Guion: Marc Bell.
Dibujo: Marc Bell.
Páginas: 72.
Precio: 16,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2018.
En la contraportada de Stroppy se nos explica, básicamente, que cualquier intento de resumen está obra desde un punto de vista convencional es absurdo. Si no lo intenta la editorial, La Cúpula, no lo vamos a hacer nosotros, porque es cierto, es totalmente imposible. Y esa es la gracia que tiene. Stroppy es uno de esos tebeos que metemos en el inagotable cajón de la inexplicable. Pasan muchas cosas, hay muchos diálogos… ¿Pero de qué va realmente todo esto? Puede que un poco de todo y a la vez un poco de nada, seguro que Marc Bell, artífice de esta enorme locura, tiene en mente unas explicaciones y cada lector es capaz de encontrar otras bien distintas. Es el encanto de lo inclasificable, que por mucho que nos empeñemos jamás vamos a estar de acuerdo en la categoría de una obra, las sensaciones que deja e incluso los temas de los que trata. El mejor consejo a la hora de afrontar Stroppy solo puede ser por tanto entrar con la mente limpia y aceptar lo que el autor nos lanza. No hay historias con las que merezca la pena comparar esta, no hay autores que sirvan como referencia para Bell. Esto es una locura personal que va de lo ininteligible a lo absurdo con una facilidad asombrosa. Y por ello habrá quien lo vea como un cómic osadamente rompedor y otros quizá lo vean como un sinsentido.
Probablemente no será ninguna de las dos cosas, y decir que se queda entre ambas sería quitarle méritos, porque sí es algo muy personal. No parece caber ninguna duda de que lo que vemos es exactamente lo que Bell quería poner en cada página. ¿Y eso qué es? Buena pregunta de muy difícil respuesta. Bell nos muestra un mundo extraño en el que seguimos a un personaje que trabaja en la planta procesador de aldeanos teledirigidos de Monsieur Mostacho. Sea lo que sea eso, claro está. Ese tal Monsieur Mostacho se convierte en el antagonista de la historia. ¿El malo? Dejémoslo en qué es un tipo desagradable, porque a este libro no le van demasiado las etiquetas. A los dos les pasan muchas cosas que giran, de una manera rocambolesca, en torno a un concurso musical. ¿Significa eso que Stroppy se acerca a ese género? Ni por asomo. Pero eso nos engancha. No es lo esencial, pero funciona. ¿Y qué merece la consideración de esencial entonces? El retrato de este mundo que los muestra. Lo divertido de Stroppy es entender las diferencias y comprender las semejanzas con el nuestro, en reírnos de las desgraciadas de nuestro protagonista y animarle en sus momentos de exaltación cuasi heroica, también para enamorar a la única mujer que tiene protagonismo en el relato. ¿Es una historia de amor entonces? Tampoco.
Volvamos a lo que es: el retrato de un mundo raro. Y ahí funciona el dibujo de Bell. Figuras raras, criaturas raras, elementos cotidianos raros. Todo es raro. Mucho. Y lo es a conciencia. Bell busca figuras sencillas y caricaturizadas hasta el exceso, buscando además huir de un patrón común para todos sus personajes. Cada uno es de su padre y de su madre, lo que añade un elemento más de surrealismo a esta historia si es que no tenía suficientes. Eso es, quizá, lo más fácilmente interpretable y lo más disfrutable de Stroppy, porque supone un delicioso caos controlado. No parece que haya normas, pero en realidad sí las hay. Y eso tiene su gracia, incluso aunque la alocada historia nos tenga confundidos, incluso perdidos. Hay en Stroppy una divertida explosión de formas y colores en la que podemos detenernos antes incluso de estudiar en detalle lo que estamos leyendo y todo lo que supone. Nadie podrá negar lo extraño que es Stroppy y para comprenderlo hay que abrazar su rareza sin complejos. Si tratamos de entenderlo por completo o incluso pensamos que una única manera de interpretarlo, probablemente acabaremos en la cadena de montaje en la que arranca la historia a la espera de que alguien nos coloque un cerebro nuevo. Original, desde luego, lo es un rato, pero también exigente.
Drawn and Quarterly publicó originalmente Stroppy en junio de 2015. El libro no tiene contenido extra.
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