Guión: Karl Kesel, Judd Winick, Mark Schultz, Geoff Johns, Eddie Berganza, Joe Kelly, J. M. DeMatteis, Jay Faerber, Chuck Dixon, Scott Beatty, Peter David, Dan Curtis Johnson, Jerry Ordway, Jai Nitz.
Dibujo: Pete Woods, Dale Eaglesham, Yvel Guichet, Peter Snejbjerg, Pascual Ferry, Craig Hamilton, Peter Grau, Andy Kuhn, Duncan Roleau, Leonard Kirk, Scott Kolins, Ron Randall, Jeff Parker, Darryl Banks, Rick Burchett, J. H. Williams III, Peter Krause, Amanda Conner.
Páginas: 400.
Precio: 35,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2018.
Este segundo volumen de Joker. Quien ríe el último confirma todo lo que se apuntaba en el primero (aquí, su reseña) y deja con la sensación de que es un evento demasiado ambicioso para lo que en realidad propone y sobre todo para la forma en que lo resuelve. La idea era jokerizar a los malos del universo DC para que todas las series de la editorial, o casi todas, pudieran tener sus encuentros con personajes tradicionales, pero visto desde ese punto de vista novedoso. A la postre, no hay muchas de esas jokerizaciones que realmente marquen una diferencia o sean realmente memorables, y todo aquello que ofrece este largo evento acaba casi desmontado por dos cuestiones. La primera, la ya apreciable desde el primer volumen, es que el Joker es único, y la proliferación de personajes que comparten sus rasgos no es la mejor manera de demostrarlo. La segunda es la que se ve al final de este libro, y es que donde mejor funciona la dinámica del Joker es en el seno de la familia de Batman, algo que apenas se ve en este evento hasta el final. Sabiendo eso, y más con una excusa desmontada casi como si fuera un mal chiste, el tumor en la cabeza que en teoría iba a acabar con la vida del Joker, ¿hacía falta un evento tan grandilocuente, extenso y recargado? Es fácil suponer que una mayor contención en sus ambiciones habría redundado en un mejor resultado.
Da la sensación, y es más acusada en este segundo libro, de que el objetivo último de Quien ríe el último, era dar libertad creativa para desarrollar el concepto, jugar un poco con la idea de los personajes jokerizados en un entorno controlado para cada grupo de autores de manera individual, es decir, sus propias series. Leídos por separado, seguro que algunos números son capaces de convencer de una manera eficaz, y quizá ahí podamos destacar la conversión de Hal Jordan o la pelea combinada de Star-Spangled Kid y Jakeem Thunder, también el dilema de Impulso en la torre de los Titanes. Pero todo lo que destaca en este aspecto se mueve generalmente lejos de la esfera del Joker, hasta el punto de que da igual donde esté durante buena parte de la lectura del evento, y eso que se le supone el villano al que todos quieren dar caza. Lo trascendente, lo emocional, está en su resolución, y eso, por desgracia, llega algo tarde para salvar la historia en su conjunto. Ahí es cuando se juega de verdad con la figura del Joker, con su antagonismo con Batman, con su fijación con Robin, con todo lo que hace que el Payaso Príncipe del Crimen sea el enemigo definitivo del Caballero Oscuro por tantas razones. No es un final tan épico como podía esperarse, aunque tiene buenos momentos, y eso le sirve a este clímax para ser, con diferencia, lo mejor que tiene que ofrecer este gigantesco evento.
Y eso que, hay que insistir en esa idea, el talento individual de los autores apunta a un mayor reconocimiento, y no es extraño que los números destacados que hemos mencionado antes estén escritos por Geoff Johns o J. M. DeMatteis. Sucede lo mismo con los dibujantes, entre los que hay mucho, bueno y llamativo. De nuevo podemos decir que no será en este gran evento donde encontremos momentos antológicos o especialmente memorables, pero hay páginas notables. Quizá, por ser algo distinto a lo habitual merezca la pena destacar la forma en la que Rick Burchett dibuja el clímax, con su habitual toque tendente a la caricatura y quitándole algo de seriedad a lo que en realidad debería tenerla. ¿Un guiño a la siempre absurda lógica del Joker? Desde luego, puede parecerlo. Es, quizá, la mejor conclusión que se puede sacar de un evento que parece estar lejos de sus objetivos ya desde su mismo planteamiento. Pese a tener esas dudas de base, tiene momentos bastante rescatables, y toda la parte final deja la sensación de que se podría haber sacado mucho más jugo de hacer circunscrito esta historia al entorno de Batman. Con Robin, Nightwing, Oráculo o la Cazadora, las cosas funcionan mejor que cuando entran en juego Superman, Green Lantern, los Titanes o personajes todavía menores dentro del universo DC.
El volumen incluye el número 13 de Harley Quinn, 143 de Green Lantern, 119 de Superman: Man of Steel, 29 de JSA, 93 de Superboy, 10 de The Spectre, 34 de Titans, 4 a 6 de Joker: Last Laugh, 784 de Action Comics, 63 de Supergirl, 179 de Flash, 95 de Robin, 59 de JLA, y Joker: Last Laugh Secret Files and Origins, publicados originalmente por DC Comics entre octubre y noviembre de 2001. El único contenido extra son las cubiertas originales de Ed McGuinness, Tim Sale, Jim Lee, Bill Sienkiewicz, Scott McDaniel y Brian Bolland.

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