Guión: Carlos Salem.
Dibujo: Iñaki Echeverría.
Páginas: 144.
Precio: 19 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2019.
Qué tendrán las antologías de relatos cortos que siempre dejan un regusto especial. Lo que la noche sabe no es una excepción, sino una confirmación en toda regla. Iñaki Echeverria pone dibujos a historias que Carlos Salem ya había publicado en prosa y que tienen como único nexo real en común esa noche de la que habla el título. En las seis noches que describen Salem y Echeverria hay de todo. Hay personajes célebres escondidos detrás de un cristal de sinceridad anónima, hay sexo, hay muerte, hay traiciones y deseos, hay también fantasía e incluso un deseo de ajustar cuentas con la Historia que se antoja muy atractivo. Hay, efectivamente, de todo, y todo está contado con pulso y brío, respetando una esencia narrativa propia, la de los autores, pero también el ritmo que pide cada uno de estos relatos de variable extensión y motivación diversa. Seis relatos, seis, que se leen casi en un suspiro, como si de verdad estuviéramos respirando cada bocanada de aire que dan los protagonistas, como si estuviéramos dentro del frenesí que propone cada uno de estos segmentos, como si estas fueran de verdad noches que estuvieran a nuestro alcance aunque desde el principio sepamos que no es así. Se puede echar en falta un nexo de unión más fuerte entre relatos, eso seguro, pero como antología funciona bien.
Es bastante fácil entrar en cada uno de los relatos porque Salem sabe intrigarnos con muy poco. Puede ser con la duda de estar viendo al auténtico Adolf Hitler en El petiso milonguero, con la melancólica admiración por las mujeres del protagonista de La noche de Valentín, con el tono de thriller decadente de Margaritas a los charcos, con la identidad del personaje central de La preguntita, con el aura de cuento adulto que respira ¿Quién mató al lobo feroz? o con la amarga descripción de La noche sigue. Más o menos, pero con todo intriga. En los relatos más largos, el segundo particularmente, y los más cortos, sobre todo el último, que es quizá el menos certero de todos ellos. Impacta la forma en la que utiliza a los demonios de la historia moderna para ajusticiarles de la única manera que puede hacerlo un artista, con la palabra, pero también lo bien que encaja la mencionada fantasía en un libro que desde el principio da la impresión de que va a gustar de moverse en los entornos del noir más urbano. Que apueste por escenarios diversos es una de las muchas sorpresas que esconde el libro. La narración de Salem, además, sabe moverse perfectamente en el lenguaje del cómic, y realmente no hay más pistas de que estos sean relatos ideados en prosa que las que dan el mismo conocimiento de ese hecho. Salen ya tiene experiencia en el cómic, y se nota.
Echeverria, además, le regala un dibujo muy elegante para que cualquier pequeño defecto que pudiera tener ese salto de la prosa a la narrativa gráfica quede muy bien oculto. Las figuras del ilustrador son sencillas, su trazo grueso y contundente sirve para convencernos de que lo que estamos viendo es algo que puede formar parte de la noche real, incluso aunque sepamos que no es así. No es un blanco y negro lo que nos ofrece, sino un negro con significados, negro que a veces devora las viñetas y que a veces deja respirar más al blanco, siempre según le convenga a cada relato. Tiene una enorme facilidad para que los grandes tiranos de la Historia que se asoman a Lo que la noche sabe sean protagonistas de una historia sin prejuicios, por mucho que los haya y sean evidentes. Destaca, sobre todo, lo que enseña en La preguntita, que seguramente pasa por ser el relato de entre los seis que componen el libro que mejor sabor de boca deja. En general, es una antología bien construida y que se lee casi en un suspiro, que desde luego convencerá como una expansión lógica a los seguidores de Salem, pero que también permite que Echeverria muestre estos relatos como propios. La noche sabe muchas cosas, y más cuando se retrata de esta manera tan atractiva que podría ser el origen de una serie tan larga como sus autores quisieran.
El contenido extra lo forman una introducción de Antonio Altarriba y un epílogo de Ángel de la Calle.
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