Guión: Arata Miyatsuki.
Dibujo: Yuya Kanzaki.
Páginas: 192.
Precio: 8,50 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Junio 2019.
Llevamos ya bastante tiempo atrapados por la figura del villano, hasta el punto de que se ha convertido en protagonista habitual de novelas, películas, series y por supuesto cómics. Es el caso de Crimen perfecto, una serie que se plantea como una colección de relatos cortos que giran en torno a la figura de Tadashi Usobuki, un asesino que va aceptando encargos que le sirven para ir tocando temáticas de lo más variada. Empezamos, sí, por la búsqueda del crimen perfecto en el primero de los relatos cortos que contiene este volumen, pero ese no es el motor de la serie. Lo es el asesinato por sugestión, aunque no siempre se opta por ese camino, porque hay crímenes bastante explícitos en los que la violencia es bastante cruda y nada sugerida. Quizá sea en la consistencia del planteamiento donde menos acierten Arata Miyatsuki y Yuya Kanzaki, quizá empeñados en ofrecer un amplio abanico de escenarios en los que mover a su macabro protagonista más que en darle un poso más estable o una historia previa que le explique como personaje, pero la variedad de los casos que vemos sirve para romper la monotonía con bastante facilidad. El resultado de lo que vemos en este primer volumen es una lectura dinámica y sugerente, de la que se puede sacar mucho debate ético para complementar la cínica frialdad del asesino cuyos pasos seguimos.
Teniendo en cuenta su formato e intenciones, las amenazas que acechan a Crimen perfecto son bastante evidentes, y aunque en algunos momentos se pueda sentir cierta reiteración, Miyatsuki se las arregla pasa que eso no derive en una falta de entretenimiento. Parte de estereotipos claros, cierto (la agente de policía que sucumbe a los encantos de su sospechoso, el padre que quiere vengar el crimen cometido con su hija, la mujer que transforma todas las señales a su alrededor como signo de una conspiración contra ella), pero los sabe usar con cierta habilidad para complementar a su protagonista, al que mantiene en muchas ocasiones en un discreto segundo plano para que la sugestión se manifieste no sólo dentro de las páginas de Crimen perfecto, sino también a este otro lado, en la posición del lector, que tiene espacio de sobra para imaginar quien es realmente Tadashi y cómo comete sus asesinatos. Hay, por tanto, un doble juego que compensa el hecho de que, en realidad, todas son historias bastante sencillas que siguen unas normas muy básicas. Es un manga ciertamente juguetón en muchos aspectos, y Miyatsuki ofrece buenos escenarios en los que desarrollar los crímenes, de esos que invitan a pensar aunque se ve venir la resolución con cierta claridad en la mayoría de los casos.
Con un protagonismo tan marcado como el de Tadashi, a veces más en espíritu que en presencia real en el manga, es obvio que el principal objetivo del dibujo no podía ser otro que dotarle del carisma necesario para que cumpla con el papel que le asigna Miyatsuki. Ahí se puede decir sin miedo que Kanzaki hace un muy buen trabajo, porque la mirada del asesino se siente en cada viñeta como algo contundente y misterioso a partes iguales, y no es difícil imaginar que su hieratismo y su frialdad son la base de todo el conjunto narrativo, hasta cuando no está en el plano. Quizá haya algo más de irregularidad en el resto, en los personajes secundarios de cada relato, en lo escabroso, en los momentos visualmente más atrevidos y crudos. La puesta en escena se impone claramente sobre la idea de presentar secuencias de una manera realista, y ahí es donde también, como en la historia, se bordea la repetición. No es fácil buscar diversidad cuando hay un protagonista que tiene unas señas de identidad que condicionan tanto los relatos que puede protagonizar y, eso sí, es bastante sólido con el efecto que consigue en cada aparición de Tadashi. El primer volumen de Crimen perfecto se puede evaluar así como un thriller psicológico que juega buenas cartas para intrigar aunque no consiga ganar todas las manos, y que sobre todo presenta una buena base para expandir este universo por caminos muy diferentes y apostar por vías más atrevidas si cabe.
Shueisha comenzó a publicar Funohan en 2013. No tiene contenido extra.
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