Guión: Ernest Sala.
Dibujo: Ernest Sala.
Páginas: 128.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2019.
Llegamos al final del viaje. Ernest Sala nos propuso adaptar La trilogía del Baztán de Dolores Redondo en tres álbumes y Ofrenda a la tormenta es, efectivamente, el capítulo final. Lo primero que podemos decir del cómic es que no podíamos haber esperado una conclusión mejor de la que nos ofrece. Es obvio que quien haya leído a Redondo no se sorprenderá por la trama y los giros, pero para quienes no hayan entrado en los libros en los que se basa este cómic sí que habrá grandes dosis de misterio. Y misterio bien resuelto además, que es siempre lo más agradecido de este tipo de relatos. Pero si Sala es muy buen adaptador, lo que queda claro en Ofrenda en la tormenta, como ya había demostrado en El guardián invisible y en Legado en los huesos (aquí, su reseña), es que estamos ante un narrador visual sencillamente formidable. Hace, de manera literal, lo que quiere con el lector. Su trazo es por sí solo espectacular, pero es que su puesta en escena es superlativa. Puede que en España todavía no estemos acostumbrados a que una obra literaria cuente con su versión en cómic, aunque cada vez son más numerosos los libros que tienen este tipo de complementos, pero trabajos como el de Sala hacen que haya un gozoso halo de prestigio en torno al trabajo de adaptación, a veces demasiado poco valorado en el noveno arte.
Sala ya nos había atrapado con la historia a todos sus niveles en las dos partes precedentes, por lo que, en realidad, no hay demasiadas novedades que destacar en su faceta de escritor a la hora de evaluar Ofrenda a la tormenta. Si acaso, que este que tenemos entre las manos, el último, es un segmento del relato que cuenta con muchos cambios de ritmo y sin embargo consigue adaptarlos muy bien al lenguaje del comic. Eso se puede ver por ejemplo en las brutales secuencias oníricas, que llevan el relato casi hasta las fronteras del género de terror. El otro elemento en el que se puede ver la brillantez de la adaptación está en que sus profusos diálogos, más que necesarios para seguir en detalle la investigación del misterio que tenemos entre manos, no frenan en ningún momento el ansia de ir pasando páginas para seguir los pasos de nuestra protagonista, descrita con mucha inteligencia a lo largo de toda la serie pero que quizá lleva a los límites más interesantes de fragilidad en este acto final de la trilogía. Por supuesto, hay que reconocer mucho mérito en este sentido a Redondo, que es quien ha imaginado todo el entramado, pero sería injusto no dejar también unas más que justas alabanzas a Sala, que aún sabiendo que no es una historia propia ha sabido hacerla suya con mucha personalidad.
Tambien sería injusto no reconocer que buena parte de esas sensaciones proceden de un dibujo soberbio y para el que emplearíamos toda suerte de epítetos elogiosos sin necesidad de impostar nada. Hemos destacado las secuencias oníricas, y estas tienen un acabado bestial que genera un impacto tremendo que por momentos es capaz de hacer hasta que nos olvidemos de la historia, tal el poder sensorial que tienen. Hemos alabado también el retrato de la protagonista, y es impresionante cómo Sala llega a dibujar su determinación y sus momentos de flaqueza con la misma maestría. En general, tiene un dominio de las expresiones que deslumbra. Y cuando se trata de transmitir emociones, literalmente se sale, como hace en la secuencia del asalto al domicilio de uno de los investigadores y sus posteriores consecuencias, con una sobrecogedora splash page doble con fondo blanco y en picado que quita el aliento. Hay tantos logros visuales en la obra, desde la elección de puntos de vista al efecto de la lluvia pasando por la forma en la que juega con el blanco y negro, que podríamos pasar horas deleitándonos con el dibujo y su narrativa incluso sin estar leyendo realmente el tebeo. Cuando uno quiere cerrar una trilogía, es así como hay que hacerlo, con clase, inteligencia y, sobre todo, mucho talento.
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