Título original: Memorias de un hombre en pijama.
Director: Carlos FerFer.
Reparto: Raúl Arévalo, María Castro, Jordi Brunet, Tacho González, Manuel Manquiña, Santi Balmes, Julián Saldarriaga, Elena S. Sánchez.
Guión: Ángel de la Cruz, Diana López Varela.
Música: Daniel Ferrer Rovira.
Duración: 74 minutos.
Distribuidora: Sony.
Estreno: 4 de enero de 2019 (España).
Decir que Paco Roca es un tipo con suerte puede hacer que parezca que detrás de su obra no hay trabajo y talento, ingredientes que es obvio que poseen sus tebeos, pero es que Paco Roca es un tipo con suerte. Es de ser afortunado para un autor español encontrarse con dos películas de animación realizadas aquí y basadas en dos de sus cómics. Arrugas (aquí, su crítica) puede ser una elección más obvia, porque su calado fue tremendo, pero Memorias de un hombre en pijama consolida esa buena estrella de la que hablamos, aún desde un nivel claramente más bajo. Primero, porque no deja de ser un tebeo liviano y con mucho de autobiográfico, son las peripecias de un autor, el propio Roca, haciendo una tira semanal para un periódico, trabajando desde casa y sin necesidad de vestirse para ello. Y segundo, porque la película es agradable, sin más. Mucho menos ambiciosa que Arrugas, desde luego mucho más de andar por casa, algo que lógicamente viene ya dado desde las mismas páginas impresas en las que se basa, pero que cumple con su propósito de hacer pasar un rato divertido desde lo que a un autor le puede parecer lo menos interesante del mundo, su propia vida diaria, su rutina, sus cosas banales. Es cierto que en el comic proliferan cada vez este tipo de relatos parcialmente autobiográficos, pero eso también hay que hacerlo con gracia.
La película tiene una fidelidad al espíritu del tebeo bastante agradecida, aunque también parezca siempre algunos peldaños por debajo. Carlos FerFer simplemente le da una forma de historia a medio camino entre lo costumbrista y lo romántico, y esto segundo gana peso durante todo el relato y acaba siendo el tema principal, como subraya el divertido epílogo de la historia. En esa escena final, como en la inicial, vemos otro elemento distintivo del filme, secuencias de imagen real en las que Raúl Arevalo se enfunda sin miedo el famoso pijama de Paco Roca, aunque lo que manda es la animación. Nada que se convierta en memorable, pero fiel reflejo también del estilo de Roca, de sus diseños y de sus personajes. Sabiendo que no es una producción que requiera de grandes efectos técnicos, la factura es adecuada. Quizá sus limitaciones se noten más cuando el protagonista sale de su rutina y deja de dibujar, cuando la historia quiere ser algo más que la excusa para conocer cómo es el trabajo de un profesional de la historieta, pero la cercanía que tiene todo compensa los límites que pueda tener la misma producción. Si pensamos en trazar comparaciones, sea con Arrugas o con otras producciones animadas españolas o internacionales, seguro que dejamos en peor posición a Memorias de un hombre en Pijama.
En cualquier caso, parece una película que abraza sus limitaciones sin miedo y con sinceridad. Esa es la mejor de sus cualidades, que nunca se cree más de lo que es. Funciona como retrato del autor/protagonista, aunque en algunos momentos también dé la sensación de que se le puede haber caricaturizado en exceso, también lo hace como comedia romántica, aunque la entrada de esta trama parezca lo más forzado y artificial que hay en la película e incluso de la sensación de que el personaje al que da voz María Castro se lleve buena parte de la función hacia su terreno (y el epílogo es la mejor muestra de ello). Quizá la mejor forma de encarar Memorias de un hombre en pijama sea asimilar que estamos ante una producción de vocación menor, que tiene pinceladas de la diversión que propone Paco Roca y que demuestra que en el cómic español hay autores e historias con potencial para nutrir también nuestra cinematografía de películas interesantes que tengan un referente en las viñetas. Aunque sólo sea por eso, hay que valorar la película de FerFer. Podría haber sido mejor, desde luego, y eso atañe a todas las facetas de la producción, desde el guion a la animación y pasando por el doblaje, pero no tenemos tantas adaptaciones de cómic en España como para quejarnos en exceso.

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