dark Horse ya empezaba a tener miedo de esto, porque pensaba que lo podía ver un productor de cine y no entenderlo. Te dejan libertad pero por otro lado quieren que hagas un producto vendible. Yo ya les dije: “confiad en mí”. En Polar nunca me planteé que se pudiera adaptar al cine, de hecho es el cómic menos adaptable al cine que he dibujado nunca, es mucho más adaptable Violent Love. Si Polar funcionó, podría funcionar con esto. Me han preguntado si esto ha cambiado mi forma de trabajar y en realidad no, yo intento hacer el mejor cómic que puedo, con mis herramientas e escritor y dibujante de cómics, y si ellos luego quieren hacer una película ya cambiarán lo que les parezca, pero yo de entrada voy a intentar cambiar lo menos posible.
Hablando de cambios, sí que se nota una evolución en tu dibujo con el paso de los años, ¿pero cómo lo ves tú desde dentro? ¿Te ves diferente, más armado?
Ya, es que es complicado porque además los autores somos supercríticos con nuestro trabajo, a mí físicamente me cuesta ver mi propio trabajo. De hecho, Polar es de lo poco que, viéndole muchos defectos, tolero leerme (risas). Lo digo sinceramente, parece un problema mental que tenemos los dibujantes. Me es más sencillo leer cosas muy viejas, por el rollo de que era jovencito, soy más tolerante con eso que con un trabajo que he publicado hace un mes. En temas de narrativa y guion creo que he ido depurando muchas cosas. Obviamente veo una mejora, y lo bueno es que la veo mientras estoy trabajando, porque si no la viera mientras trabajo no acabaría ningún cómic. Me engaño a mí mismo, como que lo estoy haciendo muy bien, y cuando acabo la obra es cuando soy realmente muy crítico conmigo mismo, y te puedo asegurar que soy el crítico más duro que puede haber. No habrá en Internet un crítico peor que yo con mi propio trabajo. Pero, por otro lado, eso me permite intentar mejorar e ir más allá en lo siguiente. Creo que es verdad que el verdadero conocimiento como autor viene de la aceptación de tus propias debilidades como creador, de tus defectos, intentar sacar partido y lidiar con ellos en la siguiente obra para que esta sea mejor, intentar disimularlos. Creo que la valoración de un autor no viene tanto de mejorar tú sino de vivir con tus propios errores.
¿Y eso es más fácil verlo en tu parte de dibujante o en tu parte de escritor?
Mmmm, buena pregunta. Yo como dibujante lo veo peor. Igual soy peor guionista que dibujante, pero no me considero mal guionista, me gustan las historias que hago, supongo que porque hago las historias que me gustan como lector. Me es más sencillo ser guionista. No voy a decir que la labor de guionista es fácil, no lo es, hay grandes guionistas y lleva mucho trabajo, pero en la labor del dibujante creo que no se tiene la cantidad de factores que hay que pueden salir mal, de dibujo, de narrativa, de composición, de documentación… Cuando trabajo como guionista tengo un respeto enorme por los dibujantes porque sé lo que es, y para mí el dibujante siempre es un coguionista de lo que estoy haciendo. Soy siempre más duro con mi faceta de dibujante porque percibo que hay más cosas que hago mal.
Hay una faceta tuya como dibujante que no me gustaría dejar de tocar, y es el Inktober, porque llevas varios años haciéndolo, apostando además una temática concreta. Da la sensación de que esto puede ser una táctica para un autor que se quiera dar a conocer, y sin embargo tú lo haces desde una situación de privilegio…
Yo lo empecé como ejercicio, un poco como empecé Polar. Era el alivio del día, me permitía desconectar, hacer algo estimulante. Cuando empecé el primer Inktober, tenía mucho trabajo y se me ocurrió como ejercicio para practicar con el claro-oscuro. Lo hice empezando tarde y sin temática y ni me planteé venderlos, y fíjate ahora, que todo el mundo los vende. A partir del segundo, empecé a plantármelo como un divertimento, intentar hacerlo en un espacio de tiempo, con una temática, el homenaje a Kirby, a Ditko, el de los cómics de los 90… La cosa es buscar algo divertido y en el momento en el que me canse, cambiarlo. Me costó encontrar personajes de Ditko, porque no había tantos como en el caso de Kirby y me agobié y decidí no hacerlo sobre un artista sino algo más general. En el de los 90 el reto era hacer algunos personajes visualmente algunos horrorosos pero intentar que funcionaran en mi estilo. El año que viene no tengo ni idea de lo que haré. Como ya he hecho muchos en blanco y negro, me planteo cambiar la manera de dibujarlos, es un divertimento. Igual que Polar, surgió como una manera de desconectar, no pensé que se convertiría en el monstruo que es ahora el Inktober, que es casi una competición de coleccionismo. ¡Yo he intentado pillar uno de Monteys y no lo he conseguido! Soy un fan más en ese sentido.
