Guión: Álex Ogalla, Carlos Díaz Correia, Roberto Corroto, Damián, Ricardo Vilbor, César Herce, Adrián Benatar, Elchinodepelocrespo, Fali Ruiz-Dávila, Manuel Gutiérrez, Christian Douglas, Maxi González, David Braña, El Torres, Raule, Daniel Estorach.
Dibujo: Antonio Navas, Ibon Sánchez, Amelia Navarro, Carlos Moreno, David Pérez, Carmen Cantero, Miguel Ángel García, Ana Morales, Judith Ballester Villalta, Guillermo Monje, Claudio Sánchez Viveros, Pablo Ballesteros, Daniel Morales, Lourdes Álvaro, El Flores, Alba Cardona, Sarah Torrelli.
Páginas: 168.
Precio: 16 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2019.
Es bastante infrecuente que las antologías realizadas por tantos equipos creativos diferentes como podemos encontrar en Viaje a Xambala vuelquen sus esfuerzos en un cómic infantil, pero es justo lo que tenemos entre manos. Dos niños pequeños, Mik y Sue, están perdidos, cada uno por su lado, en el reino mágico que se asoma al título del cómic, que de alguna manera tiene muchas deudas con el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Allí se van encontrando diferentes criaturas y retos que pondrán a prueba su paciencia y su inteligencia para encontrar una salida de Xambala y las razones por las que han caído en este extraño lugar. La clave de la diversión que ofrece el libro está precisamente en su estructura. Un desarrollo más lineal y típico seguramente habría hecho insostenible que el viaje de Mik y Sue se extendiera a lo largo de tantas páginas, pero así funciona muy bien, contado en pequeñas píldoras que se concatenan con palpable fluidez incluso aunque se note que hay un notable nivel de autoría en cada segmento. Hablamos, no lo olvidemos, de 17 equipos creativos en los que solo se repite un nombre, el de Manuel Gutiérrez, que firman dos de los segmentos, dúos que ya han trabajado juntos y otros que se encuentran por primera vez, pero en los que se notan muchas ganas de agradar al público objetivo.
Y si un lector joven sale satisfecho de Viaje a Xambala, el debate es inexistente. Hay muchos temas en el tebeo, eso es indudable, pero lo que prima por encima de todo es la imaginativa propuesta que tenemos entre manos. Aunque hablemos de cómic infantil, tampoco podemos dejar de lado que las mejores historias para niños son las que también encuentran resquicios para satisfacer al público adulto. El mayor impedimento que tienen los autores para alcanzar ese nicho está en la extensión de los capítulos, quizá algo demasiado breves para desarrollar esa faceta aunque sí sean suficientes para dejar las pinceladas con las que después llevar el relato a otro nivel. Pasa con la divertida recreación del mundo de los villanos que hace El Torres o el encuentro de Mik con su yo adulto en las páginas que escribe Fali Ruiz-Dávila, por citar solo dos ejemplos de lo que podemos encontrar y, a la vez, del muy variopinto tono que encierra la obra. Por eso hablábamos de autoría, porque más que escribir de forma consecutiva da la sensación de que entre autores había una comunicación de las sinopsis pero no tanto del tono, más allá de algo general, lo que permite que nadie esté constreñido y se puedan encontrar elementos muy distintos entre cada capítulo. Es, de hecho, la gracia que tiene el cómic, que con un nexo común tiene segmentos muy diferentes.
Eso también se puede aplicar, claro está, al dibujo. No hay una pauta a seguir y sí un respeto absoluto por el estilo de cada uno de los ilustradores que se asoma a Viaje a Xambala. Poco tiene que ver la comedia de Ibon Sánchez, muy cercana al dibujo animado, con el trazo tan particular de Guillermo Monje, por citar uno de los muchos saltos que pueden dar a lo largo de esta obra coral. Pero hay un respeto a lo básico, que es la imaginación. Se trata de que cada uno de los dibujantes sea capaz de dar rienda suelta a todas las locuras que se les ocurra y que entre todos sean conscientes de que están dando vida a un mundo muy especial. Hay 17, lo que abre un abanico inmenso de posibilidades, no solo visuales para el conjunto sino también de elección para el lector. Es divertido imaginar cómo podría haber sido una obra más extensa con el trabajo de cada uno de los dibujantes, pero es aún más gratificante comprobar que Viaje a Xambala es un maravilloso catálogo de muestras de un brillante grupo de autores. Esa es la parte que va para los adultos, porque los más pequeños tendrán más interés en saber los nombres de los personajes que de los artífices de esta aventura, pero es también la que da más valor a la obra, porque es algo que rompe la rutina y que se sale de lo frecuentes. Luego hay árboles que hablan y cosas así, pero la magia está tanto dentro como fuera de la página.
El único contenido extra es una guía de bestias del reino de Xambala.

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