Guion: José Fonollosa.
Dibujo: José Fonollosa.
Páginas: 56.
Precio: 12,99 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2018.
Nunca es mal momento para que recordemos que quienes hoy somos adultos aficionados el cómic hemos tenido una infancia llena de viñetas. Cada cual tendrá su experiencia y sus títulos inolvidables, pero es raro que haya un niño que no haya leído cómics. Si conocéis alguno, estáis tardando en regalarle uno para que se aficione a esta lectura tan maravillosa, porque ese tiempo es clave para definirnos como lectores adultos. Por eso es tan importante que haya cómics que piensen, en primer lugar, en los más pequeños. Los buenos, los que estén hechos con habilidad, no dejarán de lado a los adultos, pero el objetivo, el reto en realidad, tiene que ser que los niños pasen páginas con la misma facilidad que aprietan botones o gestionan pantallas táctiles. Vampi es uno de esos tebeos. De los que son para niños, de los que no se olvidan de los adultos y de los que están hechos con habilidad. Su autor, José Fonollosa, lleva ya muchos años entendiendo bien la comedia cotidiana, por lo que no hay motivo por el cual no pueda hacer lo propio con la comedia fantástico-juvenil, que es lo que abandera Vampi desde sus pequeñas historias autoconclusivas protagonizadas por la hija pequeña del Conde Drácula, historias que acontecen en el castillo, con un grupo reducido de protagonistas y con un sencillo y divertido afán de aventuras.
Una de las claves de Vampi, quizá la más destacada, está en la naturalidad con la que Fonollosa se acerca a sus historias. Lejos de caer en el chiste vampírico continuo, que seguramente habría sido el camino más fácil, pesa más en Vampi el hecho de que es una niña que adora leer y que tiene una imaginación inagotable por encima del escenario fantástico en el que tiene lugar el relato. Este funciona muy bien, porque Fonollosa es un autor divertido y que sabe explorar el gag visual y el chiste clásico de una manera agradable y para todos los públicos. Además, el autor no ha tenido que reciclarse para escribir para niños, le ha bastado con saber encontrar las voces adecuadas para sus personajes, para Vampi, para Drácula, para el inevitable gato que acompaña a la pequeña (sí, es Fonollosa, tenía que haber un gato…), el murciélago que complementa la presencia animal y el mayordomo del castillo. Con ese pequeño grupo, Fonollosa se las arregla para que el libro sea divertido de principio a fin, pero también para transmitir mensajes sutiles e inteligentes en favor de la lectura pero también de la imaginación y de la necesidad de que los niños sean niños y jueguen todo lo que deben para desarrollarse como debe hacerlo, felices y con libros en sus manos. Sí, por pequeño que pueda parecer un cómic, tiene el poder de transmitir mensajes así.
Siempre habrá quien piense que un libro o un cómic para niños es fácil de hacer, o al menos más fácil que un libro, digamos por seguir esta peculiar idea, normal. No será aquí donde se comparta esta idea o donde se nos ocurra quitar méritos a Vampi por esa razón. Fonollosa es divertido, lo es en sus historias y también en la forma en la que las dibuja. Ahí puede haber menos sorpresas, porque su estilo es sobradamente conocido, pero no es menos cierto que el resultado es notable. El autor nos regala páginas muy divertidas, una forma fantástica de interpretar la comedia visual y un diseño de personajes que, aunque entre dentro de lo que se podía prever en Fonollosa, funciona muy bien. ¿Un ejemplo? Ese Drácula cuyo rostro siempre vemos marcado con sombras y con unos poderosos ojos rojos, alejándole de las versiones más clásicas y contribuyendo a que Vampi tenga personalidad propia. Incluso ese monstruo que aparece en una de las tiras y que casi parece haber nacido de la imaginación del tristemente desparecido Alfonso Azpiri, que seguro que habría disfrutado mucho con la ambientación de esta obra. Sí, este es uno de esos tebeos que gustosamente se puede regalar a un niño para que disfrute con su lectura, y uno de esos que un adulto aprovechará de vez en cuando para tomar prestado y divertirse de la misma manera.
El volumen no tiene contenido extra.
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