CÓMIC PARA TODOS

‘La llamada del bosque de los suicidas’, de Desireé Bressend y Rubén Gil

Editorial: Karras.

Guión: Desireé Bressend.

Dibujo: Rubén Gil, Irene Roga, Eve Mae.

Páginas: 136.

Precio: 18 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Abril 2019.

Con El bosque de los suicidas (aquí, su reseña), El Torres expandió su personal universo de terror sacando la idea del lugar de donde proceden las tramas más aterradoras: la realidad. Es espeluznante que haya un bosque en Japón al cual la gente va a suicidarse, y el autor supo entender ese escenario como algo brutal para un cómic de terror que Gabriel Hernández Walta, ahora mundialmente reconocido tras su trabajo en La Visión, interpretó visualmente de una forma apabullante. Continuó con las buenas sensaciones en la breve Cuentos del bosque de los suicidas (aquí, su reseña), en esta ocasión con Fran Galán como ilustrador. Y ahora El Torres cede el testigo a Desireé Bressend para La llamada del bosque de los suicidas. Ya se sabe que las sombras de los creadores son alargadas cuando otros escritores se ponen a jugar con sus juguetes, pero en este caso tenemos dos bazas a favor. La primera, su bendición, pues es el mismo Torres quien publica el tebeo a través de sus editoriales, tanto la americana como la española, y quien lo defiende en las notas finales que hay en el libro. La segunda, más importante aún, es que la historia ha buscado un camino diferente. La historia cambia, es distinta, tiene otro ritmo, sin abandonar eso sí la quietud socialmente aceptada en Japón, y quiere generar sensaciones no diferentes pero sí complementarias, nunca idénticas.

La aportación más clara de Bressend es la narración doble. Tiene dos protagonistas, una japonesa y otra norteamericana, y juega con ellas para que sus palabras sean nuestra guía a través de la historia. Eso tiene un fruto bastante notable en el impactante final del cuarto número, que incluso podría haber sido sin muchos problemas el final de la historia de haberse interpretado de una manera diferente. Los dos funcionan, por lo que no hay problema en que ese sea el lugar de esa secuencia, que fácilmente se puede considerar el verdadero clímax de La llamada del bosque de los suicidas. Puestos a buscar diferencias con la historia original, esta de alguna manera es menor relato de terror que El bosque de los suicidas. Esta no deja de ser la historia de una mujer perdida y otra aparentemente más segura pero con algunos traumas a sus espaldas. La historia va sobre mochilas emocionales, y sobre cómo eso puede desembocar en lugar como el famoso bosque de Aokigahara. También es una mirada hábil sobre las diferencias culturales, que se plasman no solo en los detalles que vamos descubriendo sobre las dos protagonistas, sino sobre todo en sus diálogos. Eso es lo que hace que el ritmo no esté tan pendiente del género como de sus actores, y es lo que pone tierra de por medio con respecto al original aún respetando su marco y sus logros.

No se busca la reiteración ni en lo narrativo ni tampoco en lo visual, donde Rubén Gil hace un trabajo espléndido y tremendamente atmosférico. El bosque no es el escenario primordial de la historia, otra diferencia más, y eso hace Gil tenga que explorar terrenos bien distintos para generar sensaciones. Ahí también entran en juego dos formidables interludios manga a cargo de Ireno Roga y Eve Mae para plasmar momentos oníricos de enorme contraste con el grueso de la historia, también el espléndido trabajo de color de Gil en toda la obra y de Alexandra Thone en el segundo número, que aporta muchísimos matices al relato. Todo está pensado para que la atmósfera pese sobre el lector de la misma manera que lo hace sobre las dos protagonistas. Obviamente, las apariciones fantasmales tienen una influencia importante en la forma en la que el lector reaccione ante las páginas, y ahí también hay que alabar la imaginación del ilustrador para hacer algo que encaje con la mitología espectral japonesa sin sentirse tampoco atado por modelos preexistentes. La llamada del bosque de los suicidas se entiende así como un notable añadido a una mitología que funciona francamente bien y que, a pesar de una teórica limitación temática ha dado ya lugar a un número bastante apreciable de historias independientes sin mostrar síntomas de agotamiento.

El volumen incluye los cinco números de Call of the Suicide Forest, publicados originalmente por Amigo Comics entre enero y julio de 2018. El contenido extra lo forman las portadas originales de Tony Fejzula y Pasqual Ferry, unas notas finales de El Torres y un portafolio de ilustraciones de Rubén Gil.

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Un comentario el “‘La llamada del bosque de los suicidas’, de Desireé Bressend y Rubén Gil

  1. BRESSEND
    31 octubre, 2019
    Avatar de Desiree Bressend

    ¡Buah! Mil millones de gracias por la reseña y el análisis. Trabajar con todo el equipo fue genial y una gran responsabilidad.

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