Título original: Constantine: City of Demons.
Director: Doug Murphy.
Reparto: Matt Ryan, Damian O’Hare, Laura Bailey, Emily O’Brien, Rachel Kimsey, Robin Atkins Downes, Jim Meskimen, Kevin Michael Richardson, Rick Wasserman.
Guión: J. M. DeMatteis.
Música: Kevin Riepl.
Duración: 90 minutos.
Estreno: 20 de febrero de 2019 (Estados Unidos, vídeo).
En ocasiones, las cosas salen bien aunque casi parezca imposible que sea así. Constantine. City of Demons es un ejemplo perfecto. Planteada como una webserie, con este formato se quedó a mitad de camino, llegándose a emitir la mitad de su metraje. El reciclaje al formato doméstico nos permite ver completa la historia escrita por J. M. De Matteis, y se trata de una sorpresa muy agradable. Encaja en esta reciente línea que ha adoptado el binomio Warner-DC de buscar un público adulto y una calificación R que, probablemente, está más justificada con Constantine que casi con cualquier otro personaje DC, con la obvia excepción de Escuadrón Suicida. Consecuencias infernales (aquí, su crítica). Y encaja también con el personaje. Parece una obviedad, pero es lo que más se agradece. Constantine (aquí, su crítica), pese a tener algunos aciertos, no terminó de ser la versión definitiva del personaje. Puede que City of Demons tampoco lo sea, pero sí que es una muy acertada y que marca diferencias porque se toma la historia francamente en serio y deja severas consecuencias en su realidad. A veces parece que el cine, cualquier formato audiovisual, acomete aspectos valientes de la historia de un personaje bien por miedo o por llamar la atención, pero DeMatteis arriesga y acierta de una manera fluida y natural, dejando que el relato se construya con lógica y mucha eficacia.
El retrato de Constantine es, con diferencia, lo mejor que ofrece City of Demons. Socarrón, malhablado, es un tipo melancólico que se culpa de sus errores pero que tiene debajo de esa capa de cinismo un gran corazón. Su relación con Chas, que se da por sentada y precisamente por eso no siempre se explica bien, luce en esta historia de una manera muy acertada. Y la manera en la que encaja con toda la fantasía oscura de su mundo es más que interesante, por mucho que tantas veces se cometa el error de hacerla descender a necesidades terrenales. Puede ser ese el punto más débil de City of Demons, pero se ajusta bien a las necesidades del escritor y también a las del director, Doug Murphy, que le da un toque de historia de acción bastante agradecido, que permite además que sus momentos menos logrados, los que salpican la parte media del relato y ponen en evidencia su estructura original de webserie. Es aquí donde más puede lucir la animación, que está muy en la línea de lo que Warner está mostrando en los últimos tiempos y que explota sin tapujos esa calificación R de la que hablábamos con torturas infernales y parafernalia análoga que a nadie ha de extrañar encontrarse en un relato con el protagonista de Hellblazer. De hecho, DeMatteis adapta en buena medida All his Engines, novela gráfica escrita por Mike Carey hace casi década y media.
Pero quizá lo que más marque City of Demons, más allá de esa gloriosa personificación que se establece siguiendo su título entre ciudad y demonio, es la forma en la que se remata la película. El resultado rehúye la etiqueta de intrascendencia con la que a veces se revisten estas adaptaciones, ese miedo a tocar demasiadas cosas o a que la historia no encuentre el lógico happy ending. No vamos a tener eso en City of Demons, porque no es lo que pide el relato. Y por eso resulta un movimiento tan inteligente, porque sirve para darle el mejor colofón posible a lo que se nos muestra durante más de una hora. Es verdad que DeMatteis no es pionero, y que la magia oscura hace ya unos cuantos años que ha encontrado autores que se la han tomado muy en serio. Justo eso es lo que nos sirve esta película, y eso es digno de aplauso, porque nos invita a salir del filme en el punto más alto, después de un espléndido clímax y con la sensación de que los poderes con los que se juega no se pueden utilizar a la ligera. Parece obvio, pero todos sabemos que no siempre se consigue ese efecto. Y como además logramos esas sensaciones de mano de un personaje que ya ha probado fortuna en cine y televisión, de hecho se puede vincular ese producto con cierta facilidad a su serie de la pequeña pantalla por temática y voz protagonista, el gusto es doble.
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