Guion: Yann.
Dibujo: René Hausman.
Páginas: 112.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Febrero 2018.
Resulta evidente que no vamos a tener la moraleja de «vivieron felices y comieron perdices» si es Yann quien está detrás de una fábula. Siendo dos, como sucede en este Sortilegios y malas artes, la sensación se multiplica, como no podía ser de otra manera. El libro recoge dos historias de los años 90 que hizo con dibujo de René Hausmamn, Los tres cabellos blancos y El príncipe de las ardillas, dos cuentos que debajo de una estructura clásica y de una narración práctica y bien llevada esconden elementos turbios que encajan muy bien en la concepción clásica del género, la que no se adapta tan fácilmente al libro infantil contemporáneo. Con un estilo visual bastante único para el género, el que aporta Hausman, y con muchos elementos secundarios que tienen vital importancia en las tramas, algo que siempre gusta a Yann, Sortilegios y malas artes nos lleva a una manera muy adulta de entender la fantasía. No es un camino del todo fácil, precisamente porque no es el más habitual, pero sí es uno muy agradable de transitar. A la fábula le sienta bien la maldad, las malas artes de las que habla el título del libro, ver comportamientos egoístas y rencorosos. Y aunque hay personajes con los que identificarse, no hay héroes a los que admirar, solo personas que van descubriendo el mundo que les rodea y reaccionan ante todo ello.
Una parte importante de la narrativa de Yann estriba en las vueltas que quiere y sabe dar para llegar a su destino. Esto se ve con más claridad en Los tres cabellos blancos, la historia de una joven pelirroja que desconoce su origen y en la que se cuela el relato en el que se descubre ese misterio, el de una mujer capaz de hacer un pacto con el diablo, casi literalmente, para eludir el envejecimiento de su larga melena oscura. Hay mucho egoísmo en el comportamiento de sus personajes, una seña de identidad que también aparece en El príncipe de las ardillas. De ahí que destaquemos lo atípico de la fábula de Yann. Es verdad que en el cuento clásico hay muchos movimientos caprichosos, pero al final suele haber un héroe y un villano que generen sensaciones arquetípicas. Aquí no hay nada de eso. No siquiera una linealidad que permita ir sacando conclusiones cómodas. No es descabellado decir que Yann está escribiendo cuentos para un público al que no le satisface el género en su forma más conocida y aceptada, y esa rareza sirve para corroborar que al escritor le gusta salirse de lo previsible. Cuentos oscuros hay muchos, y es cierto que esa vertiente ha dado muchas muestras en los últimos tiempos, pero es agradable ver que estas historias, con un cuarto de siglo a sus espaldas, conservan toda la fuerza original.
Tiene un papel importante en esa sensación el dibujo de Hausman, tan especial y diferente como siempre. Su trazo recargado, sus sugerentes acuarelas y sus exagerados rasgos para todo, humanos, animales y escenarios, hacen de sus viñetas pequeñas obras de arte en las que deleitarse poco a poco, o incluso también desafíos para el lector que quiera entender cada pequeño detalle. Hausman no siempre es claro en un primer vistazo, pero siempre aporta algo a cada instante, y sus gestos son siempre tan narrativos como las palabras de Yann. El ilustrador sabe ser espectacular en su puesta en escena como cercano a los personajes en los momentos más íntimos, es igual de capaz de desenvolverse con humanos y con animales, y muestra tan bien escenas de sexo como las de entono naturales o palaciegos, y eso hace que la historia, las dos historias, convenzan como parte de un todo que en realidad es ficticio, producto de la estrategia editorial de juntar dos historias que nacieron además con años de diferencia. Sortilegios y malas artes es así un atractivo dos en uno con el nexo del género y del enfoque, pero que en realidad nos da dos oportunidades claramente diferenciales de apreciar el talento de sus dos autores, uno que se aprecia con facilidad en un trabajo que, con sus características, no da la sensación de haber envejecido.
Dupuis publicó originalmente Sortilèges et méchanteries en enero de 2017, recogiendo Les trois cheveux blans, de marzo de 1993, y Le prince de écureuils, de septiembre de 1998. El contenido extra lo forman una introducción de Yann y un portafolio de bocetos.
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