Guión: Geoff Johns.
Dibujo: Gary Frank.
Páginas: 32 cada uno.
Precio: 2,95 euros cada uno.
Presentación: Grapa.
Publicación: Septiembre / Octubre / Noviembre 2019.
Llegados casi al ecuador de El reloj del juicio final, por el momento las sensaciones siguen siendo muy parecidas a las que dejaron los primeros números de esta maxiserie de doce números (aquí, su reseña). Esto es, que estamos ante un intento de recuperar toda la magia de Watchmen (aquí, su reseña) que no es del todo fácil de encajar. Hay momentos en los que lo más cómodo es dejarse poseer por el espíritu del Alan Moore iracundo cada vez que alguien toca sus creaciones que no duda en despotricar contra todo y contra todos, y hay momentos en los que sentimos que la mezcla, aunque muy ambiciosa y algo desequilibrada en detrimento de los héroes DC porque esto sigue siendo más Watchmen que otra cosa, es tremendamente entretenida y está provocando un aumento de las expectativas número a número. Y es que, por ahora, seguimos sin tener claro hasta dónde nos pueden llevar Geoff Johns y Gary Frank, pero al mismo tiempo es necesario decir que saben enganchar. Probablemente no será hasta el final cuando se produzca ese momento en el que la mayoría tenga claro si esta historia funciona o no en el contexto propuesto, pero a la vez seguimos pegados a ella. Suele suceder con las historias que, por una razón u otra, sea más creativa o empresarial, nacen sobre todo de la ambición. Y esta es un caso muy, muy claro.
Es obvio que esa es la razón por la que el encargado del proyecto es Johns. Pocos habrían sido tan capaces como el de realizar un ejercicio tan, digamos, pertinaz de emular la escritura y la estructura de Alan Moore y no morir en el intento a las tres o cuatro páginas. Johns, como poco, sobrevive. A ratos incluso convence, aunque la voz de Moore siga resonando cada vez que hay algún avance claro en la mitología de Watchmen. Hay mucho de valiente, de hecho, o incluso de locura, en volcar a historia del lado de los personajes de Moore y, no lo olvidemos, Dave Gibbons, pero es así. Indudablemente, además. Cuando entran en escena Batman o Superman lo hacen de manera escasa, como si fueran meros comparsas de alto que está sucediendo sin su control. Son excusas y no protagonistas, aunque en el fondo tiene su gracia verles confrontados a los personajes de Watchmen. La ironía que hay en el encuentro entre Batman y Rorschach, que tiene una fascinante doble lectura que identifica al Caballero Oscuro con el sistema que envió a Walter Kovacks a prisión en la obra de Moore y Gibbons, es solo comparable a la de ver la revancha del combate entre el Comediante y Ozymandias que abría lo que para muchos es la biblia del cómic moderno. No es el único paralelismo, pero es también evidente que Johns no quiere que su historia se quede en esa visión.
Hay más debate en el guion de lo que puede haberlo en el dibujo, porque Gary Frank, ya lo hemos dicho, está entre lo más clásico de la actual industria del cómic, lo que le da un bagaje necesario para interpretar El reloj del juicio final en unos parámetros que recuerden a Watchmen, y no solo en su archiconocida rejilla de nueve viñetas sino también en la manera de interpretar a los personajes y a los escenarios. Es verdad que Gibbons le deja una guía muy clara con la que trabaja en algunas escenas, pero no es menos cierto que Frank sabe homenajear de una manera formidable a una obra irrepetible. Y sí, lo dejamos en homenaje porque Frank respeta los límites marcados e incluso los honra. Desplegar todo lo necesario en viñetas de tan escaso espacio habla muy bien del ilustrador, porque es mucho lo que hay que dibujar y muchos los mensajes que tiene que dejar cada escena, también en las de acción, que no son muchas por ahora pero sí lo suficientemente llamativas, empezando por la que abre el cuarto número. Es evidente que hay mucho que rascar en El reloj del juicio final, y aunque solo sea por eso, por lo que intenta y por lo que honra, que de momento no mancilla, merece que sigamos prestando atención al relato. Al final, o por lo menos hasta este punto, el espíritu del Moore más gruñón, que forma parte indivisible del genio, no se ha apoderado de nosotros.
DC Comics publicó los números 3 a 6 de Doomsday Clock entre enero y mayo de 2018. El único contenido extra son las portadas originales de Gary Frank.

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