El Taller, el curso de cómic de ESDIP que daba lugar a un resultado editorial publicado por Dibbuks, cumplía con aquello de descubrir nuevos talentos con historias personales que nos hablaban de sus autores como creadores por primera vez. Víctor L. Pinel es uno de los autores que formaron parte de la segunda promoción de aquel proyecto (aquí, su reseña), y ahora, por fin, ha conseguido que un cómic largo firmado por él llegue al mercado español. Se trata de La casa de la playa (aquí, su reseña), donde no actúa como autor completo sino como dibujante, pero eso mismo también añade algo de interés al asunto. ¿Cómo dibuja la historia de otro alguien que está acostumbrado a ocuparse de las propias ideas? Y aún más, ¿cómo se hace un cómic tan exigente, largo y sobresaliente como este teniendo también la cabeza en la dirección de un corto de animación, I Wish…, que se coló entre los nominados al Goya de la pasada edición? Pues de todo eso hablamos con Víctor en esta entrevista.
Primer gran trabajo de cómic publicado en España… ¿Qué sensaciones tienes?
Sobre todo estoy contento de que mi gente, mi familia, mis amigos puedan por fin leer algo mío en español. Publicar en otra lengua a veces es poco satisfactorio, terminas el trabajo de meses, sale publicado y nadie a tu alrededor puede leerlo ni darte feedback, se vuelve un poco invisible. También estoy contento de formar parte del mercado de cómic de aquí, aunque sea difícil, pequeño y poco reconocido, hay mucho amor y cuidado por el cómic desde las editoriales nacionales.
Si hay algo que nos gusta de La casa de la playa es que sabes hacer tuyos personajes que son muy personales y que seguro que Séverine Vidal escribió con esa intención. ¿Cómo es ese proceso? ¿Hablaste mucho con Séverine para darles forma o tuviste libertad en ese sentido?
En el apartado gráfico suelo preguntarle a ella si tiene algún actor o persona de referencia para poder acercarme rápidamente a una primera idea del personaje. Es una forma rápida de empezar, habitualmente los personajes cambian según les voy dando forma y no acaban siendo demasiado parecidos a la referencia, pero al menos arrancamos cerca de lo que había en su cabeza. En cuanto al acting y cómo gestionar a los personajes en la narración, intento comprenderlos y verme reflejado de alguna forma en lo que les pasa para poder darles una profundidad creíble. Aunque suelo trabajar como dibujante, también escribo historias y tengo formación como guionista, en ese aspecto me ayuda bastante a la hora de entender mejor el trabajo de Séverine y lo que intenta hacer con los personajes. Por suerte ella y yo estamos en una frecuencia de pensamiento parecida y sin hablar apenas sobre el guion consigo acercarme bastante a lo que tenía en su cabeza al escribir. O al menos eso me dice ella (risas).
Y aunque el guion no sea tuyo, ¿hay algo de ti o de tu vida en los personajes, en sus relaciones familiares o incluso en su aspecto? Lo digo porque se busca mucha cercanía con ellos a todos los niveles, con su aspecto y con lo que les va sucediendo…
Como decía tengo formación como guionista, y eso me ayuda mucho a enfocar la historia como si fuese mía. Al principio cuando empecé a trabajar con guionista me sentía frío y desligado de la historia, porque mi intención siempre ha sido dibujar mis propias historias. Me sentía alejado de los guiones que no había escrito yo, pero con la experiencia he ido encontrando la forma de trabajar. Para mí es muy importante interiorizar la historia como si fuese mía, encontrarme en ella antes de dibujarla. Una vez consigo encontrar ese centro a la historia, cuando entiendo de qué me habla, y busco que parte de mí ha vivido algo parecido, que parte de mí empatiza con ello, consigo trabajarla de una forma bastante cercana a como trabajo mis propias historias.
¿La casa de la playa existe en la realidad? ¿Llegaste a diseñarla por completo o solo dibujaste lo que necesitaba verse desde el exterior y las habitaciones en las que hay escenas?
La casa de la playa, originalmente, tenía otro título: 23 rue des vagues. Ese título hacía referencia a la dirección donde se encontraba la casa, situada en Préfailles. Cuando comencé el proyecto busqué la dirección en Google Street para hacerme una idea de la zona, el tipo de casas, el entorno, etc. En esa dirección hay una casa, sí, pero no es exactamente nuestra casa de la playa. Adapté el diseño a las necesidades de la narración. Y sí, diseñé los planos de la casa completa antes de empezar con el storyboard, para tener una referencia espacial. No dibujé todas las habitaciones porque muchas de ellas no aparecían, pero sí que me parecía importante tener controlado al menos el espacio físico de la casa en planta para que fuese razonable todas las personas que conviven allí.
En un cómic que juega con varios escenarios temporales, ¿cómo trabaja el dibujante? ¿Diseñaste todo antes de ponerte a trabajar? ¿Cerraste cada uno de los capítulos antes de empezar el siguiente?
Intento trabajar por fases completas. Todo el storyboard, después todos los lápices, tintas, y finalmente el color. En este caso, el primer capítulo sí que lo dibujé completo antes de hacer el story del resto, pero después fui trabajando en orden. No tenía los diseños de los personajes de los flashback hasta que llegó el momento de dibujarlos. Aunque sí que releí en varias ocasiones el guion antes de hacer nada para que no surgieran problemas de continuidad cuando estuviese llegando al final.
A lo mejor te parece una pregunta absurda, pero quería que me hablaras de un elemento del cómic que, siendo lo más estático, tiene su papel en la historia: el papel de pared. ¿Cómo decidiste el diseño? ¿Participó Séverine en esa elección de alguna manera?
En el guion sólo venía escrito que era un papel pintado de globos, nada más. Inicialmente iban sobre fondo azul, un poco como las paredes de Toy Story, pero después me di cuenta de que llamaban a la habitación “la habitación amarilla”, así que lo ajusté. Sobre el diseño como tal, lo sufrí un poco. No soy un buen diseñador gráfico y este tipo de cosas me cuestan un poco, pero bueno, tampoco tenía que ser algo demasiado virtuoso, al final opté por un diseño sencillo y que me cuadrase bien con las gamas de todas las escenas estuviesen en la época que estuviesen.
Ha habido comparaciones por su temática y por su significado entre La casa de la playa y La casa, de Paco Roca. ¿Eso es un halago o una pesada losa?
No sé qué decir (risas). Me gusta mucho el trabajo de Paco Roca, sobre todo en Las calles de arena (uno de mis comics favoritos). Es cierto que, hasta que me lo comentaron, no caí en las similitudes que podía haber entre nuestro libro y La casa. Suena incluso ridículo dicho ahora, porque hasta el nombre se asemeja, pero esto fue un cambio de la editorial francesa en el último minuto. Lo que pienso, sobre todo, es que tuve mucha suerte de que no me diese cuenta de esa semejanza hasta tiempo después de haber acabado el libro. Así pude hacer MI libro, a mi manera, sin preocuparme de si me acercaba demasiado al suyo o no. Si hubiese sido consciente igual habría estado preocupado por ello, y lo mejor que puedes hacer para estos casos es no estar preocupado más que de escucharte a ti mismo. Sí que se vuelve un poco losa ahora, porque estoy empezando a dibujar un nuevo álbum, también con Séverine, que trata de una mujer que se ve obligada a ingresar en una residencia geriátrica contra su voluntad. Cuando Séverine me propuso el guión le comenté si había leído Arrugas, y para mi sorpresa ni siquiera lo conocía. Es una de estas coincidencias que pueden ser vistas con malos ojos si la gente quiere mirar mal… En cualquier caso, intentaré, esta vez de forma consciente, hacer todo el caso posible a mi propia voz, y no verme condicionado por ello. Si consigo escucharme solo a mí mismo, Le plongeon, que así se llama, debería ser una obra tan personal y única como lo fue La casa de la playa.
Supongo que no es fácil compaginar el dibujo de un cómic extenso con la dirección del cortometraje animado I Wish…, que compitió por el Goya este mismo año… ¿Son trabajos independientes o se complementan de alguna manera?
Se complementan de la siguiente forma: I Wish… le hace la vida imposible a La casa de la playa, y después La casa de la playa le hace la vida imposible a I wish… (risas). Como dices, no es fácil. Yo creo que se trabaja mucho mejor cuando tienes la cabeza en un único proyecto, y de hecho así lo gestioné. Cuando vi que no estaba siendo productivo en ninguno de los dos campos, hablé con Séverine y con Sophie, mi editora y les dije que no iba a trabajar en el cómic hasta 7 meses después. Me enfoqué en I wish…, terminé la producción, y después retomé La casa de la playa con todas mis energías y fuerzas puestas en ello. En mi opinión, las obras tienen un momento, un lugar, y una emoción. Tratar de hacer dos cosas a la vez es como intentar gestionar dos emociones a la vez, se vuelve torpe y confuso. Siempre intento dar paso a una emoción, y cuando esta termina, pasar a la siguiente.
Han pasado seis años desde que formaras parte de la segunda promoción de El Taller. ¿Qué le debe el Víctor de hoy al de aquella hornada cocinada por Kenny Ruiz en la ESDIP? ¿Y qué crees que pensaría el Víctor de entonces viendo dónde estás hoy?
Pues supongo que le debe todo… Aunque siempre había hecho cómics, en aquella época empecé a entender mejor lo que es afrontar un proyecto completo. También lo que es ser profesional, la importancia de entregar, que tienes que avanzar y producir sea bueno o malo el día. Además, El Taller me llevó a conocer a Kenny, a quien le debo básicamente todo sobre cómo afrontar una página, el respeto y el amor por la narrativa. Kenny me enseñó a no regalar ni una viñeta, que cada viñeta cuenta, y a no perder mi identidad como autor aunque me tuviese que adaptar al medio o formato que no me era familiar. Sin él, seguramente La casa de la playa sería muy diferente. Sobre qué pensaría el Víctor de El Taller si me viera… probablemente lo mismo que pienso yo ahora mismo sobre mi presente: “Guay. Lo estás haciendo bien… pero todavía no tienes una obra íntegramente tuya, mueve el culo y ponte a escribir!” (risas). Intento, desde siempre, ser justo con mis victorias diarias, respetarlas como los logros que son, pero también ser consciente de que no puedo dejarme llevar por la euforia, sino que debo seguir trabajando para avanzar. Y eso es algo, que por suerte, lo sé desde el principio, y aquel Víctor de El Taller también lo sabía.
Para acabar, cuéntanos en qué andas metido y qué es lo próximo que vamos a ver tuyo.
Pues en enero sale a la venta en Francia Puisqu’il faut des hommes, un álbum de 54 páginas con guion de Philippe Pelaez y editado por Grand Angle. Por ahora no se si saldrá publicado en España, pero quiero pensar que sí. Lo cierto es que por ahora está teniendo muy buena acogida entre los libreros y las personas que lo han podido leer. Y mientras sigo dando algunas clases de narrativa en ESDIP para relacionarme con seres humanos y no volverme loco todos los días solo en el estudio, ya estoy trabajando en Le plongeon, la nueva novela gráfica que comentaba antes, con Séverine Vidal, que será editada en Francia por Gran Angle.