Guión: Jérôme Hamon.
Dibujo: David Tako.
Páginas: 72.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2019.
No es que las cosas empezarán ahí, pero puede que haya que echarle la culpa, siempre entre comillas, a Robert Kirkman y Los muertos vivientes (aquí, reseña del primer volumen). Desde entonces, no solo el género zombi vive una era como pocas veces había disfrutado sino también las historias de virus, cuarentenas y apocalipsis análogos en general. Green Class es una de ellas, y su particularidad está en que el peligro no está en los muertos vivientes sino en una transformación en criaturas deformes, contagiosas y muy violentas con aspecto de reptil. Y en que sus protagonistas son adolescentes perdidos en un mundo de adultos. El escenario no es nuevo, pero la narración de Jérôme Hamon es más que solvente y el dibujo de David Tako es dinámico y carismático, lo suficiente como para que podamos entrar sin problemas en este universo en concreto sin tener que pensar en referencias o similitudes. Y eso, con un precedente tan marcado como el ya mencionado de Kirkman tiene su mérito. Quizá lo más atractivo de Green Class es que desde el primer momento vemos a los protagonistas en situaciones de estrés. Primero, un estrés propio de las circunstancias realistas de la vida de un grupo de adolescentes en una exigente excursión de campo. Después, casi sin solución de continuidad, en la lucha por la supervivencia en un mundo hostil.
Da la sensación de que está ahí la clave para entrar sin condiciones. La crisis que vemos no rompe un escenario idílico, no hay una contraposición entre la sociedad moderna y el caos que se avecina, sino que desde el principio sentimos el sudor, el cansancio, el peso de las mochilas. Es una ayuda adicional para el lector y un alivio narrativo para Hamon, que no tiene que perder páginas en darnos información adicional. Se trata de tirarse de cabeza sin saber qué va a suceder, más allá de saber que esto va de un grupo de muchachos que tratan de protegerse unos a otros de todos los peligros imaginables, de los derivados del virus, pero también de los aspectos más despreciables de la propia naturaleza humana. Como en toda buena historia apocalíptica, Hamon entiende que no hay respiro que valga, y cuando la acción frena es porque hay un drama que explotar. Es interesante ver cómo el escritor va estableciendo niveles de culpabilidad en los chicos en función de las decisiones que van tomando, y que en ningún momento abandonan sus voces adolescentes más allá de lo que los propios eventos descritos van haciéndoles madurar. De hecho, el conflicto inherente a sus edades es, probablemente, lo que da un plus a Green Class. Si sus protagonistas fueran adultos, aunque se tratara de veinteañeros, probablemente este escenario estaría ya un poco demasiado visto.
El dibujo de Tako, que además ha ideado el argumento de la historia junto a Hamon, ayuda mucho en que temas y ambientación funcionen francamente bien. La clave de este tipo de historias suele estar en la diversidad de los protagonistas, y Green Class no es una excepción. Se trata de cubrir un abanico de cuotas y personalidades que aporten un mosaico variado a la foto fija y opciones al desarrollo de la historia, y ahí pocas quejas se le pueden plantear a los autores. Notable es también la forma en la que Tako da vida a la mutación que provoca este virus, más aún viendo el cliffhanger con el que acaba este primer volumen de la serie, y se agradece mucho que no abuse de las grandes viñetas para recrear las escenas más espectaculares o impactantes, porque de esa manera el foco sigue siempre puesto sobre los personajes y no tanto en la situación más fantástica. Green Class acierta a la hora de provocar empatía con los protagonistas y desde luego cumple bastante buena al abrazar el género desde una perspectiva respetuosa y con ánimo de hacer pasar un buen rato al lector. Como suele suceder con este tipo de historias, más que en la presentación, donde se juega el cariño del público es en el segundo número. Ahí es donde se tienen que confirmar las buenas expectativas que deja esta presentación.
Le Lombard publicó el primer álbum de Green Class, Pandémie, en febrero de 2019. El único contenido extra es un dossier de bocetos e ilustraciones.

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