Guion: Alberto Pérez Rubio.
Dibujo: Juan de Aragón.
Páginas: 64.
Precio: 17,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2018.
Con Harald. El último vikingo (aquí, su reseña), Alberto Pérez Rubio y Juan de Aragón dieron el primer paso. Alonso de Contreras. Soldado de los Tercios es el segundo. ¿Y cuál es el camino? Uno loable por encima de todas las cosas. Se trata de contar la historia y la vida de eminentes soldados que ocupan puestos secundarios en los libros de historia pero que tienen vidas con el suficiente interés como para convertirse en protagonistas de su propio relato y ser estandartes de una época para que el libro vuelva a tener un fantástico poder educativo. Como en Harald, Alonso de Contreras nos lleva a una sociedad concreta, la española de los siglos XVI y XVII. Con la base de sus aventuras guerreras, Alonso se convierte en el anfitrión ideal para que los más pequeños encuentren una muy entretenida vía de acceso a la Historia, con mayúscula por supuesto. Historietas, que así se llama la serie de la que forma parte este álbum, sigue afianzando sus objetivos con mucha habilidad, sabiendo interesar a públicos de las más tiernas edades sin renunciar por ello al rigor histórico, a veces casi documental, aderezado por un uso del lenguaje de la época contextualizado siempre en las notas a pie de página y con agradables sorpresas como la del final del volumen, con un espectador de lujo de la historia que Alonso (nos) está contando.
Tiene su gracia que, siendo un soldado destacado, Pérez Rubio haya decidido poner también sobre la mesa el carácter menos heroico del personaje. La manera en la que lo presenta es hasta simpática, y es el complemento perfecto a una historia que, de otra manera, podría haber caído en una loa épica continua que no se habría correspondido con la realidad o, simplemente, con lo buscado. Y aquí el objetivo es justo ese, ser fiel a lo que realmente aconteció con las lógicas licencias que requiere una obra narrativa. Sobra decir que la empatía que genera el protagonista, ya desde niño, es una de las claves del tebeo. La otra, la facilidad con la que nos habla del derecho a acogerse a sagrado, de las tácticas navales o de los códigos de honor de la época y cómo se les hacía justicia. En este caso no se trata tanto de descubrimos una cultura ajena, como se hizo en Harald, sino de reivindicar lo propio. La rica historia de España está llena de personajes como Alonso y es muy positivo que se piense en ellos como protagonistas. Que nadie vea razones siniestras en esta reivindicación, porque no las hay, el cómic sigue estando todavía (y que lo esté por mucho tiempo) lejos de las garras manipuladoras que condicionan nuestro día a día desde tantos ámbitos. Y con álbumes como Alonso de Contreras seguirá estándolo, porque está pensado para divertirse y aprender.
Ya quedó claro en Harald que la apuesta visual de esta serie iba a ser peculiar y alejada del realismo que sí quiere tener su guion por encima de todas las cosas. También que el modelo de De Aragon es claramente el de las series de Erase una vez…, con una apuesta evidente por las líneas sencillas, los colores primarios y una buscada pretensión de ser juvenil. En este álbum se repiten las constantes del que sirvió para abrir la serie, combinando con acierto sencillas ilustraciones que sirven para que los lectores puedan ver lo más básico de uniformes y navíos, pero también para que los personajes sean reconocibles, lo que resulta clave dado que seguimos a Alonso a lo largo de toda su vida, y también carismáticos. Alonso de Contreras cumple con la misma eficacia que lo hacía Harald, quizá dejando una sensación un poco más redonda por ese final ya mencionado que tiene y que convierte al protagonista también en narrador. Incluso siendo evidente que el público objetivo de este cómic es de corta edad, se agradece que esté pensado también para que un adulto pueda extraerle conocimientos y plantearse su uso como material didáctico. No olvidemos que el niño lector de hoy es el amante de la literatura del mañana. Y que divulgar la Historia es una responsabilidad en la que todos podemos ayudar.
El único contenido extra es un dossier histórico sobre el personaje.
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