Guión: Suehiro Maruo.
Dibujo: Suehiro Maruo.
Páginas: 168.
Precio: 12,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Mayo 2019.
Detrás de la candidez con la que Suehiro Maruo nos presenta a Midori, la niña de las camelias, en la foto fija de la portada y en los escasos momentos felices que parece haber en la obra, hay un relato que enlaza a la perfección en la turbia imaginación del autor. Es una historia que se ha transmitido durante generaciones por vía oral y que en manos de Maruo es algo desasosegante y complejo, una de esas historias en las que no se encuentran rincones de comodidad porque no tiene que haberlos. No, no es una lectura fácil ni agradable, y tiene momentos que incluso rozan lo enfermizo. Pero eso mismo le da una capacidad de atracción notable. Es uno de esos manga que pide mucho del lector pero que, una vez que este acepta sus condiciones, también devuelve lo suyo. Nada que nos vaya a sacar una sonrisa, eso sí, porque lo que propone es un descenso a los infiernos en el singular escenario de un circo y con una cría como protagonista. Olvidemos la concepción más colorista del circo, porque la de Maruo está en las antípodas, y acerquémonos a la de La parada de los monstruos, el inolvidable festival del horror que nos legó Tod Browning. Eso nos puede dar una idea más realista del tipo de sufrimiento psicólogo que nos espera en las páginas de Midori, por mucho que su protagonista tenga belleza, inocencia y candor a partes iguales.
Esa es, de hecho, una de las claves de que el manga sea tan turbio. Midori, por sí sola, sirve para contraponer luz y oscuridad de una manera brillante. Maruo parece tener más interés en el mundo que le rodea que en la propia protagonista, pero no prescinde de ella para dar vida al desasosegante mundo del que forma parte porque de lo contrario no generaría un efecto tan impactante a este lado de la página. No es nada fácil trazar líneas entre fantasía, fantasía tremendamente oscura por cierto y lindante con las historias japonesas de fantasmas por muchos detalles, con una realidad que tiene poco de normal. Se puede ir pasando por las páginas de Midori teniendo la sensación de que cada episodio es un paso más en el incómodo camino que propone. Y eso que Maruo sugiere más que muestra en todos los sentidos, el más obvio de la sexualidad latente que hay en el relato pero también en cuanto a miedos, deseos y aspiraciones de todos los personajes. Midori es, por momentos, el trofeo que se disputan otros, y eso ayuda a que las sensaciones sean todavía más angustiosas. La asfixia, manifestada de muchas formas, también física, se convierte en un tema capital de una obra que, no obstante, hay que recordar que tiene una exigencia alta, que no se detiene demasiado en lo concreto y que hace de lo abstracto un motor muy evidente.
Maruo, eso sí, es un narrador gráfico tremendo. Las expresiones de las que dota a sus personajes son de las que se quedan grabadas en la mente del lector. Y además con fuerza. Si la historia genera desasosiego, y bien que lo hace, es en buena medida por lo que dibuja el mangaka, por el detalle que tienen sus viñetas, independientemente de que sea el primer plano de un único personaje, escenas grupales que parecen directamente frescos de El Bosco o splash pages con una brillante puesta en escena. A veces da la sensación de que hay dibujos en Midori, la niña de las camelias que podrían salir de este manga y cobrar vida propia, tanta las que muestran la inocencia de la pequeña como las que los hacen descender a los aspectos más oscuros del mundo en el que vive. Maruo cumple con lo que se propone y da forma a un cuento clásico de una manera muy personal, y más que un simple salto al manga lo que propone es una experiencia retorcida y por momentos muy espeluznante para el siniestro disfrute de quien quiera adentrarse en la mente de un autor extraño y consecuente con sus turbias ideas. No se guarda nada en Midori, la niña de las camelias, y eso siempre hay que agradecérselo a una historia, utilice el medio que utilice para su transmisión y conectemos más o menos con ella a nivel individual.
Shojo Tsubaki se publicó originalmente en 1984. No tiene contenido extra.

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