Editorial: The Rocketman Project.
Guión: Carlos Díaz Correia.
Dibujo: Montse Mazorriaga.
Páginas: 80.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Mayo 2019.
Nellie Bly es una de esas figuras pioneras que daría para muchos tebeos. De hecho, fue una de las figuras históricas que escogieron Pénélope Bagieu en Valerosas (aquí, su reseña) Sergio Parra y Nuria Aparicio en Las chicas son guerreras (aquí, su reseña) y Assia Petricelli y Sergio Riccardi en Chicas malas (aquí, su reseña) para demostrarnos que siempre ha habido mujeres brillantes y valientes dispuestas a romper moldes y adentrarse en terrenos que hasta su llegada se consideraban de hombres. Nellie Bly. Diario de una viajera es una de esas mil historias que podrían contarse, la de su vuelta al mundo, el primer intento en solitario de una mujer por emular y superar el viaje de Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. De entre todas las vivencias de esta reportera singular, esta es la que Carlos Díaz Correia ha escogido, y es una de las más estimulantes por la variedad de escenarios que permite, y es la que nos ha permitido descubrir desde el mundo del cómic las finas acuarelas de Montse Mazorriaga, que es quien ilustra esta aventura con delicadeza y precisión. Sí es cierto que el libro sabe a poco, porque ese viaje de dos meses y medio sin duda estuvo más trufado de detalles y anécdotas de lo que cuenta Correia, pero es una espléndida manera de conocer a esta reportera y de entender lo que supuso apenas uno de sus atrevidos reportajes.
La labor de síntesis de Correia, no obstante, es elogiable. Puede que hubiera más material, eso parece claro si nos atenemos a las características del viaje que narra, pero es también una virtud para un autor el ser capaz de dar una idea general de algo tan ambicioso como una vuelta al mundo en tan poco espacio, apenas 80 páginas. Lo mejor está en la sensación tan agradable que deja su lectura, en el hecho de que se comprende de primeras que estamos viendo algo que fue históricamente extraordinario, aunque hoy se puede mirar con un prisma de cotidianidad, y que su protagonista se ganó a pulso y con terquedad que el mundo tomara en serio su trabajo. La aparición del propio Verne en la historia, al margen de su dimensión histórica, hay que entenderla como un brillante argumento de autoridad para defender esa tesis. El punto de fantasía que tiene la historia se agradece incluso aunque quede algo demasiado difuso, pero sobre todo destaca por el retrato amable que hace de su protagonista. En Diario de una viajera se trata por encima de todo de entender su proeza y el contexto en el que se produce, y para ello Correia introduce inteligentes pinceladas sobre Bly que además ayudan en las transiciones entre escenas. No todas sus escalas están definidas con el mismo detalle, y eso provoca un ligero desequilibrio, pero aún así el viaje es muy agradecido y funciona con bastante eficacia.
Lo mismo sucede con el dibujo de Mazorriaga. Su apuesta es sencilla, porque de lo que se trata es de sumarnos a su viaje de una forma natural y fluida. No somos espectadores, sino acompañantes, y tenemos que sorprendernos de la misma manera que Nellie. Eso sucede en las páginas de Diario de una viajera no solo con el trazo de su ilustradora sino también con el color, siempre suave y en el que solo resaltan pinceladas de color azul que nos vienen a matizar ese toque onírico que casi parecen tener sus páginas. La apuesta de la obra, también en lo visual, es la de poner a su heroína por encima de los muchos y distintos escenarios en los que se desarrolla su viaje, y eso es algo que queda claro ya desde la cubierta del libro, acentuándose en las páginas interiores por un interesante desdibujado de los escenarios y los fondos, como si todo quedara a medio hacer y lo viéramos con un filtro. Nellie Bly. Diario de una viajera es un espléndido vehículo para hablar de su protagonista con un cierto tono didáctico y para recordarnos eso en lo que siempre insistimos y que ya no habría que recordar pero que todavía parece necesario, que las cortinas de la historia han tapado a muchos nombres de mujer que están, como poco, a la misma altura de hombres que sí han llenado con sus logros y aventuras los libros de texto e incluso de la narrativa popular.
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