CÓMIC PARA TODOS

‘La confesión’, de Fernando Llor y Román López-Cabrera

Editorial: The Rocketman Project.

Guión: Fernando Llor.

Dibujo: Román López-Cabrera.

Páginas: 100.

Precio: 14 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Noviembre 2019.

A simple vista, La confesión puede ser una historia exagerada en su parte final, una que estira los límites de la credibilidad para hacer más potente su sentido de thriller. Pero sólo a simple vista. Porque cuando se cierra la última página y entramos en el periodo de reflexión que debe producirse tras la lectura, nos damos cuenta de que no lo es. La sensación que deja es que la realidad irreal que plantea tiene más trazas de verosimilitud de lo que probablemente nos gustaría reconocer y, sobre todo, que diseminados por sus páginas hay muchos temas interesantes, los que utiliza Fernando Llor para construir su trama para que después la dibuje Román López-Cabrera. Partimos de la base de que la protagonista es una adolescente que ha encontrado una vía de escape en una webcam erótica que protagoniza. Surge de ahí un sentimiento de culpabilidad que plasma en una libreta en la que cualquiera puede confesarse de manera anónima. Y continúa con el misterio que surge cuando alguien escribe en ella que ha cometido un asesinato. Todo, desde lo más pequeño y terrenal hasta lo más violento y hasta fantasioso, está pensado para que haya un impacto en el lector. Porque, en realidad, hay muchas confesiones y esta es una obra que, por encima de todo, trata de eso, de cómo nos afectan los secretos y con quien los compartimos.

Llor nos ofrece un guion que se va transformando con inquietudes que nacen de una misma base narrativa, la gestión de los secretos, y que tiene la habilidad suficiente como para ir abrazando géneros que se nos antojan hasta dispares. Sobre todo, personajes muy diferentes. No es nada fácil encontrar voces auténticas para tantos protagonistas, y menos en una historia como esta, en la que los secretos forman parte de la vida cotidiana de todos ellos, pero es uno de los puntos fuertes de La confesión. Otro, que cada nuevo misterio se va sumando al anterior con mucha naturalidad, con lo que esos saltos de los que hablábamos no minimizan el efecto de la obra. El que vemos al final no es para nada el tebeo que imaginamos al principio, y eso, en un mundo en el que podemos tener la sensación de que ya nos lo han contado todo, tiene mucho mérito, sobre todo porque Llor no apela necesariamente a la empatía como vehículo de conexión con su protagonista.  No es una heroína, aunque decididamente el escritor consigue que estemos en su bando. Pero es que hasta eso, los bandos, van cambiando. Y así, La confesión habla de secretos, de familia, de amigos, de sexo y violencia, de violación y asesinato, de confianza… y de más cosas que se van descubriendo hasta su final, un epílogo bien contado y que supone un colofón espléndido a lo que acabamos de leer.

López-Cabrera, con un blanco y negro de aspecto sencillo y línea clara, se mueve muy bien con un trazo que no llega a ser realista del todo pero que entiende con mucha inteligencia el movimiento corporal y, sobre todo, la expresividad de los rostros para lograr que lo que veamos sea tangible. Con todos esos elementos, el ilustrador contribuye al mismo juego de Llor, el de hacernos pensar que lo que estamos viendo es irreal pero a la vez podría estar sucediendo delante de nuestros ojos sin que nos demos cuenta. El efecto de la cámara con el que abre el tebeo, la caricatura casi chibi con la que introduce en la trama la dichosa libreta de confesiones, hasta la violenta escena del asesinato, todo está pensando para generar sensaciones muy potentes. Y aunque a priori pueda parecer que es un estilo algo juvenil para una historia que se tiene que tomar muy en serio a sí misma para provocar todo lo que busca en el lector, poco a poco los damos cuenta de que eso es el hábil truco de López-Cabrera para que no olvidemos nunca que estamos siguiendo los pasos de una adolescente dentro de algo que le viene muy grande. La confesión deja tantas cosas en las que pensar que es uno de esos tebeos que, incluso desde el género, piden a gritos una segunda lectura en la que seguir descubriendo cosas.

No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 20 noviembre, 2019 por en Fernando Llor, Rocketman Project, Román López-Cabrera y etiquetada con , , .

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