Guión: Agustín Ferrer Casas.
Dibujo: Agustín Ferrer Casas.
Páginas: 176.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2019.
Podrá convencer más o menos por los personajes a los que ha escogido seguir en sus obras, porque ese nivel de empatía también es necesario para descubrir una gran obra, pero no se puede dudar del paso firme como narrador que está exhibiendo Agustín Ferrer Casas. Su última obra, Mies, una suerte de biografía del célebre arquitecto Mies van der Rohe, conocido por su minimalismo espacial, es un portento narrativo que tiene la enorme habilidad de parecer milimétricamente medido, casi como si fuera uno de los espacios diseñados por si protagonista, pero que a la vez fluye con una naturalidad apabullante. Es arquitectura y vida a la vez, con lo que Ferrer Casas da así al cómic la mejor estructura posible para que nos asomemos a la vida y obra de su actor principal, que cuenta por supuesto con su Salieri particular, con el acolito al que narrar sus vivencias, con sus flaquezas en el amor y en la vida y con dramas que no puede controlar. En ese sentido, el siglo XX fue, desde luego, apasionante desde muchos puntos de vista, y Mies se convierte en manos del autor en in vehículo espléndido para que contarnos este camino. Saltándose el formato más tradicional de la biografía, Ferrer Casas añade de esa forma un elemento más de interés a un trabajo que confirma una evolución narrativa brillante que, ojalá, sigue dejándolos obras tan brillantes.
En Mies hay mucha información, incluso páginas con mucho texto. La elección de un personaje que hay que contextualizar en la historia y en la obra casi al mismo ritmo obliga a esta manera de explicar el relato. Es una penitencia necesaria, una ralentización ineludible de la narración que además no acaba pesando porque Ferrer Casas distribuye muy bien a lo largo del libro. Dicho de otra manera, sabe cuándo tiene que dar importancia a la información y cuándo a los diálogos. Ahí radica uno de los grandes aciertos de Ferrer Casas como narrador, porque su estructura es espléndida. Con saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante, incluso permitiéndose el lujo de repetir escenas porque tienen importancia emocional en distintos momentos, sabiendo cuándo frenar el paso de las páginas y cuándo devolverle el ritmo de la narración que el propio arquitecto está haciendo. El trabajo narrativo es elegante y soberbio, porque probablemente no había una forma mejor de contar esta historia si lo que queríamos era honrar el pensamiento y la profesión de su protagonista. Y si, consigue lo que necesita cualquier biografía, que incluso quien sea completamente ajeno al mundo de la arquitectura encuentre razones de peso para seguir su relato biográfico, como por ejemplo todos los episodios que tienen que ver con el nazismo.
En cuanto al dibujo, es obvio que Ferrer Casas ha evolucionado dentro de su estilo de una manera bastante palpable. Se reconoce al ilustrador de Cazador de sonrisas (aquí, la reseña) pero también se nota el paso de los años y la adquisición de experiencia, más narrativa que de dibujo. Porque ahí está el fuerte de Ferrer Casas, en que importa y mucho la puesta en escena, la forma en la que se producen las transiciones entre escenas y los mencionados saltos en el tiempo, también las miradas de los personajes. Todo cuenta, todo tiene importancia y se entiende a la perfección en cuanto nos metemos en el juego narrativo y visual que nos propone el autor. Mies ahonda en la vertiente biográfica e histórica que ya tocó en Arde Cuba (aquí, su reseña), con la que de hecho conecta genialmente, pero de una manera más formal, incluso diríamos que más cinematográfica, con un dominio casi completo de lo que vellos en cada página. Su profusión de textos y el hecho de que su protagonista no forme parte del panteón artístico que cualquiera podría identificar de inmediato son elementos que pueden jugar en su contra a la hora de sumar lectores. Pero cabe desear que el reclamo de un autor en continua alza sea razón más que suficiente para superar esos obstáculos apriorísticos y disfrutar de un cómic maduro, inteligente y con un dominio total de la narración.
El contenido extra lo forman una introducción de Norman Foster y un epílogo de Anatxu Zabalbeascoa.
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