Guión: Peyo, Thierry Culliford.
Dibujo: Peyo, Alain Maury.
Páginas: 240.
Precio: 32 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2018.
Hay series que paran cuando su creador quiere dejarlo, y hay otras que continuan sin él. Los Pitufos fue de las segundas, su éxito era tan grande que continuo más allá de la muerte de Peyo. En este cuarto volumen integral asistimos al último álbum del que se hizo cargo por completo, El extraño despertar del Pitufo Perezoso. El autor también inició la siguiente, la formidable sátira que supone El Pitufo Financiero, pero su repentina muerte, en diciembre de 1992, dejó el trabajo a medias. Entre todos los responsables, editorial y familia, optaron por no dejarlo así. El relevo no pudo ser más natural, ya que sus hijos administraron el legado de estas pequeñas criaturas azules para que nunca se perdiera el camino marcado. Quizá el cambio más notable se aprecia en la duración de las historias, ya todas largas y abandonando el formato del pequeño relato, pero la diversión para todos los públicos mantiene un nivel notable durante todas las historias que confirman este volumen. Su significado es vital para entender la historia de Los Pitufos por el ya mencionado relevo, pero es que además hay momentos notables. Está claro que la muerte de Peyo, siendo un durisimo golpe para la historia, sirvió también para que sus herederos pusieran todo de su parte para que el lector notará lo menos posible la ausencia del genio creador.
El primer álbum de este libro, el último de Peyo, sirve para entender la portentosa imaginación que tenía el creador de esta serie, la que le hacía saltar entre muy diferentes elementos para conformar sus historias, tan pronto el funcionamiento de la aldea de los Pitufos a cualquier nivel como la introducción de criaturas fantásticas como un simpático dragón, pasando por supuesto por su eterno enfrentamiento con Gargamel. Historias cortas en las que se manejaba como pez en el agua. Pero también le gustaban las largas, y ahí está El Pitufo Financiero, que, no obstante, supone un salto enorme madurez. No es que ese rasgo fuera ajeno a Los Pitufos hasta ese punto ni mucho menos, pero es soberbia la manera en la que Peyo lanza una crítica feroz hacia la forma en la que la economía nos tiene atrapados. Thierry Culliford, hijo de Peyo, continuó con el trabajo de padre y completó el guion de este álbum de una manera certera. A partir de ahí, y siempre manteniendo esa máxima de apostar por la historia larga, Culliford apostó por ideas muy próximas al espíritu de Peyo, buscando una cierta apertura al mundo de los humanos, que muestra más de lo que lo hizo su padre en El pitufador de joyas, y también tratando de aumentar la familia con El Pitufo Salvaje, confirmando que la idea de franquicia estaba ya más que instalada en el mundo de Los Pitufos.
En el dibujo, Peyo había dejado una hoja de ruta tan clara y un aspecto tan definido para los Pitufos y su universo, que casi parece fácil continuar el trabajo desde su triste desaparición. No lo es, claro está, aunque sea importa te destacar que no es este un trabajo a iniciar desde cero. Alain Maury, que también dibujó en la otra gran serie de Peyo, Johan y Pirluit, fue todo lo continuista que podía esperarse, cuestión obligada por el hecho de introducirse en la serie acabando un álbum iniciado por Peyo y que, en todo caso, mantuvo en las siguientes aventuras. Es verdad que eso es también una limitación para un dibujante que se ve obligado a seguir la guía de otro, pero Los Pitufos no necesitaban una ruptura, al contrario, lo que hacía falta es que todo pareciese dibujado por Peyo, incluso los nuevos personajes que se incorporan a su mitología y sabiendo que la irrupción en un pueblo humano le dio juego a Maury para aportar su sello. Por eso estos álbumes que forman este cuarto libro integral siguen siendo perfectos pasa quienes disfruten con el humor de Los Pitufos. El libro es un magnifico homenaje a Peyo, pero también la demostración de que los personajes tenían todavía una larga vida por delante más allá de la reedición de los álbumes antiguos, los que los hicieron enamorarnos de Los Pitufos.
El volumen incluye cinco álbumes de Les Schtroumpfs, L’Étrange Réveil du Schtroumpf paresseux, Le Schtroumpf financier, Le schtroumpfeur de bijoux, Docteur Schtrounpf y Le Schtroumpf Sauvage, publicados por Lombard entre abril de 1991 y noviembre de 1998. El único contenido extra es una introducción de Antoni Guiral.
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