Editorial: Reservoir Books / Penguin Random House.
Guión: Charles Burns.
Dibujo: Charles Burns.
Páginas: 176
Precio: 24,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2018.
Hay un término en la solapa de Vista final, el libro que recopila la brutal trilogia de Charles Burns que forman Tóxico, La colmena y Cráneo de azúcar, que define a la perfección lo que hay en este volumen: terror emocional. Esta es la historia de Doug, con sus miedos, sus traumas, sus decisiones y sus arrepentimientos en la vida, en el terreno personal, sentimental y personal. Pero es también lo que pasa en la mente de Doug, con incontables mensajes que van desde lo subliminal a lo simbólico, formando un torrente de ideas de difícil asimilación. Burns asume que lo que propone no va a ser nada fácil para el lector, continuamente empujado a situaciones que combinan un realismo triste con una fantasía turbia, que da saltos en el espacio y en el tiempo y que al final compone un mosaico extraño y atrevido analizable desde muchos puntos de vista. En el fondo, de lo que habla Burns es de la felicidad, aunque sea precisamente desde el prisma opuesto, de la carencia absoluta de felicidad, y traza un retrato feroz de su protagonista, al que culpabiliza de una manera apabullante de todo lo que le sucede en la vida por las decisiones que toma y por su falta de carácter en muchos momentos. No es in viaje a los infiernos, sino un infierno continuo. Incluso cuando hay un atisbo de felicidad que resulta tan irreal como las fotografías que toma el protagonista.
Aunque la obra se publicara originalmente en tres partes, da la sensación de que Vista final es la mejor manera de abordarla, porque se trata de un relato continuado en el que incluso resulta difícil encontrar necesidad a los puntos y aparte más allá de las razones creativas o editoriales que exige una obra como esta, en la que se vuelcan tantas emociones que cabe suponer que es tan difícil de realizar como de leer. La cuestión es que Burns, adentrándose en escenarios oníricos, psicológicos y reales a partes iguales o al menos equilibradas, dota al libro de un ritmo tremendo, tanto que se antoja difícil imaginar ahora la espera para el segundo y el tercer acto de este tríptico tan singular. El autor introduce tantos detalles significativos que sí es una clara ventaja la lectura consecutiva de sus tres partes, porque eso mantiene todo lo acontecido fresco en la memoria cuando llega el siguiente salto emocional. Pero incluso así merece la pena volver atrás y empezar de nuevo, porque el juego mental en el que nos sumerge Burns es perverso y enrevesado, un experimento que destroza en su protagonista el valor de los sueños y las ilusiones. Y apasionante porque, en el fondo, apela a emociones que cualquier puede haber sentido, aunque sea en marcos diferentes o desde perspectivas que no tienen por qué coincidir con las de Doug.
Este tour de force emocional tiene además un componente visual sobresaliente. Burns no se limita a dibujar Vista final, sino que lo construye. Apuesta por estilos diferentes, por un metalenguaje que, de alguna manera, homenajea a los cómics románticos que la historia ha olvidado en buena medida, a la vez conquista el estilo más realista del autor e incluye un tercer nivel en el que Burns casi parece caricaturizarse a sí mismo. No es fácil ser tan versátil visualmente hablando dentro de un mismo tebeo y que eso lo implique dudas en el lector. Aquí no las hay porque la potente simbología del relato permite entender cada uno de los niveles que explora como partes de un mismo todo. El cansancio y la tristeza, hasta la rabia, todas las sensaciones negativas que se atisban en los rostros de los personajes marcan por completo la narración. Pero lo feliz también se ve, aunque sea de manera fugaz o incluso falsa que permite trazar un contraste eficaz. Burns es realista hasta el extremo sin necesidad de que su trazo también lo sea, y eso es algo digno de elogio. Queda clara desde el principio la dificultad de Vista final, pero también su genialidad, cuando se cierra la última página del libro y todo lo que hemos leído sigue resonando de una u otra manera en nuestra cabeza. Ese es el objetivo de Burns, ese es el deleite casi culpable que nos ofrece.
El volumen incluye X’ed Out, The Hive and Sugar Skull, publicados originalmente por Pantheon Books en 2010, 2012 y 2014, recopilados en Last Look en 2016. No tiene contenido extra.

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