CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘El Cuervo’, de Alex Proyas

Título original: The Crow.

Director: Alex Proyas.

Reparto: Brandon Lee, Michael Wincott, Ernie Hudson, Rochelle Davis, Bai Ling, David Patrick Kelly, Angel David, Jon Polito, Tony Todd, Sofia Shinas, Michael Massee, Laurence Mason, Anna Levine, Bill Raymond, Marco Rodriguez.

Guion: David J. Schow, John Shirley.

Música: Graeme Revell.

Duración: 102 minutos.

Estreno: 13 de mayo de 1994 (Estados Unidos), 28 de octubre de 1994 (España).

Es un fenómeno interesante, y que tiene múltiples causas que exceden con mucho el espacio que podemos dedicarle aquí, que cuando el cine comenzó a interesarse de verdad en el cómic como fuente de inspiración, a partir del éxito de Batman (aquí, su crítica), fueran los personajes de editoriales pequeñas los que dieran el salto a la gran pantalla con más frecuencia y midieran el interés de los espectadores. El Cuervo no sólo fue una de esas primeras películas, sino también una de las que mejor recuerdo ha dejado. En realidad, esa huella obedece más al ejercicio de estilo que supone y al hecho de que su protagonista, Brandon Lee, murió durante el rodaje, víctima de una bala que debía ser de fogueo, que de sus méritos como historia. El Cuervo es un filme irregular al que no cuesta encontrarle algunos defectos claros. Y aún así, es una película que ha perdurado. Seguramente sí se estrenara hoy, en estos tiempos mucho más descreídos y en los que la crítica es feroz, sobre todo por parte del altavoz que suponen las redes sociales, no habría sido tan bien recibida. O quizá sí, quién sabe, pero resulta muy evidente que El Cuervo, una historia de venganza bastante sencilla y mística, adolece de un gran villano a la altura. O incluso de secundarios que den empaque a la sucinta y escueta trama.

Proyas supo encontrar el mejor tono visual para la película. Es la oscuridad que legó Batman para un mundo de héroes alejados de los colores brillantes y que seguía la estela del antihéroe que la década de los 90 trasladó con tanta fuerza a las viñetas, es el toque gótico y siniestro que necesita el entorno de la noche del demonio, la víspera de Halloween, que es cuando tiene lugar su historia. La estética de la película, nocturna, lluviosa, deprimente y violenta, es sobresaliente. Y también lo es en lo descarnada y directa que es su historia. Proyas no se anda con chiquitas en la brutal escena en la que Eric Draven recuerda la brutal tragedia que le ha hecho volver de entre los muertos, azuzado por el espíritu de la venganza que encarna un cuervo. Su novia, Shelly, fue brutalmente golpeada, violada y asesinada por un grupo de matones, mientras que Eric fue arrojado al vacío desde el que fue su hogar para morir aplastado en el asfalto. No puede haber más oscuridad en la premisa, y la película, como el cómic de James O’Barr, lo refleja francamente bien. Hay en Draven un toque de locura por su regreso de ultratumba, de ahí la parte más histriónica de la interpretación de Brandon Lee, pero lo que más llega de la película es lo emocional, con Shelly convirtiéndose en su motor para seguir adelante.

La muerte de Lee llegó cuando quedaban ocho días para el final del rodaje, y la película se reescribió para eliminar las escenas que no pudieron rodarse ni completarse con planos descartados del actor, en uno de los primeros usos digitales que hubo en el cine para emplear ese tipo de material. Con la duda de si se quedó fuera algo verdaderamente sustancial, sí es cierto que la película es corta, en duración e incluso en ambición. Por momentos se siente que el esfuerzo estético es mucho mayor que el de construcción del relato, aunque El Cuervo sigue siendo una de las películas que mejor se sostiene de entre todas las que llevaron al cine personajes de otras editoriales hace ya más de dos décadas. Con un villano algo menos de opereta, con algo más de magia oscura para contraponer a la inevitable luz que desprende el personaje protagonista, legitimación real de su cruzada por violenta que sea, quizá El Cuervo habría volado mucho más alto. Sigue siendo una película de culto de los años 90, con muchos elementos a recordar y reivindicar, incluyendo la estupenda música con la que Graeme Revell destacó el eco romántico que tiene, pero al mismo tiempo se le aprecian costuras que en su momento pasaron algo desapercibidas y que el paso del tiempo no ha hecho desaparecer. Y con todo, sigue siendo un filme que da gusto recuperar de vez en cuando.

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Esta entrada fue publicada en 19 octubre, 2018 por en Cine y etiquetada con , , , .

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