Guión: Rick Veitch, John Ostrander, Will Pfeifer, John Arcudi, Marc Guggenheim.
Dibujo: Patrick Gleason, Rob Haynes, Chris Batista, Andy Clarke, Howard Kirk, Freddie E. Williams II.
Páginas: 448.
Precio: 38,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2018.
Es curiosa la sensación de tener entre manos un tebeo que es fundamental para entender a un personaje, o al menos a ese personaje en un momento muy concreto de su trayectoria, la de encontrar momentos absolutamente brillantes y atrevidos, y al mismo tiempo que se escape entre los dedos el resultado global, como si siempre faltara ese algo más que define los clásicos. Eso es un poco lo que pasa al leer este segundo volumen de Sub Diego. Para Aquaman es un momento imprescindible, una idea realmente imaginativa, un escenario diferente y con muchas posibilidades. Pero da la sensación de que se van sumando tantas cosas que al final no se sabe muy bien cómo ni por qué se resuelven, con la injerencia habitual de los grandes eventos editoriales, en este caso Crisis infinita, y con el obstáculo de que el escenario, que es lo realmente impactante de este libro, lo acaben desarrollando demasiados guionistas diferentes, eliminando esa sensación de autoría por la que podríamos atribuir Sub Diego a un escritor en concreto. Y el caso es que los números que forman este volumen van cumpliendo su cometido de llevar a Arthur a un punto distinto y arriesgado, y eso hace que se lean con mucho agrado. Es al cerrar el libro cuando podemos darnos cuenta de lo que nos ha faltado conseguir en esta aventura.
A pesar del trasiego de guionistas, siempre queda la sensación de que cada uno de los arcos argumentales es un intento, no un fin en sí mismo. Es como si cada uno de ellos quisiera encontrar el ángulo correcto para este escenario específico. La forma en la que John Ostrander lidia con las consecuencias de hundir una ciudad en el océano, el choque con Atlantis de John Arcudi o la historia detectivesca de Marc Guggenheim, incluso cómo el propio Arcudi quiere involucrar a clásicos como Mera o Manta Negra en este momento señalado de la historia de Aquaman, en todo se atisban elementos de mucha fuerza pero nunca un conjunto completo. Lorena, un personaje con el que se amaga mucho pero con el que no se termina de golpear, puede ser la mejor muestra de lo que se siente que falta en este enorme arco argumental. Es un personaje llamado a cambiarlo todo, pero que al final no consigue hacerlo, como atestigua el regreso de Mera. Y aún así, hay mucho entretenimiento, muchos conceptos que ayudan a desarrollar a Aquaman como protector de Sub Diego, la forma en la que se relaciona con otros personajes tan propia de una era en la que DC se asomaba a tanta oscuridad como se vio en la mencionada Crisis infinita, cuyo pasaje más ominoso se ve precisamente en el número con el que se cruza este relato.
Con el interesante paréntesis de Andy Clarke en la historia criminal de Guggenheim y con algún añadido más, el dibujante que lleva la voz cantante en este volumen es claramente Patrick Gleason. Su estilo exagerado es el que marca con más claridad el aspecto de Sub Diego. Tiene algunos personajes que no terminan de cuadrar, y su Superman es sin duda uno de ellos, pero en general sabe sacar bastante partido de lo que le lanzan los guionistas. Su Aquaman tiene carisma y su puesta en escena compensa las rarezas que se derivan de la anatomía de sus personajes. Quizá su punto fuerte haya que buscarlo en la historia titulada Retroverso, donde se lanza a mostrarnos una versión alternativa de los personajes particularmente llamativa. A Aquaman quizá le pega más un dibujo algo más clásico de lo que vemos en estas páginas, pero es bastante adecuado para lo que supone Sub Diego dentro del devenir del personaje. Todos los superhéroes tienen escenarios que estaban pensados para marcar un antes y un después en su historia pero que al final terminan por no tener tanta importancia como cabía presuponerles. Sub Diego encaja en esa percepción para Aquaman, lo que hace que estos dos volúmenes (aquí, reseña del primero) se conviertan en una lectura necesaria para los aficionados del personaje pero sabiendo que tiene más límites de los que parece.
El volumen incluye los números 21 a 39 de Aquaman, publicados originalmente por DC Comics entre agosto de 2004 y febrero de 2006. El contenido extra lo forman una introducción de Felip Tobar y las portadas originales de Patrick Gleason, Don Kramer y Brian Bolland, y unos bocetos de Gleason.
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