Páginas: 150.
Precio: 29,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2019
Si hay una figura del terror clásico que parece haber quedado anclada en el pasado, y no precisamente por sus características como icono, esa es la momia. La más realista de todas ellas en muchos sentidos, la que sí tiene claros referentes históricos procedentes del antiguo Egipto y de su mitología, y la que por desgracia en nuestros días ha quedado como excusa para historias de acción, aventura o incluso humor. Vampiros, hombres lobo, zombis y otras criaturas han mantenido su lugar en el horror, pero la momia no. Quizá por eso tenga un poco más valor el volumen dedicado a ellas de esta Biblioteca de cómics de terror de los años 50, porque esta vez, más que nunca, tenemos entre manos un ejercicio de nostalgia, relatos que no solo pertenecen a su tiempo sino que además han tenido muy poco reflejo en nuestros días, a diferencia de lo que, como decíamos, ha sucedido con otras figuras del género. Es verdad que la momia se presta a muchos típicos, a estructuras de guion bastante similares e incluso fácilmente repetibles, pero la selección de este libro es bastante notable y rompe cualquier tipo de posible rutina con una gran variedad de historias y de modelos, incluso prescindiendo en buena medida del tópico de la chica en apuros que se intuye muy presente gracias a la muy atractiva cubierta del volumen.
Quizá la gran diferencia entre este y los anteriores volúmenes de la Biblioteca de cómics de terror de los años 50 esté en que aquí, además de relatos de extensión media, también los hay de una sola página. Puede parecer un detalle banal o intrascendente, pero en el fondo habla de la simplicidad con la que la momia se convirtió en aquella época en un arquetipo capaz de infundir terror sin necesidad de dar demasiadas vueltas. El hecho de conocer los detalles de su mitología, la misma historia de Egipto, y, cómo no, los referentes cinematográficos encabezados por el gran Boris Karloff (aunque el tono y la estética de lo que vemos se acerca más a lo que hizo la mítica Hammer con esta criatura), nos coloca en una posición mucho más ventajosa para disfrutar de estos relatos sin necesidad de demasiados preámbulos. Hay una cierta reiteración en la presencia de egiptólogos y arqueólogos en estas páginas, pero eso mismo permite que haya opciones distintas en cuanto a los escenarios. Y, además, hay un nivel bastante parejo en las historias. No es habitual que una antología o un volumen recopilatorio sea equilibrado, pero este lo es, es un auténtico festival del horror momificado que consigue todos sus objetivos, sacando terror incluso en algún que otro relato en el que alguien intenta reírse del peligro de estas criaturas.
Hay también bastante variedad en el dibujo, de un gran número de ilustradores pero con una presencia recurrente a través del libro, que es la de Sy Grudko. Lo que más se agradece es que no haya calco. En aquellos años, a la espera de la Hammer, la momia de Karloff era la que predominaba en el ideario popular, y de eso vemos poco en este volumen. Hay momias con aspecto de zombi, por supuesto princesas egipcias más propias del cine hollywoodiense que de una historia de terror de serie B, y sobre todo personajes elegantemente vestidos (fundamentalmente los arqueólogos ya mencionados) que tienen que servir como contrapunto, digamos, civilizado a la podredumbre que despiden estas criaturas. Hay mucho de clásico en el dibujo, no hay nada que esconda que estamos ante un tebeo que es hijo de su época. Pero eso es justo lo que le da un encanto bastante particular a estas historietas. Forman parte de otro mundo, casi de otra cultura comiquera, una que estuvo en peligro de desaparecer y que, afortunadamente, ha llegado hasta nuestros días. Siempre lo decimos al hablar de esta Biblioteca de Cómics de terror de los años 50, pero es importante insistir en lo relevante que es tener a disposición de un lector contemporáneo lo que entonces fue moda, después fue objeto de persecución y ahora es historia.
El volumen incluye material publicado en las revistas Forbidden Worlds, Web of Mystery, Beware, Baffling Mysteries, Chamber of Chills Magazine, Web of Evil, Witches Tales, Ghostly Weird Stories, The Beyond, Adventures into the Unkwon, Spook, Hand of Fate Mystery y The Thing publicados originalmente entre agosto de 1949 y noviembre de 1954. El contenido extra lo forman una introducción de Steve Banes y una galería de portadas e ilustraciones.

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