Guión: Cyril Pedrosa, Roxanne Moreil.
Dibujo: Cyril Pedrosa.
Páginas: 232.
Precio: 32 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2018.
No es nada fácil evaluar La edad de oro después de leer este primer volumen, porque pesa mucho saber que Cyril Pedrosa ha tardado dos años en dibujar este libro. Dos años. Y se nota. El volumen es una joya visual que apabulla desde la primera página. El color, cada trazo, lo bien que moldea sus personajes. Es un espectáculo sensorial. Y con esta base, Pedrosa, apoyado en el guion por Roxanne Moreil, lo que quiere es reinventar la epopeya medieval. Como estamos a medio camino, no diremos todavía si lo consigue o no, pero de lo que no se puede dudar es de que aporta un sello muy personal al género, buscando roles de género mucho más modernos, con una princesa que huye para salvar la vida tras la muerte de su padre, y sobre todo muchos caminos diferentes a la hora de contar su historia, escenarios cambiantes, diferentes y casi oníricos, sensación que se apoya fácilmente por el ya mencionado uso del color, transgresor en muchos momentos y desde luego sorprendente por lo bien que sirve a los propósitos del libro. No es una obra tópica o complaciente. Al contrario, se nota que tiene una ambición muy alta y que Pedrosa está dispuesto a dejarse las manos dibujándola para que no deje de impresionarnos.
Quizá el mayor problema que le podamos encontrar a La edad de oro radica ahí, en que Pedrosa está tan volcado en la parte visual de su obra que hay momentos en los que da la sensación de que la historia se le descontrola. Y la mejor forma de verlo es la larga introducción que nos plantea, a priori ajena a la historia central pero que a la vez es una forma espléndida de asimilar el mundo en el que nos estamos metiendo. A Pedrosa y a Moreil les interesa mucho ofrecer una panorámica muy amplia de este universo. No solo lo que atañe a Tilda, que así se llama la protagonista, sino que emplean mucho tiempo en explicar los lugares por los que va transcurriendo su viaje. Lugares y personas que acompañan a esta heroína a la fuerza. Y quizá por eso la extensión es algo desmesurada, sobre todo teniendo en cuenta que aún faltan muchas cosas por pasar. Pero la obra intriga, y tiene momentos soberbios cuando se zambulle en las raíces shakespearianas que tiene el conflicto con el que nace el relato, una familia real en guerra, traiciones en el palacio y en la familia, sensaciones que, de alguna manera, se pueden extrapolar a otros contextos gracias a la modernización del género que plantea la obra.
Y luego entramos en su dibujo, y las sensaciones son tremendas. Pero en el buen sentido. Lo que más llama la atención en un primer vistazo es el juego de color que plantea el ilustrador, tonalidades generales que se apoderan de toda la escena, de varias páginas, y que van cambiando de una manera brillante y arriesgada. No es el trabajo de color que cabría esperarse de una fábula medieval, ni contada desde un punto de vista más alegre y aventurero ni tampoco desde el más siniestro que parece haberse hecho más popular en nuestros días. El color, además, potencia una sobresaliente puesta en escena que permite al lector estar permanentemente enganchado a los personajes y escenarios que dibuja Pedrosa. Es una obra tan compleja desde el punto de vista visual que no parece que se agote en una primera lectura, una que además se hace a gran velocidad gracias a las muchas páginas sin apenas texto que nos presenta. La edad de oro, con este primer volumen, se ha ganado fácilmente la atención del lector por ser algo diferente para contar una historia de las de siempre y, especialmente, por su deslumbrante estilo visual, que por ahora, y sin menospreciar nada, está por encima del trabajo de guion.
Dupuis publicó el primer volumen de LÂge d’or en septiembre de 2018. No tiene contenido extra.

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