Guión: Manuel Gutiérrez.
Dibujo: Alex Nieto.
Páginas: 72.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2019.
Cuánto cuesta ver la mitología patria como base de una buena historia de fantasía y qué agradecido suele ser el resultado cuando hay autores y editoriales que se animan a explorarla. Esta idea se asoma durante la lectura de La invocación de Ion gracias a su notable interpretación del paganismo vasco anterior a la época del Imperio Romano, y pasado por la batidora de Manuel Gutiérrez, un autor que ya ha demostrado lo bien sabe dar forma a mitologías de corte fantástico con las por ahora dos entregas que forman Sello de dragón (aquí y aquí, sus reseñas) que se cerrarán con una tercera parte el próximo año. Como sucedía en aquellas, tampoco resulta difícil imaginar que este mundo, el de La invocación de Ion, obtenga algún tipo de continuación, ya que tiene unas bases sólidas y bien construidas, en las que estos mismos personajes u otros que Gutiérrez se sacara de la manga en caso de necesitarlos podrían servir para obtener nuevas aventuras. Esta es la forma de decir que lo que tenemos aquí es una historia cerrada, pero que a la vez deja los suficientes flecos en su pasado y en su futuro como para que no se vea como algo limitado o intocable. Y más con el sugerente dibujo de Alex Nieto, que da mucha personalidad a la historia para disfrute de lectores de todas las edades.
A tenor de lo indicado, es fácil encontrar el punto fuerte y el punto algo más débil de La invocación de Ion. Impresiona lo bien que Gutiérrez mezclar esos elementos folclóricos y mitológicos con unos personajes bien construidos, y que eso le sirva para dar forma a una historia que puede alejarse con naturalidad del clásico origen. Aterrizamos en mitad de algo, pero no nos hace falta ningún episodio cero que nos ponga en contexto. Y eso, que en apariencia es sencillo, es algo bastante complejo. Lo es, además, porque Gutiérrez da la sensación de aprovechar en arquetipos clásicos de la literatura fantástica, pero sabe también encontrar un lado oscuro que le sirve no solo para hacer progresar a los personajes, sino a la historia y al universo. Todo al mismo tiempo y con fluidez. Eso mismo también conduce a que la historia puede resultar algo apresurada, como si hubiera tantas ganas de contarlo todo que el espacio acaba siendo una limitación. Por eso se produce esa sensación de que la historia puede seguir delante de la forma en la que Gutiérrez quiera. Es, en todo caso, una puerta de entrada notable, un comienzo que puede quedarse aquí y continuar en la imaginación del lector o seguir adelante en páginas impresas. Con tantos elementos como aparecen aquí, ambas situaciones serían satisfactorias.
Hay también mucha imaginación en el dibujo de Nieto y soluciones bastante inteligentes para dar forma a la historia. Busca entre espacios conocidos, y se nota que la influencia más notable es la de Mike Mignola, una que explota en su fantasía, en sus personajes principales y también en la atmósfera que hay durante todo el tebeo. La ambientación, desde luego, es la mejor baza que juega Nieto para que La invocación de Ion acabe resultando un tebeo tan entretenido y visualmente atractivo. Porque lo es, parte de personajes bien diseñados, con el carisma suficiente como para suplir la falta de información intencionada que hay sobre todo en las primeras páginas de la historia, que es cuando se está construyendo la base a todos los niveles, también en el aspecto de los protagonistas. Estamos, en todo caso, ante un viaje muy entretenido y con bastante más ambición de lo que pudiera parecer a simple vista. Esa es la gran baza de un tebeo que sabe a lo que juega y que convence con bastante facilidad, incluso sabiendo que en su medio centenar de páginas estamos obteniendo un esbozo de algo que se antoja mucho más grande. Lo que nos deja este volumen, en todo caso, es un notable ejercicio de fantasía, que conjuga un buen trabajo de documentación con ideas propias que en todo momento se demuestran eficaces.
El contenido extra lo forman unas notas finales de Manuel Gutiérrez, un portafolio de personajes y un epílogo del historiador Ricard Ibáñez.
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