CÓMIC PARA TODOS

‘El enigma de Sagarmatha’, de Abelardo Ortolá, José M. Tafalla y Jota

Editorial: GP Ediciones.

Guión: Abelardo Ortolá, José M. Tafalla.

Dibujo: Jota.

Páginas: 72.

Precio: 12 euros.

Presentación: Rústica.

Publicación: Noviembre 2018.

Una chaladura de aventuras con nazis de por medio no puede fallar. En consecuencia, El enigma de Sagarmatha no solo no falla sino que además acierta mucho. Lo que Ortolá, José M. Tafalla y Jota nos proponen es saber qué pasó en realidad con la mítica expedición al Everest de George Mallory y Andrew Irvine, con un considerable acento histórico que sirve de gancho para que la montaña nos atrape, y lo que acontece cunado un mando nazi, por orden claro está del Führer, encabeza una expedición que ansía ser la primera en coronar el pico más alto del mundo para mayor gloria del régimen nazi. Cualquiera de nosotros puede intuir ahí historias de diferentes intenciones y calado, la de Ortolá y Tafalla apuesta por una comedia loca y de sabor clásico a la que no es difícil imaginarse en muchos momentos trasladada al cine con el tono sarcástico e inteligente de Un cadáver a los postres y que desemboca en un delirante sindiós final que cierra un tebeo francamente divertido. Y no sólo divertido, también es uno que captura con mucho acierto el aspecto de las cumbres nevadas que regían imponentes sobre una sociedad que ansiaba conquistarlas. Es un tebeo con mucho sabor a montaña, a nieve… y a comedia desternillante que sabe no tomarse demasiado en serio su histórica base.

Ya es una pequeña genialidad la secuencia que abre El enigma de Sagarnatha convierta en personajes de carne y hueso a Mallory e Irvine, pero más delicioso aún resulta ver a Leni Riefenstahl, la cineasta por excelencia del nazismo, como parte de la expedición que busca la cima del Everest. Ahí ya nos da igual la precisión histórica que pueda tener o no la premisa de este cómic, porque todo empieza a encajar en la comedia, hasta el final que se nos cuenta de la tentativa de los pioneros, el principio de la imaginaria pero acertada aventura que se nos plantea. De lo que se trata es de divertirnos con lo que está por venir, con un grupo variado, del que Ortolá y Tafalla saben extraer tópicos y arquetipos para ponerlos a su favor, sea para jugar con la bebida, con el sexo o con el triunfalismo fascista de Herr Bufa, un fornido alemán al que poco le importan las consecuencias de llevar a cabo la marcha al Everest por las bravas. Hay momentos, especialmente en la primera mitad del cómic, en el que se aprecia una cierta desconexión entre las escenas, como si fueran una acumulación de gags para reírnos de los diferentes integrantes del grupo, pero una vez que la expedición llega al monasterio, clave para todo, el tebeo alcanza un ritmo de crucero que ya no se detiene y que va conjuntando todas las piezas de una manera muy hábil y divertida.

La diversión procede también del dibujo de Jota, acertadísimo con una estética casi de videojuego ochentero, en el que los hombres eran musculosos o cómicos y las mujeres de gran belleza física y además desde arquetipos contrapuestos, desde la sexualidad y desde lo comedido. El ilustrador disfruta mucho con las diferentes posibilidades de lucimiento que le da cada uno de los protagonistas, todos muy carismáticos y diseñados con mimo. Si los personajes de Jota están tan bien ejecutados, lo mismo se puede decir de sus escenarios, brillantes y épicos, para que la expedición al Everest se sienta realmente como algo grandioso de conseguir. Ahí está, probablemente, el mayor acierto de El enigma de Sagarmatha, que se atreve a reírse de la historia, de una además legendaria, con un sano toque desenfadado pero sin que se pierda la épica del conjunto. Puede ser que, como dice Alex de la Iglesia en la introducción del cómic, eso nos haga pensar en este como en un tebeo sin pretensiones, pero en realidad es el triunfo de una pretensión tan diferente como loable, la de hacernos pasar un buen rato, disfrutando de cada personaje, de cada secuencia y de todo el conjunto. Y eso tiene mérito, porque en realidad supone llegar a un final más satisfactorio de lo que probablemente podría pensar al principio por el envoltorio. Muy entretenido y dinámico.

El contenido extra lo forman una introducción de Alex de la Iglesia y un epílogo de Carlos Pauner.

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Esta entrada fue publicada en 13 noviembre, 2018 por en Abelardo Ortolá, GP Ediciones, José M. Tafalla, Jota y etiquetada con , , , .

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