Guion: Peter Milligan.
Dibujo: Tess Fowler.
Páginas: 152.
Precio: 17,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2018.
Casi desde la primera página queda meridianamente claro lo inútil que resultaría trazar una sinopsis de Kid Lobotomy. Peter Milligan siempre ha disfrutado con la locura caótica, pero esta historia bien puede llevarse la palma en ese tipo de idas de olla que nos suelta de vez en cuando. Es lo que es, no tiene sentido negarlo y a la vez es la mejor explicación de lo que leemos. El relato acontece en una especie de hotel, se supone que es el enfrentamiento o algo parecido entre dos hermanos y a la vez un coctel literario, psicológico y alucinógeno de difícil explicación. Es La metamorfosis de Franz Kafka pero entendida desde la atribulada mente de un Milligan sin filtro y sin límites. Entremos de esa manera en el terreno de las recomendaciones porque no podremos hacerlo seguramente de ninguna otra. El seguidor del Milligan más enfermizo y radical saldrá encantado de estas páginas y verá en Kid Lobotomy una genialidad a la altura de sus mejores trabajos. ¿Para los demás? Quién sabe, porque esta pequeña barbaridad está más planteada como experiencia que como lectura, y ahí cada uno somos soberanos de cómo nos afectan o interesan las cosas. Indiferente no va a dejar, eso parece claro, porque Milligan, que no es un tipo de medias tintas, abraza aquí esa manera extrema de contar la historia con todas sus consecuencias.
Kid Lobotomy se presta a muchas formas diferentes de análisis. Las capas se intuyen, se sienten y se leen, y la eficacia de este insano coctel dependerá de lo profundo que quiera sumergirse cada lector en la psicología de su protagonista y de su mundo y de lo fácil que conecte con sus metáforas y erudición literaria más vomitado que masticada. Milligan disfruta desde la radicalidad. Eso está más patente cuanto más lejos está de la comercialidad. Y está muy, muy lejos de ser una lectura para todo tipo de públicos. En su superficie no tanto, porque visto desde ese punto de vista se puede seguir el viaje del protagonista con relativa facilidad salvo en momentos puntuales, en los que la locura se desborda de una manera salvaje. Pero siempre queda claro que hay muchas cosas bajo la superficie, tantas como se quiera buscar. Es todo tan radical y a ratos hasta enfermizo, que durante bastantes pasajes la duda del lector es legítima. ¿Estamos de verdad leyendo algo que Milligan ha planificado a conciencia o estamos antes una de esas bromas de autor cargadas de pretenciosidad y desprovistas de contenido? Permítasenos la duda en favor del común de los lectores, pero en todo caso nos quedamos con lo primero por la gran cantidad de veces en las que Milligan ha demostrado su inteligencia, incluso cuando la narración se le pueda llevar por delante por momentos.
La locura de Milligan se agarra a la realidad por varias razones, pero la más intensa parece ser el dibujo de Tess Fowler. Levemente caricaturesco, intencionadamente divertido para acentuar el cinismo que se esconde en el guion, estamos ante un trabajo que quizá pueda infravalorarse por la necesaria identificación de todo lo que vemos con la mente de Milligan. Fowler, en todo caso, da la sensación de ser más que partícipe de la delirante imaginación que hay en Kid Lobotomy. No parece fácil dar vida a todo lo que aparece en estas páginas si realmente no se cree ello. Adentrarse en este universo es dar carta blanca a los autores para que nos introduzcan en un mundo de perversiones concretas, locuras generales y ansiedades intransferibles, en una colección de sucesos raros y turbios, y siempre de la mano de unos personajes con los que no vamos a conectar por empatia sino por simple asombro. Esto no deja de ser la interpretación que Milligan y Fowler hacen del sexo, drogas y rock and roll de toda la vida para una historia que, en realidad, nada tiene que ver con eso. Así de loco es todo, y por eso resulta tan difícil decir si Kid Lobotomy es una genialidad, una provocación, algo totalmente diferente o una mezcla de todo lo anterior y de un puñado de cosas más. Es Peter Milligan desatado, ¿de verdad hace falta decir algo más?
El volumen incluye los seis números de Kid Lobotomy, publicados originalmente por IDW entre octubre de 2017 y marzo de 2018. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Tess Fowler, Tamra Bonvillain, Frank Quitely, Eric Canete, J. H. Williams III, Rory Phillips, Brandon Graham y Julian Dassai, y una entrevista con Peter Milligan.
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