Guión: James O’Barr.
Dibujo: James O’Barr.
Páginas: 272.
Precio: 26 euros.
Presentación: Cartoné con sobrecubierta.
Publicación: Agosto 2018.
Hay debuts que parecen tocados por una varita mágica, y el de James O’Barr fue sonado. Es cierto que el cine, y sobre todo la muerte de Brandon Lee durante el rodaje de El Cuervo (aquí, su crítica) hizo que el cómic del personaje se conocería en todo el mundo, pese a sus modestos orígenes. Y no se trata de mitificar nada, porque es evidente que el cómic de The Crow tiene defectos de juventud y ese carácter underground que nos lleva a situarnos en una época bien distinta de la actual, pero ahora que han pasado tantos años desde la publicación original y tenemos en nuestras manos una remasterizacion definitiva de la obra, se puede alabar sin problema el enorme acierto de O’Barr para crear la quintaesencia de lo gótico y lo romántico, una historia de venganza tan salvaje en su planteamiento como triste en su fondo, una formidable combinación de un presente atroz y un pasado feliz truncado una violencia sin sentido y cruel. El autor casi se mueve como si fueran dos diferentes, y los añadidos enfatizan este aspecto, para contar esos dos momentos de su historia, y quizá lo más flojo, lo que puede plantear alguna duda es precisamente el instante que los une, el dramático asesinato que provoca la venganza del protagonista, muy alejado del arquetipo del héroe pero con el que resulta muy fácil empatizar gracias a la ternura que hay en los flashbacks.
La construcción del relato, aunque es precisamente eso lo que se le escapa a O’Barr en algún momento, es lo que más engancha. Si se piensa, es una historia de venganza bastante sencilla que cualquiera que conozca al personaje ya tiene en mente. Pero el auto arranca su relato por la venganza, y lo que la motivó lo vamos conociendo a cuentagotas. El autor mezcla así un mundo crudo, oscuro, gótico y violento con una vida plena, una pareja tremendamente feliz y haciendo realidad sus sueños, mezcla el thriller más salvaje con la historia de amor más romántica. Y la fusión de ambas cosas es hermosa, porque el Cuervo es un personaje melancólico y triste. El contraste es bastante sobrecogedor y motor indudable de lo que leemos. Lo curioso es que, con una atmósfera (dos en realidad) tan conseguida, lo menos logrado de todo el tebeo es precisamente el momento que lo cambia todo. No es que sea fallido, ni mucho menos, pero no tiene la intensidad que tiene el resto de la obra, a pesar de lo descarnado que resulta. Antes y después, no obstante, The Crow es un tebeo fascinante, que no se pierde en innecesarias explicaciones, que puede que incluso hubieran desvirtuado el resultado final, y se centra en lo importante, en la venganza de Eric y en su historia de amor con Shelly, con los aderezos necesarios para que funcione.
Cuando mencionábamos que The Crow parece obra de dos autores es, sobre todo, por su aspecto visual. Hay delicadeza, belleza y sensualidad a la hora de mostrar la felicidad de Eric y Shelly. Ella es casi un ángel en los lápices de O’Barr, y se convierte en la maravillosa manifestación de unas ilustraciones que tienen un sabor atemporal y que no importa si forman parte de la obra original o de añadidos posteriores porque son parte natural del conjunto. Y hay crudeza y cualidades del comic de los años 90 en los segmentos en los que el Cuervo va buscando y asesinando a los responsables de su dolor, casi incluso aspectos que emparentan la obra con el mundo del fanzine ochentero en el que autores que después podían dar o no el salto al profesionalismo contaban las historias que les emocionaban o atormentaban. A O’Barr le pesa un poco el ritmo narrativo, muy variable en algunas ocasiones, y eso hace que el conjunto no sea tan perfecto como el halo de romanticismo que tiene puede hacernos pensar. Pero sí que es uno de esos tebeos, hijos de su época, que han sabido ser bandera y emblema, que han resistido admirablemente el paso del tiempo y que incluso se merecen revisiones como la presente, para que los lectores que han contribuido a alimentar su leyenda puedan leer por fin la obra tal y como la concibió su creador. Una obra muy emblemática.
Caliber Press publicó originalmente The Crow en 1989. El contenido extra del libro lo forman las introducciones de James O’Barr y John Bergin, un epílogo de A.A. Attanasio y una galería de ilustraciones.
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