Editorial: Reservoir Books / PenguinRandom House.
Guión: Edo Brenes.
Dibujo: Edo Brenes.
Páginas: 256.
Precio: 17,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Enero 2019.
En cierto sentido da igual el escenario cuando manejamos una historia de iniciación en la vida adulta, porque ese paso en la trayectoria personal siempre tiene elementos de interés. Pero en otros muchos no es así, no da da igual el escenario. Al contrario, es lo que sustenta esas historias, lo que les da una vida especial, lo que hace que esos lugares comunes que tienen estos relatos sean algo distinto. En Puerto Langosta, Edo Brenes se centra en Puerto Limón, en su Costa Rica natal, y realiza un auténtico viaje en el tiempo para llevarnos a la segunda mitad de los años 40 del pasado siglo. Su protagonista, Enrique, Henry, como quiere que le llamen, es un joven ingenuo que va a visitar a su hermana y a su cuñado y decide quedarse a vivir allí por un impulso. Por una chica, en realidad, una chica que está socialmente fuera de su alcance. Por conquistarla, acaba tomando decisiones que condicionan su vida de una manera tan definitiva que no siquiera es capaz de imaginarlo desde sus quince años de edad. Brenes usa a Enrique como narrador y se vuelca tanto en él que a veces el escenario se difumina, pero nunca pierde la metáfora que hay en su título, una que habla de la transformación y del desengaño. En ese sentido, la captura que hace del momento desde el prisma de una juventud insultante es bastante certera.
La baza de Brenes es, en realidad, la misma de la que hacen gala estos relatos de iniciación a la edad adulta en su conjunto. Todos hemos sido jóvenes, todos hemos tenido un primer amor, casi todos lo hemos sentido y vivido como imposible, todos hemos coqueteando con el lado oscuro de una vida a la que nos lanzamos sin conocerlo y sin pensar en lo que viene a continuación y todos hemos sufrido con las consecuencias de la autoridad de los adultos. Puerto Langosta, que ahí engancha muy fácilmente, tiene un solo problema en su planteamiento, y es que lo más anecdótico se cuenta al mismo nivel que lo más dramático, por lo que esto segundo queda algo rebajado, aunque tenga un papel relevante sobre todo en el último acto pero también cuando se está gestando una guerra civil en el país. Lo que perdura, lo que realmente convence, es la evolución personal de Enrique, ver cómo va cambiando su actitud ante la vida, la familia, el dinero, los estudios, el trabajo o incluso la ley desde que aterriza con su maleta de ingenuidad en un escenario que resulta idílico y que va oscureciéndose al mismo tiempo que lo hace el presente del protagonista. Esa metáfora, ese desarrollo paralelo, es con diferencia lo mejor de la propuesta narrativa de esta novela gráfica tan larga, más de 260 páginas, pero a la vez tan fácil de leer.
A esa facilidad contribuye el tipo de dibujo que emplea Brenes. Sabiendo que tiene formación como animador, no es difícil pensar que su idea es crear algo que pueda funcionar sin problemas como un storyboard que en algún momento pueda llevarse a la pantalla. Y no es algo baldío, porque un escenario tan exótico como Puerto Rico, y más una bahía en la que proliferan langostas, puede entenderse fácilmente como un lugar que exige un color que Brenes se resiste a darle. Si tiene que cobrar vida, el autor le obliga a que lo haga con la historia, no solo por la belleza o el atractivo del escenario. Esa decisión, que puede parecer casual o anecdótica, ayuda a que Puerto Langosta tenga vida propia, por encima de su escenario y de la mano de sus personajes. Con la sencillez de diseño que aplica a sus personajes, Brenes les da mucho carisma a casi todos. Esa es la forma en la que el libro avanza, con la cercanía de sus acontecimientos y con ese salto apresurado a la madurez que tiene siempre un verano como el que nos cuenta. Buen trabajo, algo más frío y menos ambicioso en el marco general de lo que se podía esperar, pero muy eficaz en sus puntos fuertes, una lectura que funciona con el reclamo de Puerto Rico con la misma intensidad que lo hace por los temas que trata.
El volumen no tiene contenido extra.
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