CÓMIC PARA TODOS

‘Sky-Doll’, de Alessandro Barbucci y Barbara Canepa

Editorial: Norma.

Guión: Alessandro Barbucci, Barbara Canepa.

Dibujo: Alessandro Barbucci.

Páginas: 208.

Precio: 39,95 euros.

Presentación: Cartoné con sobrecubierta.

Publicación: Septiembre 2019.

Hay varios aspectos que condicionan bastante el análisis de este integral Sky-Doll, por lo que empezaremos por lo básico: merece mucho la pena. El primer elemento importante para hacer una valoración es que estamos ante una serie muy prolongada en el tiempo y que además permanece inacabada, nada menos que dieciséis años separan el primero del cuarto álbum, por lo que no resulta sencillo evaluar si los objetivos se han cumplido del todo en esta serie ideada por Alessandro Barbucci y Barbara Canepa, coescrita por ambos, dibujada por el primero y colorada por la segunda. Por otro, sobre decir que Barbucci es un dibujante excepcional, lleva ya un tiempo volviéndonos locos con Ekhö, mundo espejo (aquí, reseña de su primer álbum), y en esta serie le vemos evolucionar y encontrar la manera más tremenda de dar vida a conceptos más que interesantes, y eso mismo también es un condicionante. La razón, sencilla, es que Sky-Doll entra por los ojos con tanta fuerza que hay algunos momentos de desconexión con la historia, mucho menos importante que el festival visual con el que Barbucci nos apabulla y a pesar de que hay tramas muy sólidas y temas más que interesantes como para que la atención no tenga por qué desviarse. Pero hemos dicho ya que merece la pena, y eso es algo que vamos a mantener en estas líneas.

Religiones y cultos, el alma de la máquina, escenarios de ciencia ficción de lo más apetecibles, hay mucho de todo esto en Sky-Doll, y con estos elementos Barbucci y Canepa construyen un viaje lleno de elementos fascinantes. Pero su peso es irregular. Al principio, enorme, pero con el paso de las páginas hay cuestiones que se van diluyendo, o que, sencillamente, se dejan devorar por el espectáculo visual que nos presenta la obra. Lo mejor que se puede encontrar en la obra es que hay muchas parábolas sobre los cultos, más o menos establecidos en nuestra sociedad actual, y que el camino a través del cual llegamos a los temas más interesantes es siempre el mismo: Noa. La muñeca sintética a la que seguimos por toda la galaxia tratando de averiguar si es un ser artificial, un trasunto humano, un recipiente o algo mucho más poderoso es la mejor manera de que cobren forma todas las implicaciones que hay en la historia. Y las hay, aunque a veces no es tan fácil verlas, dado el alto nivel de adrenalina e impulsos visuales que ofrece el relato. Quizá Sky-Doll requiere de más paciencia de lo que tendría que ser habitual para empaparnos de todo lo que estamos leyendo, para que de esa manera el estímulo sensorial encuentre un respaldo de categoría. Porque lo hay, aunque sea por momentos, y por eso es bueno hacer también este ejercicio.

Eso sí, sería negar la evidencia que no dejáramos muy claro que la explosión pop, colorista y de diseño que es Sky-Doll descansa por encima de todo en el dibujo de Barbucci. Aquí hay otro ejercicio muy interesante, y es el de ir viendo la evolución del ilustrador, especialmente por las diferencias que pueda haber entre el cuarto álbum y los tres anteriores. Estos aparecieron con una distancia más o menos normal en el mercado francobelga, pero el por ahora último de la serie llegó una década después del tercero. Y, sin embargo, sigue siendo puro Sky-Doll. Quizá con letra distinta, pero con un lenguaje universal para quienes entendemos a Barbucci como un genio visual de primer nivel. Sky-Doll es, se mire como se mire, un portento para la vista. Parte de unos diseños maravillosos de estilo cartoon que no hacen más que enriquecer una propuesta genuinamente de género y que la mejor ciencia ficción, probablemente la más seria también, sería capaz de abrazar sin problema. Aquí sí que no hay problema, en el dibujo no tenemos por qué no termina que nos falta un final al viaje, porque Barbucci es un tipo al que tanto da que estemos ante un momento teóricamente intrascendente como en uno culminante, que sea un clímax sexual o de acción, que haya humor o drama. Sky-Doll es una delicatessen visual. Y algo más que eso también, desde luego, si se entra bien en el juego.

El volumen incluye los cuatro álbumes de Sky-Doll, La ville jaune, Aqua, La ville blanche y Sudra, publicados originalmente por Soleil en noviembre de 2000, abril de 2002, enero de 2006 y mayo de 2016. El único contenido extra son las portadas originales de Alessandro Barbucci.

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Esta entrada fue publicada en 31 octubre, 2019 por en Alessandro Barbucci, Barbara Canepa, Norma, Soleil y etiquetada con , , .

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