CÓMIC PARA TODOS

Entrevista con Kenny Ruiz: «Cuando estaba haciendo ‘El cazador de rayos’, quería que todo me sonara a mí poético»

Puede que una edición de aniversario de un cómic como El cazador de rayos (aquí, su reseña) haga en realidad que todos nos sintamos un poco más viejos, porque muchos recordaremos la primera vez que lo leímos, pero por encima de todo supone un reconocimiento a una obra muy especial y a su autor, Kenny Ruiz, con el que siempre es un placer hablar de tebeos. Y a través de ellos, de lo divino y de lo humano. La nueva edición de Dolmen es una oportunidad perfecta para que Kenny nos cuente algunos detalles sobre el proceso de creación de El cazador de rayos, lo que nos lleva siempre a hablar de su faceta de creador y de la vida en general.

Ya hace veinte años de la creación de El cazador de rayos. ¿Qué le diría el Kenny de hoy al Kenny de hace veinte años si le cogiera por banda…?

¡Qué pregunta más difícil para arrancar! Si le coge por banda le diría… Haz un poco de ejercicio, haz yoga o algo porque te va a doler la espalda (risas). En realidad, no le diría nada, le diría “lo estás haciendo bien”, y ya está. He cometido un montón de errores, sobre todo personales y he hecho un montón de imprudencias que me han llevado a donde estoy, y ahí estoy muy feliz. Entonces, preferiría no cambiar nada, sería arriesgado. ¿Y si pierdo algo de lo demás? Nada, “lo estás haciendo bien, aguanta”.

¿No cambiarías entonces nada? ¿No eres de esos autores quisquillosos que leen su propia obra, la mira en detalle y piensa en lo que habría hecho de otra manera?

En algunas obras sí, pero en El cazador de rayos no. Se reduce a una regla que me enseñó mi madre y que siempre he dicho: si has hecho todo lo que has podido, no hay nada de qué lamentarse. En El cazador de rayos estoy 150 por ciento convencido de que hice lo mejor que sabía, estaba totalmente concentrado, focalizado y convencido de que tenía que hacerlo lo mejor posible. No tengo nada de qué arrepentirme, si algo no salió bien o algo no cumplió mis expectativas es porque yo no daba más. En cambio, sí ha habido otras obras en las que yo no estaba concentrado, he tomado decisiones equivocadas o he delegado responsabilidades que tenía que haber asumido yo. De eso sí me arrepiento, de no haberme entendido bien con mis compañeros de trabajo, de algún problema de negociaciones profesionales con cierto editor o con cierto compañero. En esas cosas sí pienso que me faltó madurez personal, más que madurez profesional, que nunca la he tenido, pero de El cazador de rayos no me puedo arrepentir de nada porque siempre trabajé muy feliz, en el sentido abstracto y amplio. Feliz, feliz no estaba, estaba bastante puteado y pasando una etapa de la vida muy exigente, pero contento porque tenía la convicción absoluta, cosa que me ha costado mucho recuperar, de que estaba haciendo lo que tenía que hacer. Me siento muy afortunado, muy pocas veces en la vida te puedes sentir así.

Siendo autor completo de la obra, que lo has sido durante buena parte de tu trayectoria, me llama la atención que en la entrevista que hay en esta edición hablas de un trabajo muy colaborativo, hablas de profesores, compañeros, de muchas conversaciones sobre cómo sacar adelante El cazador de rayos

Bueno, es que yo en realidad soy un cúmulo de toda la gente que me rodea, por suerte. El mayor talento que tengo es rodearme de gente con más talento que yo, ese es mi gran superpoder, siempre estar rodeado de gente superválida, creativa, eficaz y generosa. Siempre he tenido mucha suerte, en serio. Toda la gente que me rodea forma parte de mí y mi trabajo soy yo, me vuelco completamente. Siempre he escuchado y siempre he intentado sumar, cada persona nueva que se ha sumado a mi vida se ha sumado directamente a mi curro. Y además a mí no se me caen los anillos para nada, cuando no sé hacer algo pido ayuda. Yo no me metí en esto por la arrogancia. Óscar J. Vargas siempre, eternamente, dibujará mejor que yo, entonces cuando no sabía dibujar algo le preguntaba a Óscar. Ir de flipado no es mi caso. Yo dibujo tebeos porque tengo que contar la historia, pero ojalá los dibujara otro, ¡ojalá los dibujara Óscar! Si yo pudiera controlarle la mano a Óscar, dibujaría él y sería el tebeo más guapo del mundo. Cuando he necesitado ayuda, la pido a quien sabe. Con Mazi tuve la suerte de coincidir, compartíamos estudio, y es una persona supergenerosa, superhumilde y dibuja escenarios y máquinas de una manera increíble. ¡Coño, cómo no voy a apoyarme en él, si lo tengo al lado y va a mejorar la obra! Joan Fuster es de las personas más punzantes, críticas y acertadas de criterio, su feedback era clave, el guion se escribía en el Metro, cuando iba con él al trabajo, íbamos hablando, hacía las preguntas adecuadas, en el momento justo, y contestaba sin ningún tipo de compasión. Tener la suerte de tener a alguien así, con tanto talento, que te dedique su tiempo, es afortunadísimo. Que yo pueda firmar el libro es gracias a que toda esa gente me ha dedicado su energía. Mazi sí, los demás no han hecho trabajo directo sobre las páginas, pero han hecho trabajo directo sobre mí, me han construido a mí como persona y como profesional, y eso beneficia al curro. Poco agradezco a la gente que me ayuda lo que me ayuda.

Sí hay una manera de agradecerlo, que se ve en esta edición, que es con las ilustraciones que aportan al final del libro, algunos de los nombres que hay son los que has mencionado. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Se ha quedado fuera gente que te hubiera gustado que participara en ese homenaje a la obra?

Mira, eso es un poco movida. Ya no lo hago, de hecho. Yo quería un dibujo de todas las personas que fuesen importantes para mí, pero en realidad es un poco egoísta, yo estoy pidiendo un dibujo para mí, un dibujo gratis para una gente que cobra un dineral por dibujar. En realidad, me da mucha vergüenza pedirlo. En El cazador de rayos lo pedí porque en verdad estaba muy emocionado y para mí era muy importante, elegí a la gente que tiene un valor personal para mí. Kaneda, que se llama Álvaro Fernández, no era un ilustrador profesional, ahora se dedica a los efectos digitales pero en aquel momento estaba trabajando de fotógrafo, e hizo un fotografía inspirada en El cazador de rayos porque yo se lo pedí, pero realmente ese no es su trabajo. Sin Kaneda apoyándome durante todo el proceso, no hubiera aguantado. Puede que hubiese mejores ilustradores, más vanagloriados, pero no había gente más importante que esta. Hay algunos a quienes se lo pedí y se quedaron fuera, totalmente comprensibles, porque no podían o no les apetecía, la gente cobra por dibujar, y esto era un dibujo homenaje. Ahora que he rechazado un montón de homenajes que me han pedido, porque soy un puto rancio (risas), me di cuenta de la suerte que tuve de que estos aceptaran. Pero en realidad era un acto totalmente de egoísmo, yo quería ver cómo esta gente que había formado parte de mi experiencia y de mi obra te daba su visión, y de regalo lo podéis ver vosotros, los lectores, y eso está guay en la edición de Dolmen porque los podéis ver todos. No lo he vuelto a hacer, lo hice en Dos Espadas porque Glénat lo promovía. Hubo una época en la que estaba súper de moda, todos los libros lo traían. Los colegas, si no se lo pedías, incluso se molestaban, en plan “oye, ¿tú no vas a hacer homenajes?, en mi tebeo has hecho un homenaje”. Pero ya no lo pido más. Si alguien quiere hacerlo, lo agradezco infinito y si lo pudiera meter en cualquier tebeo lo metería, pero no lo pido porque es pedir algo para mí, es muy egoísta, ¡pero es la parte que más me gusta del libro, ver cómo Óscar ha dibujado a Kaín me flipa! O Mazi, que dibuja la escena de la máquina, que estaba ralladísimo con esa escena. Si le hubiera dejado dibujarla a él, molaría más (risas). O Ridard EFA, que fue tan importante en mi adaptación al mercado francés, era mi consejero todo el tiempo. O Jaime Martín, que por un error de edición no salió en el primer recopilatorio de la serie, y yo tenía eso clavadito, fue mi profesor de color y es el mejor profesor que puedas tener, porque es un tío ultrapráctico, todos los consejos que me dio fueron teniendo en cuenta mis limitaciones y buscando cómo ayudarme, no buscando cómo idealizar la obra, me ayudó muchísimo y cada vez que lo veo me da una alegría terrible. O Beroy, que le torturé en clase de proyectos, sin él no habría El cazador de rayos, qué quieres que te diga. Todas las ilustraciones que hay son una pieza de mi historia, y que estén ahí es un regalo para mí.

Con todo lo que estás contando del proceso, no me parece nada casual que uno de los temas de la obra sea la fe… ¿Eso lo extrapolas a esa fe que tú tenías en sacar adelante la obra, tiene que ver con Kaín, con Yuvia, y con todo lo sucede ahí?

El personaje de Kaín es un conductor estupendo de todas mis frustraciones, y por supuesto su fe y sus crisis de fe tienen mucho que ver con las mías. Yo tengo un apego especial a la palabra fe, porque me parece que tiene un grandísimo significado en muchos estratos de nuestra vida, pero en realidad solo la utilizamos cuando hablamos de la religión es sí misma. Es como si la religión se hubiera apropiado de ese término. Parece que si dices que tienes fe solo puede ser en Dios, y además en Jesucristo, no puede ser otro. Que también influye, también se trata en el tebeo, de hecho Kaín es víctima de una creencia abstracta en la cual la peña deposita su fe. La fe es una palabra que no sé si hay otra en el lenguaje que aglutine tantas cosas. Conlleva esperanza, responsabilidad, verdad, una verdad supuesta, quizá inventada pero esperada, conlleva expectativas, apego, cariño, pero también miedo. Es una palabra que comprende casi todas mis ansiedades. La conocí de pequeño a través de la religión, mi madre la practica y la utilizaba para explicar cosas que para mí son inverosímiles. Pero también existe la fe en los otros, la fe en el sistema, en la ley, en la justicia, la fe en que el semáforo se ponga rojo como dice Víctor Santos en el prólogo. Cuando lo escribió casi lloro, porque este tío lo había entendido perfectamente. Cuando cruzas la calle tienes fe en que el que viene con el coche pare, lo esperas, lo das por sentado… Todos esos términos son la fe, en los demás. Todo lo que nos rodea se define en qué y en quién depositamos nuestra fe, y es algo que no se habla. Se utilizan eufemismos, hablamos en otros términos porque da vergüenza utilizar esa palabra. Pues yo no, estoy obsesionado con esa palabra, creo que condiciona nuestra vida y a mí me condicionaba. Yo era consciente cuando era pequeño de que estaba depositando mucha fe en mí mismo, en que podía ser un dibujante de tebeos y que podía ganarme la vida con ello cuando nada indicaba que eso pudiera ser posible. Y como un acto de fe, lo entendía como algo falible, como Indiana Jones cuando da un paso en el Salto del León. Es falible la fe, puede errar, tienes que dudar de ella, tienes que pensar “y si no sale, ¿qué?”. Yo no quiero tener fe ciega, que esa es la verdadera cuestión. La gente que habla de fe, asume que es fe ciega, que si tienes fe en Dios es fe contra viento y marea, y yo eso no lo comparto. Yo comparto la fe en la que crees en algo pero también lo cuestionas, lo pones a prueba, te lo planteas. La fe ciega, la religiosa, no me interesa. Me interesa la fe reflexionada, si acaso. Quizá alguien más avezado en el lenguaje que yo encuentra un término más apropiado, pero el que me representa a mí es eso. Miyazaki dice que solo hablas de un tema en tu vida, que solo hay un gran tema que te obsesione y lo que encuentras son diferentes puntos de vista para abordarlo, y tengo la certeza de que ese es el mío. Cómo abordar la fe en uno mismo, en los demás y en algo en lo que tú lo deposites.

Si lo piensas, sí… Dos Espadas, incluso Telémaco aunque no lo escribas tú sino Kid Toussant…

Telémaco tiene fe en su padre y contra todo. Yo es lo que utilizo. Para conectar con Telémaco, aunque no lo haya escrito yo, es lo que yo utilizo, que tiene fe en su padre, y que está dispuesto a ser tonto si hace falta antes que traicionar eso.

Y en el mundo del cómic profesional de hoy en día, ¿qué fe hay? ¿Es fe ciega? ¿En el talento? ¿En el trabajo?

En la suerte. Pero es una pregunta compleja, ¿eh? No te lo puedo contestar del todo porque no conozco tantos autores jóvenes, que son los que tendrían que escribir cómo es el cómic hoy. Desde mi punto de vista, creo que los chavales de hoy en día confían mucho en encontrar su hueco, pero no saben dónde. Confían mucho en la suerte, en encontrar el modo, y a mí eso me fascina. Mi equipo de El taller es alucinante. Se tiran al barro a veces con proyectos que dan mucho miedo, pero lo consiguen colocar y lo llevan adelante, a veces con proyectos de Kickstarter, por medio de webs, otros lo han hecho gratis, otros por la vía tradicional, a través de editoriales europeas, otros lo han hecho totalmente a su bola. Pero tenían fe en que iban a encontrar un medio, porque hoy en día pueden confiar en eso, pueden confiar en que el camino está por andar. En cualquier caso, aunque eso es un nuevo factor en la ecuación, siempre será fe en uno mismo. Cuando te sientas delante del papel, o tienes fe en ti mismo o estás perdido. Eso ha sido así siempre y siempre lo será, da igual que cambie el negocio y da igual que no se hagan cómics nunca más. Cualquier persona que quiera contar algo que emocione a los demás, lo tiene que hacer porque cree que tiene algo que contar, y eso es tener fe en ti mismo. Si no eres capaz de decírtelo, no lo vas a conseguir. Tienes que tener el valor de decirte que estás dispuesto a creer en ti mismo, a riesgo de equivocarte. Y eso yo lo veo mucho hoy, los chavales tienen muchos huevos. No me voy a sumar para nada a lo de la generación perdida, tenemos una cantidad de autores jóvenes que tienen un valor que ya me hubiera gustado tenerlo para mí.

Cuando pasan veinte años y ves una edición de un trabajo tuyo como esta, ¿qué sensaciones te despierta?

Pues mira, a lo mejor te decepciono, pero pocas. Me alegra verlo en grande, tenerlo en otra edición, me alegra que la gente lo pueda leer, gente que no lo había visto en su día, y me crea mucho desconcierto que lleguen chavales jóvenes que lo lean y me escriban para decirme que les ha gustado mucho. Me sorprende mucho que todavía haya gente que lo pueda descubrir y le guste. Yo lo veo muy antiguo a muchos niveles. Pero si te soy sincero… Cuando yo lo hacía y soñaba con el día en que pasaran veinte años y le hicieran una edición de lujo, creía que sería un gran día, que me iría de copas o algo así, lo celebraría, lloraría, pero en realidad, por suerte, estoy más presente en mis proyectos actuales y no tengo mucho tiempo para pensar en mis proyectos pasados. Tengo que estar concentrado en el ahora, en el mañana si cabe, pero no en el ayer. Me alegra muchísimo que a la gente le siga gustando, más que el hecho de que se haga esta edición. Si se siguiera vendiendo la edición anterior, me daría igual. O que no se venda más, que la gente se lo siga prestando, la peña se lo siga leyendo y me digan que les ha encantado. Eso es la hostia, que una idea que tuve hace veinte años me siga conectando con personas, yo creo que se trata de eso. Pero así a nivel nostálgico lo veo y me parece enternecedor. Pienso cuando hice aquella cagada, me acuerdo de Mazi, de los colegas, de mi hermano y cómo me dio feedback, de cuando vivía en Barcelona… Me acuerdo de cuándo lo hice y eso sí me da nostalgia. Pero el trabajo en sí mismo, es un trabajo que hice en el pasado y que ya está hecho, y ahora tengo que pensar en lo que tengo que hacer. Ha sido como “mira, qué guay, lo han sacado, de puta madre, a lo siguiente”.

No quiero terminar sin hacerte una pregunta mucho más trivial, pero es una de las primeras cosas que me llamó la atención del tebeo.. Kaín con “k”, Yuvia con “y”… ¿Por qué?

(Risas) Porque soy un zoquete. No, es una idea un poco de bombero, no sé si la repetiría. Publicado en Francia, fíjate el sentido que tiene… En el caso de Yuvia, no quería que se confundiera con la lluvia de llover. Escrito, cuando se refieren a la niña, podía complicarme algunos diálogos, podía parecer que se referían a la lluvia cuando están hablando de la niña. Para evitarme ese tipo de confusiones, pensé escribirlo diferente. A nivel de coherencia interna, tenía un sentido que creo recordar que incluso llegué a escribir un diálogo que lo justificaba, pero era muy estúpido, ahora me lo parece, menos mal que lo quité. Era algo así que como no saben leer, todo lo escriben mal. Es una manera de decir que todo lo que han aprendido del mundo antiguo está mal interpretado. Pero es algo tan sutil, tan interno, que al final no trascendería al lector, así que lo eliminé. Pero se quedó. En Kaín, me molestaba mucho que se asociara enseguida al pecador original. A mí el nombre de Caín me fascina, tiene una sonoridad brutal y aparte el personaje de Caín me parece muy controvertido, poco explorado e interesante. Se le carga a él el pecado original, me parece un buen nombre para que lo heredara mi personaje. Pero sobre todo por la sonoridad, ¿eh?, simbología también, pero me preocupaba que al leer Caín la gente pensara que esto era una adaptación bíblica, que en algún momento fuera a aparecer Abel o algo así. Creí que era una manera fácil de escapar de ese tipo de premisas. Pero luego, por ejemplo, Gabriel si es por el Arcángel Gabriel y está escrito normal, así que no era una regla que mantuviese todo el tiempo. Otto no tiene ninguna referencia a nada, Akiles sí… También es que los nombres bíblicos me gustan un montón, son superrimbombantes, y suenen muy guay. Me acuerdo de mi primer personaje, cuando era niño, niño, igual tenía diez años, que hice un tebeo a lápiz, se llamaba Azrael, que yo no sabía ni quién era, lo habría escuchado y me encantó como sonaba. A mí el rollo judeocristiano me mola, ¿por qué no usarlo? Jasón, todo el mundo lo llama Jason, porque creen que es yanqui, pero es Jasón por Jasón y los Argonautas. ¿Qué coño hago? No sé, cada nombre es una especie de homenaje a todo lo que me incluye y me importa.

¿Y el nombre de Cáncer?

Para mí, el misterio de todo esto es Cáncer, no tengo ni puta idea de por qué se llama así pero fue el primer nombre que puse. ¡Es acojonante! Cáncer viene de una historia que hice antes de El cazador de rayos, que no llegué a dibujar, una historia corta que escribí, de la cual cogí varios elementos como la locomotora convertida en tanque, y el mecánico de aquel tanque de aquella historia corta ya se iba a llamar Cáncer y tenía una cicatriz en la cara cosida como si fuera de otra piel o una piel putrefacta, y era mudo. Y ese personaje lo heredé, o lo evolucioné, pero no tengo ni idea de por qué se lo puse. Y además era un nombre que muchos colegas me dijeron que lo cambiara porque se iba a pensar en la enfermedad, y yo pensé en la constelación, en el signo del zodiaco, en el Caballero de Cáncer. Pero por mis huevos que no lo cambiaba… Creo que ni en su día lo sabía, no sé por qué lo puse, fue un pálpito y desde que se editó nadie, jamás, me ha puesto ningún problema con ese nombre. Ningún lector me ha preguntado por qué Cáncer, por qué Kaín sí, pero Cáncer no, a nadie le importa, fíjate tú con los conflictos que generaba… Hay que seguir tus instintos, porque a veces das con algo que a ti te palpita por una razón mística y si te palpita a ti le puede palpitar a alguien más. Y a mí es el nombre que más me gusta. Ginebra también me gusta mucho, los franceses lo dicen rarísimo y cuando me la piden en las dedicatorias a veces no entiendo de lo que hablan… (risas). Me parece superbonito, la reina artúrica, era como los mitos que me faltaba por meter. Me acuerdo perfectamente de que a Dante se lo puse porque guía a Ginebra cuando estaba buscando entre las ruinas, era como dar un paseo por los infiernos, de manera poética. Para mí en El cazador de rayos todo es muy poético. Quizás no lo sea, quizás solo sea un tebeo de ciencia ficción, pero cuando lo estaba haciendo quería que me sonara a mí poético, cada escenario, cada nombre, cada diálogo… Todo tenía para mí, o debía tener, diferentes niveles de lectura. Y supongo que por eso buscaba nombres tan complejos, que hubo gente que se me quejaba, ¿eh? Óscar, precisamente, que hemos hablado de él mucho, decía “¿pero aquí todo el mundo por qué se lama así?, ¿no hay ningún Paco o ningún Manuel?”. ¡Pues no! ¡En el tebeo de Kenny Ruiz todo el mundo es épico hasta la muerte!

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Esta entrada fue publicada en 23 octubre, 2019 por en Dolmen, Entrevista, Kenny Ruiz y etiquetada con , , .

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