Guion: Alejandro Jodorowsky.
Dibujo: Jérémy.
Páginas: 56.
Precio: 17 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2019.
Con Albedo, la obra en blanco, Alejandro Jodorowsky y Jérémy alcanzan el segundo álbum de su particular ucronía fantástica para contarnos la historia de Luís XVII, Los caballeros de Helipópolis. Y es una segunda entrega que incluso mejora el resultado de la primera (aquí, su reseña) porque es capaz de mantener una capacidad de sorpresa que suele perderse con frecuencia en un segundo álbum. Y la clave está en la forma tan natural que encuentra Jodorowsky de seguir contándonos el mismo relato pero introduciendo un personaje cuyo carisma rivaliza con el del protagonista, y que no es otro que Napoleón Bonaparte. El gigantesco ego de quien fue uno de los mayores estrategas de la historia encaja de maravilla en el tono que marca la serie, y el hecho de contarnos su vida como un relato dentro del principal aporta una chispa a la narración y al ritmo que seducen con mucha facilidad, porque siempre se tiene la sensación de seguir muy metidos en el tronco central de Los Caballeros de Helipópolis y a la vez transitando por arenas movedizas que no se sabe hasta dónde nos van a llevar. Se intuye, eso sí, un clímax espectacular y Jodorowsky y Jérémy nos lo ofrecen sin guardarse nada, y eso tanto ellos como nosotros los lectores sabemos que esto no deja de ser un brillante interludio dentro de la serie.
Por alguna razón, sigue pareciendo necesario insistir en que Jodorowsky ha optado por el camino de la ucronía pero también, y en realidad sobre todo, por el de la fantasía. La presencia de Napoleón acentúa todavía más esa necesidad de recalcar lo que tendría que resultar obvio. Pero para cuando llegamos a la conclusión de este segundo álbum ya no hace falta decir nada más, solo seguir disfrutando con lo que nos propone Jodorowsky, su particular juego de tronos en la Europa napoleónica. Este nuevo y de alguna manera inesperado protagonista tiene un objetivo que no nos aleja en absoluto de su realidad histórica, la dominación del mundo conocido, y la introducción de elementos mágicos y esotéricos es muy inteligente por parte del escritor, que domina francamente bien los dos tiempos del relato y encuentra un espléndido narrador de ambos, que no solo cumple esa función sino que también tiene un papel fundamental en los planes de Luís XVII en su propósito de recuperar el lugar que le correspondía por nacimiento. La intriga, que es muy buena, se complementa con buenas dosis de acción. Y lo que en el primer volumen podía generar legítimas dudas sobre el alcance de la serie, en este segundo se convierte en certezas. Está por ver donde nos llevará el tercero, pero este es un evidente paso adelante.
En el dibujo, en cambio, las sensaciones son muy parecidas a las que dejó la entrega original de Los Caballeros de Helipópolis, esto es, francamente buenas. Jérémy dibuja con fuerza e intensidad, y tanto le da un escenario completamente histórico que uno en el que aparezca un simio gigante, no le importa que pasemos de una flota en el mar a una incursión en el desierto. Por eso el resultado es tan espléndido, porque en no demasiadas páginas, las que permite un álbum del mercado francobelga, hay una tremenda variedad de escenarios, personajes y ritmos, lo que añade todavía más disfrute a la experiencia que se nos propone, con la versatilidad por bandera y el espectáculo como premisa ineludible. Su manejo de los fondos, de las escenas más fantásticas y por supuesto de la acción brutal de la escena con la que concluye el álbum, que aporta una planificada coreografía al tiempo que una brutalidad que surge del momento, son sus puntos fuertes. Los Caballeros de Helipópolis sigue siendo en cierta medida un enigma, porque hasta ahora hemos visto una introducción y un interludio, pasos que se antojan necesarios en una historia de mayor recorrido como pretende ser esta. Pero lo que no se puede obviar es que estamos ante una serie en crecimiento, además desde una base bastante sólida.
Glénat publicó el segundo álbum de Les chevaliers d’Héliopolis, Albedo, l’oeuvre au blanc, en abril de 2018. No tiene contenido extra.
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