Guión: Mark Russell.
Dibujo: Steve Pugh.
Páginas: 320.
Precio: 30,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2018.
Vivimos en una era en la que las actualizaciones, los remakes y los reboots están a la orden del día y, sin embargo, todavía hay margen para la sorpresa. Eso es lo que sucede con Los Picapiedra de Mark Russell y Steve Pugh, un tebeo que se aleja de cualquier expectativa que se pueda tener. La razón es muy sencilla y es que, con los mismos personajes y en un mundo bastante reconocible, las pretensiones de esta versión difieren completamente de las de la serie de dibujos animados clásica. Lo que en manos de Hanna-Barbera era un simpático producto infantil que buscaba trasladar nuestra realidad a tiempos prehistóricos, se convierte en manos de Russell y Pugh en una sátira tremendamente ácida y actual. Con un tipo de humor que está literalmente en las antípodas del original, sería absurdo no reconocer que cuesta aceptar la propuesta. La nostalgia es un arma muy poderosa, también en contra de las revisiones que no siguen al pie de la letra los parámetros de las obras de las que nacen, y en Los Picapiedra eso es bastante evidente. O quizá no tanto, porque el objetivo en los dos casos está en encontrar por qué nuestra realidad es tan absurda, vista a través de los ojos de una pandilla de hombres prehistóricos pretendidamente civilizados. Cambian las normas el fin y el estilo, pero mirando bien si se ven objetivos paralelos.
Y aún así, cuesta. Ver a Los Picapiedra por un prisma que se asemeja más al del cómic underground americano que al de la comercialidad juvenil que siempre ha abrazado provoca un claro impacto que no tiene por qué permitir un acercamiento inicial e inmediato a esta revisión de un clásico del dibujo animado. Y poco a poco, casi sin que nos demos cuenta dentro del recelo que es lícito mostrar, Russell se va ganando al lector. No es con el primer número, ni tampoco realmente con la versión de los principales personajes, algunos incluso algo infrautilizados, como sucede con los Mármol, Pablo y Betty. Es con el cinismo. Es ahí, cuando Russell se adentra en temas como la religión, el matrimonio o, sobre todo, la economía y el empleo, cuando Los Picapiedra consiguen alcanzar una dimensión que era muy difícil anticipar. Puede que la serie tenga características de batiburrillo que no terminan de perderse, y también mucha irregularidad cuando se salta de un tema a otro, pero todo está buscado con inteligencia. No es la de Russell una apuesta sencilla, y muy probablemente eso haga que una segunda lectura, una vez superado el shock inicial, deje más satisfacción que la primera, pero incluso durante el primer impacto se pueden ir encontrando las pinceladas de genialidad que esconde esta encarnación moderna con halo de impensable.
El diseño de personajes que hace Pugh es otro de los elementos que provoca una cierta impresión. Ahí resulta fácil trazar comparaciones con Archie (aquí, reseña de su primer volumen), aunque el dibujo de Los Picapiedra sea bastante más singular, incluso inclasificable, de lo que era el trabajo inicial de Fiona Staples en el retrato moderno del adolescente más conocido de Riverdale. Los Picapiedra, los Mármol y toda la fauna de Piedradura no lucen aquí de una manera completamente realista, pero tampoco es una caricatura ni tiene un estilo cartoon. Es una mezcla extraña de todo, y quizá por eso es tan fascinante. Pugh ayuda a que la revisión de los temas más adultos tenga un asidero más cómodo que la sencillez del diseño animado original, y a la vez consigue que lo que sí muestra con caricatura (Dino y otros animales/utensilios, por ejemplo) cumpla con la función de comedia más blanca. El ilustrador también contribuye hábilmente a la sátira, arriesgando mucho en el diseño de secuencias más serias, incluso de guerra, que podrían haber supuesto un problema en manos de un dibujante menos acertado. Los Picapiedra no es un tebeo fácil en absoluto, desde luego que no, pero es también uno que merece la pena leer con la mente limpia, sin prejuicios y con ganas de encontrar algo completamente diferente a lo esperado.
El volumen incluye los doce números de The Flintstones, publicados originalmente por DC Comics entre julio de 2016 y junio de 2017. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Steve Pugh, Amanda Conner, Ben Caldwell, Dan Panosian, Lee Weeks, Bill Sienkiewicz, Carlos D’Anda, Cully Hamner, Denys Cowan, Jill Thompson, Yanick Paquette, Ivan Reis, Walter Simonson, Dustin Nguyen, Dan Hipp, Emanuela Lupacchino, Bilquis Evely, Dan Parent, Bengal, Howard Porter, Marguerite Sauvage, Howard Chaykin, Rob Guilory, Nicola Scott, Chris Burnham y Rick Leonardi, y un portagolio de bocetos de Pugh.
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