Director: James Huth.
Reparto: Jean Dujardin, Michaël Youn, Sylvie Testud, Daniel Prévost, Alexandra Lamy, Melvil Poupaud, Jean-François Balmer, André Oumansky, Gabriel Corrado, Carolina Presno, Mathias Sandor.
Guión: Sonja Shillito, James Huth, Jean Dujardin.
Música: Bruno Coulais.
Distribuidora: A contracorriente.
Duración: 103 minutos.
Estreno: 21 de octubre de 2009 (Francia).
Desde hace años resulta patente que algunas de las características del cómic europeo, como también las del español, hace francamente difícil que haya una adaptación al cine de personajes nacidos en la BD que satisfaga a todo el mundo, en fondo o en forma. ¿Dónde están esas versiones definitivas de clásicos del tebeo europeo como Spirou, Tintín o Los Pitufos, por citar solo unos cuantos iconos europeos de este mundillo? Lucky Luke sufre una suerte parecida. Jean Dujardin, que poco después alcanzó una efímera fama por ser el protagonista del inesperado bombazo que fue The Artist, se puso en la piel del vaquero nacido de la imaginación de Morris y coescribió el guion de un filme que tiene el claro inconveniente de no tener claro qué es lo que pretende. Es obvio que su público objetivo predilecto es el infantil, y así se ve en el tipo de humor que conduce la película y también la forma en la que se caracterizan la mayoría de los personajes, en especial los secundarios. Se pierde así parcialmente el componente de homenaje al western clásico que sí estaba presente en el cómic de Morris, a pesar de la fidelidad física casi literal que se busca en aspectos como el vestuario de Lucky Luke, que tiene la virtud de acercarse al diseño original incluso en el tupé tan característico del vaquero.
Esa infantilizacion juega bastante en contra de la película en su tono, que rebaja bastante el contenido real de la película para no perder de vista a su público objetivo. La base de la historia está en la promesa de Lucky Luke de no matar y lo que sucede cuando se ve obligado a romperla. Pocos argumentos más adultos podrían plantearse de partida en un filme sobre el personaje, y hay que reconocer que las escenas del pasado de Luke o las explicaciones del origen de su apodo son una base bastante sólida. El carácter alucinógeno que tienen algunas secuencias, incluso el momento estelar de Jolly Jumper, el caballo del vaquero, invitan a pensar que la película podría haber hecho un recorrido muy diferente al que finalmente emprendió. Y este no es otro que el de la comedia. Es un Wild Wild West del comic europeo, no busca el homenaje y la honra, solo el divertimento pasajero. Y el guion, que va convirtiéndose poco a poco en algo bastante previsible y muy poco profundo, no ayuda demasiado a que la película triunfe por ese lado. Su excusa inicial queda minimizada y el descenso a los infiernos que se plantea en la sinopsis, la crisis de identidad que sufre el héroe, se reduce a una opción para dar papel a unos secundarios muy poco desarrollados y que, en caso de no conectar con su humor, desequilibran bastante el filme.
El gran problema de Lucky Luke no es tanto la fidelidad a los comics de Morris, que tiene palpables argumentos de relativo éxito incluso prescindiendo de muchos de los elementos que hicieron triunfar sus álbumes o la popular versión animada (a cuya intro se le hace un obligado homenaje), empezando por los Dalton, parte esencial del recuerdo que muchos aficionados tienen de esta franquicia y que no son los villanos del filme aunque se les llegue a mencionar. El problema está en que, como película, su resultado es bastante escaso y se olvida con bastante facilidad. Dujardin llega a cumplir, pero no sobresale, no consigue ser ese Lucky Luke definitivo que necesita una película de estas características y no hay nada en el filme que permita soñar con que sea la base de una franquicia, como efectivamente no lo ha sido. El filme no es más que una rareza puntual que contentará a los más pequeños y hará imaginar a los seguidores de más edad como podría haber sido una adaptación de Lucky Luke más lograda. Y eso tiene que ver con el referente en viñetas, desde luego, que se olvida siguiendo un camino de western cómico y de aventuras para roda la familia que, por ejemplo, El Llanero Solitario consiguió hacer más divertido, pero sobre todo en sus méritos como película, que son algo cortos para el material con el que juega.
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