Guion: Joshua Williamson.
Dibujo: Riley Rossmo.
Páginas: 152.
Precio: 16,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2019.
Las rarezas llaman la atención y Deathbed. Lecho de muerte es claramente una historia que encaja en esa categoría. ¿Es posible que el hombre más grande de la historia pueda ser un gran desconocido? ¿Y que este hombre tan excepcional tenga el ego tan grande que quiera que alguien cuente su historia cuando está a punto de llegar a su final? ¿O que alguien esté dispuesto a asesinar a todos los que le conocen y podrían hablar de él para que esa historia jamás llegue a contarse? Todo eso es lo que nos cuentan Joshua Williamson y Riley Rossmo en esta serie limitada, recogida en este volumen integral, y lo hacen de una manera dinámica y con algunas dosis de sorpresa bastante interesantes. Es una locura en toda regla, y eso probablemente haga que el lector arquee las cejas tantas veces como carcajadas se produzcan durante la lectura, pero si se conecta con el caos que propone Williamson es bastante fácil disfrutar de la desbordante historia que plantea. Porque con el dibujo de Rosmo es muy sencillo conectar. La cuestión es que todo es tan loco que abruma bastante. Cabe preguntarse cómo habría sido esta historia de haber tenido como protagonista a un héroe que el lector reconociera rápidamente, sin necesidad de presentaciones, pero es tan complicado imaginar una libertad creativa como la que explotan sus autores con un icono.
La idea de Williamson, de hecho, es que sintamos esa iconicidad en este Antonio Luna, un tipo extravagante y con unas altísimas dosis de arrogancia que, de hecho, son las que provocan los mejores momentos de la historia, tanto en el propósito central como en secuencias aparentemente más pequeñas. Lo que realmente resulta divertido de Deathbed es que una historia tan aparentemente conducida a ser a mayor gloria de un único personaje se convierte en una buddy movie cómica bastante interesante de la mano de Valentine Richards, la escritora que recibe el encargo de narrar la vida de Luna. La sinergia que se produce entre ellos es muy divertida y se acaba convirtiendo en el motor de la historia con bastante elegancia, superando incluso todas las posibilidades que tiene la épica que busca contener el relato, con sus escenarios imaginativos y sus locuras incontenibles. Eso, siendo divertido, no solo no es lo mejor del relato sino quizá también el mayor impedimento para que una historia no demasiado larga tenga algunas dificultades de cohesión. Williamson trata de contar tantas cosas, con tanto ritmo y tanta adrenalina, que da la sensación de que la mayoría de los temas y escenarios podrían haber contado con un desarrollo mayor del que realmente disfrutan, y eso no deja de ser un pequeño límite a la serie.
En el dibujo, en cambio, Rossmo da tienda suelta a la locura de una manera deliciosa. Sus diseños algo exagerados acaban siendo perfectos para mostrar la relación entre los dos protagonistas y también la deliciosa inventiva que hay para crear escenarios increíbles y personajes extravagantes. Es de lo que se trata en Deathbed, que sintamos que nos movemos en un escenario imposible, que sus personajes son realmente más grandes que la vida y que estamos asistiendo a una historia épica y sin límites. Rossmo disfruta con la acción y también con la comedia, que son los dos elementos más obvios del relato, pero no podemos dejar de lado que se busca también un componente emocional en muchos momentos de la historia y esos también los refleja bastante bien el ilustrador, como también una narrativa bastante agradecida en algunos momentos menos intensos. Del dibujo de Rossmo no se pueden lanzar más que elogios, pero es cierto que las rarezas que tiene Deathbed hacen que probablemente no se llegue a entender todo lo que se propone Williamson en una primera lectura, después de la cual probablemente el juicio sobre este trabajo sea algo injusto. Y es que hay muchas cosas que ver, que procesar y que analizar, y la explosividad que tiene este tebeo hace que sea más complicado asimilarlo todo.
El volumen incluye los seis números de Deathbed, publicados originalmente por Vertigo entre febrero y julio de 2018. El contenido extra lo forman las portadas originales de Riley Rossmo y una galería de bocetos.

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