Guion: Yves Sente.
Dibujo: Steve Cuzor.
Páginas: 176.
Precio: 32 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2018.
¿Y si la primera bandera de Estados Unidos, encargada por George Washington, hubiera escondido una estrella negra debajo de las blancas? ¿Y si recobrar esa bandera hubiera sido una de las misiones en la Segunda Guerra Mundial de un grupo de Monuments Men formado por hombres negros? Ese es el sugerente escenario que plantean Yves Sente y Steve Cuzor en Una estrella de algodón negro, una idea formidable que se escapa ligeramente en sus conclusiones pero que es en todo momento un crudo lamento sobre la desigualdad racial en Estados Unidos y la lucha de la comunidad negra por un reconocimiento que, en este tebeo, no llega a verse. Sí hoy homenaje, pero no triunfo. Lo que sí se ve es una historia grande y ambiciosa, una que se queda un tanto a medio camino en su tramo final, que es donde busca un rizo que probablemente tampoco necesitaba, pero que es irreprochable en su puesta en escena. De una manera muy natural, se fusiona con el sueño del que hablaba Martín Luther King, cuya historia frase es la escogida por Sente para abrir este relato de ficción perfectamente verosímil, al menos en sus tres cuartas partes. Es, decimos, su cierre lo que puede dejar alguna duda más, aunque sepa dar forma a esa sensación de leyenda inconclusa que puede hacernos dudar de la verosimilitud de lo que estamos leyendo.
Dentro de los dos tiempos en los que se desarrolla la historia, Sente apuesta claramente por el escenario de 1944. El de 1776 es imprescindible para contar la historia de la bandera y cómo Betsy Ross escondió esa estrella negra como orgullo para los suyos, pero es en el marco de la Segunda Guerra Mundial donde la historia alcanza un mayor desarrollo. O, al menos, un mayor número de páginas. Porque si bien en el escenario del siglo XX sí hay alguna que otra flaqueza en el del siglo XVIII no parece haberlas. La idea es, en definitiva, el punto fuerte de Una estrella de algodón negro y lo que permite que buena parte del cómic sea de altos vuelos, siendo además un material que sorprende que Hollywood no haya mirado ya para darle una carga sentimental y racial tan del gusto de los grandes estudios en los tiempos que corren. Hay mucho de cinematográfico, de hecho, en el planteamiento y en la narración de Sente, y eso se nota en el ritmo cambiante del relato, en los flashbacks, en los episodios epistolares y hasta en los personajes. Pero sobre todo merece quedarse con el lado más emocional de la historia. El final, algo simple, no honra tanto esa idea que preside casi todo el tebeo, pero da gusto leer entre líneas y entender el retrato social de Estados Unidos que plantea el escritor y que cobra forma con sutileza a partir de pequeños detalles.
El dibujo de Cuzor es sobresaliente porque aúna todo lo que necesita la historia. Es, por decirlo de alguna manera, el relato de negros que podría haber aprovechado sus mencionadas hechuras cinematográficas, pero uno que también saca partido del escenario, de los dos escenarios en realidad, y de las escenas bélicas, prestando atención también a los personajes para que tengan personalidad propia. El juego de luces que tiene su dibujo va mucho más allá de la simple distinción de los dos escenarios temporales, y ayuda a que se entienda el tono de cada escena, y eso es algo que se puede ver en muchos momentos pero sobre todo con la introducción en el tercio final del antagonista nazi. Hay también en su faceta visual esa ambición de la que hablábamos al referirnos a la historia, pero en el trabajo de Cuzor sí da la sensación de estar un poco más satisfecha. Quizá por eso las sensaciones finales son las de un tebeo que tiene elementos de sobra para captar la atención del lector, para satisfacer las ansias de género que se puedan tener y también para entender la problemática también actual que está implícita en la denuncia que hace el relato. Una estrella de algodón negro no alcanza la categoría épica que sí residía en el potencial de la propuesta, pero alcanza muy buena altura durante muchos momentos.
Dupuis publicó originalmente Cinq branches de coton noir en enero de 2018. El libro no tiene contenido extra.
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