CÓMIC PARA TODOS

‘Las pequeñas distancias’, de Camille Benyamina y Véro Cazot

Editorial: Planeta Cómic.

Guión: Camille Benyamina.

Dibujo: Véro Cazot.

Páginas: 160.

Precio: 22 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Octubre 2019.

Con Las pequeñas distancias, Camile Benyamina y Véro Cazot se asoma a un mundo bastante peculiar. Es un mundo de amores terrenales, pero tambien de uno platónico, uno de fantasmas de muchas formas, y tambien uno de realidades. Es un cómic curioso en su planteamiento y a veces un poco difuso en su desarrollo, uno que siempre resulta llamativo e interesante pero que también deja algunas dudas. Es una montaña rusa, como la vida misma, y ahí sí destaca con solvencia. El problema para analizar este cómic está en que lo mejor es no desvelar demasiado sobre su contenido. Sí podemos decir que esta es la historia de Max, un tipo del que nadie se acuerda con precisión y al que nadie parece ver. Las causas quedan para que las descubra el lector que quiera adentrarse en las páginas de Las pequeñas distancias. Su historia, también esto se puede decir, transcurre en paralelo a la de una joven a la que le cuesta confiar en la gente. Por eso le asustan las esquinas de su casa y por eso no encuentra a alguien a quien entregar su corazón. Y estas dos personas se cruzan de una manera muy peculiar, trazando una historia de amor de la que se pueden extraer muchas lecturas. Cazot, autora del maravilloso festival visual de Betty Boob (aquí, su reseña), sabe bajar a la tierra con elegancia, hay algún problema más en la forma la que despliega Benyamina la historia.

En todo caso, el detalle impide que se pueda ser muy duro con el trabajo de Benyamina, porque hay que reconocer que el relato que propone tiene fases realmente preciosas, misteriosas y bien llevadas. El problema radica en el conjunto. No todo lo que vemos acaba teniendo una importancia real en lo que nos cuenta, e incluso el final, aún siendo previsible y probablemente el mejor que podría tener el cómic, se antoja algo precipitado e inexplicado. Puede que la razón haya que encontrarla en que le falta equilibrio. Esta acaba siendo, en una parte abrumadoramente mayoritaria, la historia de Max. A ratos parece que también puede ser la de Léonie, pero no termina de serlo. Y quizá debería serlo. Falta equilibrio también en que la razón de la invisibilidad social de Max queda tremendamente difusa. Funciona muy bien algunas de sus metáforas (la de espantar fantasmas es probablemente la más hermosa de todas, más cuando Léo lo explícita que cuando Max lo ejecuta), pero vista al detalle Las pequeñas distancias deja demasiados interrogantes, cuestiones que no quedan del todo resueltas y matices que pueden desviar la atención. ¿Se puede leer sin prestar atención a todo esto? Desde luego, y ese es su punto fuerte, porque emocionalmente si es potente y está bien desarrollada. Parece una tarea casi imposible no encariñarse con los dos protagonistas.

Ahí también tiene mucho que decir Cazot, que sabe dar forma a todo lo que plantea Benyamina. Y la pena, como decíamos, es que no convenga desvelar demasiado sobre la trama, porque hay algunas secuencias en concreto que merece la pena alabar al hablar del dibujo de la ilustradora y es mejor no explicitar las aquí para no romper la sorpresa, aunque sí podemos decir que tienen que ver con la intimidad de sus protagonistas. En todo caso, guardar ese pequeño secreto no impide el elogio a Cazot, que se divierte en lo realista y en lo que no lo es tanto, que sabe entender las emociones de cada momento, algo que ya hizo de otra manera muy diferente en Betty Boob, y de esa manera consigue que el lector se sienta vinculado a lo que está sucediendo en cada momento. Esa, desde luego, es la mejor manera de dejarse atrapar por Las pequeñas distancias, entendiéndolo como un relato que busca rincones muy emocionales que se van plasmando en anécdotas realistas, de las que cualquiera podría tener en su memoria o en su presente. Y aunque se entiende el esfuerzo de Benyamina de trazar un cuadro amplio, quizá se podría haber beneficiado de haber escogido un universo más limitado. Quizá de esa manera todos sus mensajes podrían haber llegado con más eficacia. Es, en todo caso, un tebeo francamente bonito y que por momentos alcanza un nivel notable.

Casterman publicó Les petites distances en febrero de 2018. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 2 diciembre, 2019 por en Camille Benyamina, Casterman, Planeta DeAgostini, Vero Cazot y etiquetada con , , .

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